Yo tuve un hermano llamado Alfredo Zitarrosa (a 33 años de su muerte) (Parte II)

Le cantó a paisajes y a gentes que conoció. En Latinoamérica todos somos los mismos, aunque nos empecinemos en ignorarlo. Como lo expresó la gran literatura

Por: Luis Jaime Ariza
enero 24, 2022
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Yo tuve un hermano llamado Alfredo Zitarrosa (a 33 años de su muerte) (Parte II)
Foto: cmtv.com.ar

No se puede pensar América Latina sin que sus habitantes nos sintamos hermanos. Si esta verdad no fuera subversiva hace mucho nuestros políticos habrían seguido los sueños de integración de Bolívar, de Artigas, de Martí, en vez de convertirse en los saboteadores de sus ideales.

Zitarrosa se hizo hermano de los hermanos que no tuvo.

Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua.

Un hermano no es necesariamente el hijo de uno de los padres biológicos que una persona tiene. Es quien hace eco de lo que somos, quien se hace cómplice de lo que se anhela. Por eso es posible que uno llegue a ser hermano de amigos, de vecinos, de alumnos, de compañeros de trabajo, de ocasionales actores de las escenas en las que intervenimos.

Zitarrosa vivió seguramente como cualquier parroquiano, consumiendo cerveza o vino barato, informándose en los periódicos sobre los diarios episodios de ciudades que “humanizan” lo peor para cada uno de sus habitantes: prisas y deudas, limitaciones y desencuentros, crímenes y negaciones. Y cantó con la voz y con el alma del guitarrero que fue, reivindicando las coplas y las tonadas que antes el viejo Atahualpa sembrara entre las gentes y los demás cantores de nuestras tierras.

Le cantó a los paisajes y a las gentes que conoció. En América Latina todos somos los mismos, aunque nos empecinemos en ignorarlo. Esta verdad la han expresado en la literatura los mejores intérpretes de nuestra historia, desde García Márquez hasta Carlos Fuentes, desde José Donoso hasta Jorge Amado, desde  Miguel Otero Silva hasta José María Arguedas…

Una voz cierta y clara es la voz de las mayorías. Zitarrosa supo observar, vivir y hacer canciones con las diarias ocurrencias de las vidas simples de nuestras gentes: cómo no reconocerse en poemas cantados que hablan de las elementales circunstancias de un campesino, de un oficinista, de una vendedora de frutas, hasta de una mariposa triste entre las torres de cemento de una urbe…

A Zitarrosa no hay que intentar entenderlo, pues basta con sentirlo. Creó un poema “por milonga” difícilmente superable en su intensidad y su hermosura. Agua para beber. Guitarra Negra es quizás una de las creaciones más intensas y hermosas del cancionero latinoamericano. La audición, que he compartido en varias oportunidades con distintos amigos, agota por su fuerza y su belleza, por su verdad de a puño y por la esperanza que siembra.

Hace ya seis años un sobrino decidió buscar fortuna en el Reino Unido. Para su viaje, le regalé una moneda de una libra y una canción de Zitarrosa. A mis estudiantes de Comunicación les presenté la versión irrepetible de Milonga para una niña, sabiendo que quizás conocían la versión de Andy Montañez.

Caminé de a ratos
cerca de su sombra
no nos vimos nunca
pero no importaba.

Pablo Milanés cantó sobre Los caminos, advirtiendo que éstos “no se hicieron solos”. Muchos años antes Serrat había sentenciado que “…no hay caminos, sino estelas en la mar”. Zitarrosa tenía que saber que uno no anda seguro, que la confianza es una construcción difícil y que a veces los mejores aliados de nuestros propósitos se encuentran sólo cuando corremos riesgos. A veces esos apoyos tienen el rostro cuasi-indescifrable de la locura, corresponden a quienes no se declaran seguidores de nuestras causas.

Dicho de otra forma, seguramente el guitarrero oriental supo temprano que no siempre quienes se declaran incondicionales con nosotros interpretan la vida y el mundo de manera similar a como alcanzamos a hacerlo. El asunto no tiene que ver con desconfianzas sino con certezas: ya dijo otro cantor (Facundo Cabral) que hay que saber la casa para saberlo todo.

A mí me dio por averiguar cómo fue su vida. Y encontré discos y biografías, y grabé canciones e historias, y le seguí el rastro a esta sombra de nuestras sombras. Y he andado con él contando su historia.

Mi hermano despierto
mientras yo dormía.
Mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Hago nostalgia de las ocasiones en que me ha cantado. No en vano se siente que se ha tenido un hermano.

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