¿Ya desinstalaste Rappi? Yo tampoco

Tras la foto del CEO de la compañía con Iván Duque algunos convocaron una especie de boicot; sin embargo, el éxito de la app no se puede desestimar por este hecho

Por: Fabian Mendoza Alzate
mayo 02, 2018
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¿Ya desinstalaste Rappi? Yo tampoco
Foto: Facebook Rappi Colombia

En días pasados se viralizó el tuit de una bloggera indignada porque el CEO de la app Rappi aparentemente manifestaba públicamente su respaldo al candidato a la presidencia por el Centro Democrático, Iván Duque. Ese apoyo fue visto como una afrenta por la bloggera, por lo que en su cuenta de Twitter invitó a sus seguidores a emprender algo parecido a un boicot en contra de la aplicación, desinstalando la misma, siendo este un claro ejemplo de un penoso radicalismo político del que poco se hizo eco, aunque sí deja algunas reflexiones.

Rappi es una aplicación colombiana que ha crecido exponencialmente en aproximadamente 3 o 4 años. Y su crecimiento ha sido a causa de un trabajo monumental de sus fundadores. Es una historia que bien podría ser contada en una película "basada en hechos reales", como esas que nos gusta ver de los grandes protagonistas de la tecnología mundial.

Todavía me acuerdo cómo desde el lado del usuario pude ver el inicio del fenómeno. Me acuerdo cuando vi pasar cerca a mi oficina unos jóvenes en grupos de 4 o 5 con camisetas de la app y volantes, que con el desparpajo típico de la edad invitaban a descargar (instalar) la aplicación. No recuerdo bien cuál era el gancho para animar a la gente, pero me acuerdo que era generoso y que terminé descargándola.

La aplicación tenía una interfaz muy atractiva e intuitiva y recuerdo que lo pude percibir de esa forma porque ya estaba usando otra aplicación por esa época, que me ayudaba con el mercado, desde la cual podía comprar todo lo que necesitaba y lo recibía en la puerta de mi casa. Esa aplicación era efectiva, hacía lo que prometía, pero su interfaz era digamos, muy normalita. La de Rappi era otro cuento. Tenía una interfaz descrestante.

En esos inicios me llamó mucho la atención el diseño de Rappi y la experiencia de usuario que habría sido perfecta de no ser por 2 pequeños detalles que descubrí en ese momento: los procesos eran pesados, lo cual hacía que usar la app fuera un tanto desesperante y la cobertura de los domicilios no llegaba a mi casa que era algo más al norte de mi oficina. Eso hizo que no volviera a usarla por mucho tiempo.

Seguro esto le pasó a muchas de las personas que descargaron la app por esos días (básicamente las primeras 2 semanas de su lanzamiento) y esas son las razones básicas por las que una app de estas características finalmente muere antes de ser algo que valga la pena.

Pero eso no fue lo que pasó con Rappi.

Rappi a diferencia de muchos emprendimientos digitales no era la gran idea de un grupo de loquitos (entre los que me he querido incluir en varias ocasiones de mi vida) con muchas ganas de "romperla", pero que su mayor músculo financiero eran los $20.000 que tenían en el bolsillo, la mitad de ellos representados en una tarjeta de TransMilenio. Rappi o bueno sus fundadores eran un grupo de "loquitos" emprendedores digitales que ya la habían sacado del estadio con una de las empresas desarrolladoras de proyectos digitales más destacada del país, con miles de proyectos, en especial páginas web, desarrolladas para pymes, medianas y grandes empresas no solo en Colombia sino también en Latinoamerica.

Así que tenían el músculo más que necesario para su fase de inicio y tenían un equipo de "veteranos" profesionales del diseño web, seguro en promedio con 25 años, expertos en cualquier código web, expertos en diseño, en user experience, en desarrollo de aplicaciones, expertos en cualquier cosa que se necesitara para atender cualquier bug, cualquier error de diseño. No podían fallar, pero además eran unos salvajes dispuestos a trabajar como si no hubiera un mañana, para sacar adelante el sueño y eso fue lo que terminó pasando.

No conozco a nadie en Rappi, por si acaso, pero sí he tenido oportunidad de conocer desde afuera, como espectador su historia. Hace poco me vi un video en YouTube, en el que la gerente de comunicaciones, una niña, contaba infidencias de cómo llegaron a donde llegaron. De sus decenas de estrategias, por cierto muy creativas para sacar el máximo provecho de la app, y cómo sus usuarios, como suele pasar con un producto innovador con solidez estructural y conceptual, terminaban haciendo cosas con la app que jamás se le habían ocurrido a ninguno de los cerebros talentosos detrás del proyecto, lo cual culminó en la creación de nuevos servicios, apropiados rápidamente por sus usuarios con la fuerza de la lógica.

Lo demás es historia. Millones de dólares obtenidos en rondas de inversión, un crecimiento exponencial y un ejército de chicos en bicicleta con gorras y maletas de domicilio color salmón neón (denominados rappitenderos), entregando pedidos y haciendo favores en diferentes ciudades del país. Un futuro de expansión regional prácticamente obligado.

Lo único, o al menos de lo más notable que queda por resolver es el modelo de negocio o de trabajo, enmarcado en una nueva tendencia global: la economía colaborativa. Pero esto no es un tema de Rappi, sino un asunto que deben resolver las empresas tecnológicas que cuentan con un reducido grupo de empleados, comparado a su inmenso grupo de "colaboradores", como se denominan a los que en esta caso fungen como los distribuidores del servicio. Hay ejemplos de compañías que trabajan bajo este esquema como es el caso de Uber. Básicamente la controversia radica en que dichos colaboradores no son reconocidos como trabajadores formales de la compañía, lo cual termina por deteriorar sus condiciones laborales en términos de protección, beneficios, salud y cotización a pensión.

En el caso de Uber, países como el Reino Unido tomaron nota de esta problemática y han fallado a favor de los colaboradores para que la empresa garantice sus derechos como trabajadores "reales".

La economía colaborativa tiene grandes ventajas, pero a sus vez grandes retos para mejorar las condiciones de trabajadores que laboran bajo este esquema, pero lo que es claro es que genera empleo y empresas del tamaño de Uber, valorada en 60.000 millones de dólares, contrario a ser lapidadas, deben ser sujeto de regulación para que funcionen bajo un modelo que no sea basado en lo que pasaba en el siglo pasado.

Este importante detalle no fue considerado por la bloggera, quien parece ser muy enfática y vehemente en la defensa de causas sociales, pero en este caso prefirió atacar el apoyo a una postura política que no era la suya. Fácilmente habría podido centrar el debate en la defensa de las condiciones laborales, lo que habría sido bastante útil, pero se decantó por un ataque básico, excluyente y un tanto inmaduro, ya que de forma despectiva, muy evidente, preguntó si quien aparecía en la foto era un rappitendero o si era el CEO de la compañía.

Todavía veo la app como una de las más descargadas de su categoría, con más de 1 millón de usuarios, los mismos y un tanto más que tenían antes del "boicot". También estoy esperando la publicidad de Iván Duque por cuenta del "uso de los datos confidenciales de sus usuarios con fines electorales".

Posdata: Hace poco se vio a Iván Duque recibiendo apoyos a su campaña de varios artistas vallenatos, muy reconocidos. Por favor que a nadie se le ocurra boicotear Spotify o Deezer, porque en esas apps suenan las canciones de esos artistas.

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