El Señor (Procurador)
Opinión

El Señor (Procurador)

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diciembre 15, 2013
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Con la vara que midas serás desmedido. Así reza el evangelio según Ordóñez. La balanza de la justicia ha perdido la plomada. Ahora la moneda al aire dice y decide el futuro de los líderes del presente. Habrá que recordar que el mismo Procurador que dictó sentencia de tres meses de suspensión contra Samuel Moreno (sí, el mismo al que la palabra corrupción le queda cortica) dicta luego destitución fulminante y 15 años de inhabilidad al sucesor de aquel ladrón. Los cargos: irregularidades administrativas que trajeron por consecuencia dos días sin recogida de basuras en la capital. Algo queda en el aire tras esa sentencia, algo que huele más mal que aquellas basuras, algo que bien resumió Héctor Abad en una frase el 9 de diciembre pasado: Es inaceptable  que en Colombia exista la destitución por motivos ideológicos”.

Existe un abismo entre el inmolador procurador Alejandro Ordóñez y el inmolado procurador Carlos Mauro Hoyos. Viene bien una clase de historia en estos momentos. Sí, de esas mismas clases que hace años dejaron de impartirse en los colegios.

El hombre que quemaba libros en su juventud aún disfruta con la temperatura de las cenizas en la hoguera según revela el brillo de sus ojos. La verdad es que más que infundir respeto siembra temor porque tiene en sus manos un poder que solo despierta la pregunta obvia, ¿y entonces quién vigila al Procurador? Los llamados a responderla prefieren el silencio y no hacer nada en contra del señor (Procurador) católico ultraconservador lefebvrista porque todo señala que opinar puede ser un delito político al paso que marcha esta cruzada que a muchos evoca la imagen de una nueva inquisición. El asunto no es cuál es su confesión religiosa, el problema está en el catequismo constante en que se ha convertido su labor. Va en contra del aborto legalmente aprobado, va en contra del matrimonio igualitario debidamente tramitado, va en contra de la dosis mínima consentida, va en contra, casi, de un país que avanza y el suyo es un reloj que retrocede una época en lugar de progresar. Vamos horas adelante, él nos lleva eras atrás.

Unos dirán que obra en derecho. Otros dirán que obra en derecha.

Un día dice que él representa al Estado, al siguiente dice que él representa al Pueblo. Siempre en mayúsculas. Lo primero puede verse en sus ruedas de prensa en las que informa al país sus decisiones antes de notificar legalmente a los implicados, lo segundo lo dice al  regresar de la Corte Penal Internacional a la que fue a denunciar -dice- la impunidad que esconde el proceso de paz en La Habana. Denuncia que hace a nombre de todos los colombianos (¿?) pero no del gobierno —dice— cuando públicamente Juan Manuel Santos lo llama al orden recordándole que la nación está representada en el Presidente y no el Procurador.

Habrá quien hable de su pulso de hierro a la hora de condenar. Incluso alguno dirá que lo hace igual con funcionarios de banderas distintas. Estaría bien detenerse a examinar su sesgo al momento de absolver disciplinariamente a los que otras instancias han sabido condenar. O la velocidad con la que privilegia su atención sobre unas denuncias si y otras denuncias no. Creo que esa es una lista que no se puede dejar de mirar. Allí donde dice “Libertad y Orden” creo que, a veces, podría leerse “Impunidad a la orden”.

Salta a la vista el antecedente en Medellín sobre el caso de aquel candidato ayudado en elecciones por grupos armados que amenazaron comunidades enteras en busca de votos, hecho probado, y el señor (Procurador) sanciona drásticamente a quien lo denuncia y no al que tiene de su lado la violencia como una de las formas para llegar al poder.

Afuera hay una plaza llena de gentes que gritan al unísono en contra de sus decisiones. Habrá que ver si le importa. El señor (Procurador) decide irse a la costa atlántica donde supone que ese coro no lo puede alcanzar, bajo el sol se quita la corbata y se deja las calzonarias. El mal administrador ahora es héroe nacional. Algo habrá calculado mal. Procura ardor el Procurador.

En Colombia el papel puede con todo, lo sabemos. Alguna vez fue vox populi que la nuestra era una constitución de ángeles, que difícilmente podían escribirse mejores leyes para una sociedad mejor. Y miras al espejo del país y esto es lo que ves: un hombre con gran influencia por los nombramientos que puede hacer, los puestos que sabe otorgar, la cadena de favores que puede cobrar a magistrados, congresistas y demás políticos, sume usted el presupuesto del ministerio público a su disposición  además de sostener con su mano el cordel de la guillotina que puede dejar caer para terminar con la vida política de quien siga en su lista. Peligroso es aquel que confunde las normas con sus convicciones y termina por pensar que su pensamiento es ley.

 

@lluevelove

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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