Zipaquirá, cuna de la Academia de Historia de Cundinamarca

Un breve recorrido de la trayetoria de la institución

Por: luis eduardo forero medina
junio 18, 2020
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Zipaquirá, cuna de la Academia de Historia de Cundinamarca
Foto: Centro de Historia de Zipaquirá

Zipaquirá, ubicada en el primer departamento de Colombia, además de ostentar el título de capital salinera de Colombia, es la capital de la Academia de Historia de Cundinamarca, fundada inicialmente mediante Decreto No. 131 del 27 de mayo de 1908 por el gobernador del departamento de Quesada (Manuel Brigard), por solicitud hecha por la Academia Colombiana de Historia.

Parafraseando a un expresidente colombiano que señaló que “con la sal de Zipaquirá fue bautizada la república”, ahora podemos decir que con la sal de Zipaquirá fue bautizada la Academia de Historia de Cundinamarca, antes llamada Centro de Historia de Zipaquirá, denominado primero Centro de Historia de Quesada.

El centro de historia, bautizado desde 1909 como el Centro de Historia de Zipaquirá, por allá en 1966 fue el sitio de reunión de ocho personas que empezaron a llenar un vacío sobre la historia de su terruño. Es así como emprendieron la tarea de acopiar numerosos testimonios de personas mayores, que a su vez contribuían con documentos privados, recortes de periódicos y objetos.

Por la acogida a la idea se vincularon al proyecto numerosos intelectuales que acordaron la conservación del patrimonio histórico departamental y nacional y recopilar no solo la historia de Zipaquirá, sino de todos los municipios del departamento, por lo que se propuso convertir el Centro de Historia de Zipaquirá en la Academia de Historia de Cundinamarca para refundarla y trabajar de la mano de los cundinamarqueses con sus aportes con el propósito de seguir escribiendo la historia de nuestro departamento. Actualmente, el Centro de Historia de Zipaquirá, filial de la citada Academia, es presidido por Ernesto Campos García y tiene a Don Luis Orjuela como su máximo historiador.

En esta labor de investigación y difusión de la historia del departamento y la preservación de su patrimonio cultural son numerosas la personas que han contribuido tanto al mencionado Centro como a la Academia de Historia de Cundinamarca; que, de nombrarlos, por ahora se correría el riesgo que se omitan algunos, pues de otra parte es escasa la bibliografía sobre el tema.

La idea de refundar la Academia de Historia de Cundinamarca, que cumplió medio siglo desde que la Asamblea Departamental expidió la respectiva ordenanza y está próxima a cumplir cincuenta años (desde que se expedió el respectivo decreto departamental formalizando su nacimiento a la vida jurídica), fue acogida por el entonces gobernador de Cundinamarca, Joaquín Piñeros Corpas (1915-1982), que propuso a la duma departamental el proyecto de crear la Academia de Historia de Cundinamarca, que se convirtió en la Ordenanza 47 de 29 de diciembre de 1969.

Aunque el paso legal fue dado, trascurrieron tres años en los que la ordenanza fue archivada en uno de los anaqueles del despacho del primer mandatario del departamento, hasta que el gobernador Diego Uribe Vargas, firmó el decreto 3215 de 29 de septiembre de 1972, que reglamenta la Academia de Historia de Cundinamarca.

Era la culminación de un trabajo de lobby en que estaban empeñados tres imberbes estudiantes de 5º de bachillerato del Colegio Pio XII de Pacho, Cundinamarca, a 88 kilómetros de la capital colombiana, que solicitaban al gobernador refrendar el decreto, oficializando el nacimiento de la Academia de Historia de Cundinamarca, que un trienio atrás le había dado vía libre por unanimidad la Asamblea Departamental. Era una labor quijotesca, pues en ese lapso, como ahora, era muy mezquino el rubro de la cultura, y la nueva Academia se preparaba sin cinco en la bolsa a materializar todo lo que se proponía.

Los tres bachilleres que impulsaron esa labor fueron el hoy filósofo José Eustorgio Barragán Rodríguez, el ingeniero Dagoberto Bernal Poveda y el autor de esta nota que gracias a los buenos oficios del diputado Antonio Rodríguez Báez de Pacho, Cundinamarca, “nos consiguió un espacio para hablarle a Uribe Vargas Gobernador, sobre lo de la Academia de Historia de Cundinamarca”, dijo uno de ellos. Después se propuso que el emblemático reloj construido por don Patrocinio Barragán para el municipio de Pacho, el horno y el templo católico fueran declarados patrimonio histórico. El reloj que, como el mundo actual, sigue parado en el tiempo en espera que el alcalde Dr. Vicente Ostos sea el primero en volverle a dar cuerda para que funcione y con sus campanadas nos recuerde los compromisos puntuales que tenemos sus habitantes.

La Academia de Historia de Cundinamarca tendría previsto incluir el tema del reloj del vecino municipio de Pacho, para que vuelva a repicar; lo que será otra prueba de su encomiable labor de tan encomiable entidad, hoy a cargo de un equipo de intelectuales que nunca faltan a sus citas de los primeros sábados de cada mes. La academia dentro de su cronograma contempla una junta directiva compuesta por 8 miembros, de donde escogen su presidente. Según los estatutos, las categorías de miembros son los miembros fallecidos, miembros de número, miembros correspondientes y los miembros honorarios.

En la última sesión de la academia (7 de marzo de 2020), realizada en su sede en una casa de estilo colonial frente al teatro Mc Dual (carrera 9 7 79 de Zipaquirá), los asistentes disfrutamos de dos conferencias a cargo de los académicos, el Arquitecto Luis Enrique Gómez Casabianca y Gonzalo Garavito Silva. El primero es presidente de la Academia de Historia de Bogotá y sergista docente de la EIAM, y Garavito nacido el 9 de abril de 1948, ha dedicado toda su vida a la animación. Los conferencistas remataban con rima su exposición. En esta ocasión se recordó la memoria del doctor y académico Hernando Forero Caballero, expresidente de la academia y miembro de  número.

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