16 años de bala: La interminable guerra en la Comuna 13

Decenas de muertos y cientos de desaparecidos, James Zuluaga cuenta cómo es vivir dentro de la comuna amenazado por paras y narcos. VIDEO

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Julio 22, 2018
16 años de bala: La interminable guerra en la Comuna 13

El fantasma de la Operación Orión todavía ronda la Comuna 13 en Medellín. El 16 y 17 de octubre de 2002, recién posesionado Álvaro Uribe Vélez, el Ejército, la Policía y los paramilitares del bloque Cacique Nutibara entraron al barrio San Javier para acabar con las milicias urbanas de la guerrilla, pero por delante se llevaron 88 muertos, más de 300 desaparecidos y solo el primer día detuvieron, de manera ilegal, a 350 personas. Y después de tantos años la violencia en la comuna se ha recrudecido. Las balaceras entre las bandas criminales se volvieron el pan de cada día y este año ya van 47 muertos y más de 10 jóvenes que nadie sabe en dónde están. Llegué a Medellín buscando respuestas, pero lo primero que me dijeron cayó fulminante ante cualquier refutación: “La guerra en La 13 viene de hace seis meses, acá llevan 16 años dándonos plomo”.

Sin embargo, esa guerra parece estar tapada por la buena imagen que ha querido construir la ciudad en la comuna. Las escaleras eléctricas, los murales o el metrocable hacen creer que es imposible que en esas mismas calles todas las noches muera una persona. Mientras cientos de extranjeros extasiados subían por esas escaleras que se erigen en medio de las casas de ladrillo pelado arrumadas contra la montaña, entre el barrio Betanía y La Torre, a pocas cuadras de ahí, dos ‘combos’ se daban bala. Ese mismo día era la velatón nacional, que se organizó en todas las plazas del país para protestar contra el asesinato de más de 300 líderes sociales en los últimos dos años. Nadie se dio por enterado.

El 4 de julio mataron al sobrino de James Zuluaga. Ese mismo día llegué a Medellín con su teléfono en mano y llamándolo insistentemente sin saber lo que había pasado. Nunca contestó. Seguí insistiendo pero solo pude hablar con él al otro día. Con la voz serena me contó que estaba ocupado arreglando todo para el entierro de Arley, pero con gusto nos podíamos ver cuando terminara de hacer las vueltas. Todas las preguntas fueron respondidas con esa conversación. En la comuna 13 los jóvenes cargan con una lápida en la espalda solo porque son jóvenes. No importa si están metidos en alguna banda o no. Pero el miedo toca dejarlo en casa porque todos los días hay que volver al trabajo.

Entrevistar a James ahora tenía otro sentido. Quedamos de hablar en el Cementerio La América, un lugar transformado por la misma comuna para hacerle frente a las balas. La memoria de los muertos no reposa en sus tumbas, sino en los murales que les recuerda a los visitantes las operaciones militares y paramilitares que los han desaparecido y asesinado durante tantos años. Pero como si no hubiera otro camino hacia la verdad, el ángel del silencio, que pide silencio por los que reposan en el lugar, fue escogido por la misma gente como la voz que les indica todos los días en dónde hay que buscar. Su mano izquierda no apunta al cielo, sino señala la escombrera como la tumba de quiénes no han logrado morir en paz.

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