¡Y volvieron a las armas!

"Con el duro golpe que Márquez, Santrich y El Paisa le dieron a la paz los que ganan son los sectarios, guerreristas y de extrema derecha del Centro Democrático"

Por: Andrés Felipe Castro Charry
agosto 30, 2019
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¡Y volvieron a las armas!
Foto: Pixabay

Hoy, exactamente 3 años hacia atrás, Colombia y el mundo celebraba una gran noticia: el cese al fuego bilateral y definitivo entre las Farc y el Estado colombiano. Recuerdo con gran sentimiento aquel día donde creíamos que la paz completa iba llegar a nuestro país. Aquel día logré imaginar un país sin Farc y fue algo que produjo un sentimiento de alegría y compromiso con la paz: hoy, tres años después nuevamente veo como esas esperanzas se esfuman y nos sumergen en un nuevo conflicto, con un nuevo actor.

Lastimosamente la madrugada de ayer se vio empañada por un acto político de gran relevancia, pero de profundo dolor y rechazo: Iván Márquez, Jesús Santrich y El Paisa, firmantes del acuerdo de paz entre las Farc y el Estado colombiano en 2016, anunciaron que regresaban a las armas y con esto, el surgimiento de un nuevo grupo armado en Colombia. Indiscutiblemente este hecho se convierte en un nuevo y desafortunado retroceso hacia la paz que todos los colombianos deseamos.

A través de un vídeo puesto en circulación en las redes sociales, los antiguos negociadores y firmantes del acuerdo de paz dieron a conocer “los motivos” para volver a la guerra. El incumplimiento del Estado colombiano con los compromisos firmados sería el motor que daría vida a este nuevo grupo guerrillero en Colombia. Según palabras de Iván Márquez, los incumplimientos del Estado los obligaron a volver a las armas. Según el manifiesto de este grupo, van a “luchar por la paz traicionada”. Esgrimen en su manifiesto que no contaban con las garantías necesarias para la participación política y el trato diferencial en materia de justicia. ¡Un gran despropósito decir esto! Si alguien dentro del acuerdo de paz tuvo (o tuvieron) las garantías necesarias para el tránsito hacia la vida civil fueron estos comandantes que hoy actúan como máximos exponentes de este nuevo grupo. En ellos había una voluntad de paz endeble que poco a poco se fue apagando. Con esta también se apagó el sueño de muchos campesinos que añoraban con unos campos al servicio de las bases sociales y populares y no al servicio de la guerra. Con cada declaración dada por estos comandantes, me convencía más de su voluntad de paz, pero estaba totalmente equivocado.

Loable la voluntad de paz del 90% de los desmovilizados que día con día construyen un mejor país a través de la paz, de la participación democrática y desde la vida civil. Esas personas indiscutiblemente sí tienen una voluntad de paz fuerte y que debe seguir construyéndose. Un reto del Estado de ahora en adelante es fortalecer (y no seguir desconociendo) la función social del acuerdo de paz y todas las garantías de reinserción de los excombatientes de las Farc.

Seguirle apostando a la vida, a los proyectos productivos, reinserción y a la participación democrática de los excombatientes ha de ser lo primordial para el Estado colombiano, pero, lastimosamente, por más compromiso real de algunas entidades del Estado, el gobierno de extrema derecha de Iván Duque ha estado (y de seguro) estará empeñado en acabar con el acuerdo de paz. Por lo tanto, el gran reto que tenemos ahora como sociedad, es salir a las calles y rodear el proceso de paz, rodear a los excombatientes y exigirle al gobierno nacional una voluntad real de cumplimiento de los acuerdos. Es hora no de echar todo por la borda, sino de apoyar a los excombatientes que tienen voluntad real de paz con la vida y con la democracia. Debemos preservar esas voluntades de paz del más 90% de los excombatientes que se mantienen firmes en la búsqueda de un mejor país. Es hora de una gran unidad de fuerzas políticas alternativas que esté encaminado hacia la defensa del acuerdo, de los excombatientes y de las víctimas.

Además, como reto del Estado colombiano está el de llegar a los territorios y tomar control sobre ellos. Cuando digo esto, no me refiero simplemente al accionar militar y guerrerista de defensa, sino al accionar integral de la institucionalidad. Accionar enmarcado dentro de la defensa de la vida, de la paz, de la soberanía y del cumplimiento de los derechos fundamentales y de la justicia social. Llegar a los territorios junto con personal de apoyo psicosocial, docente, de saneamiento básico y de salud. ¡Asegurar a los territorios las garantías para que la democracia sea más atractiva que la guerra!

Un gran reto del partido político Farc es ahondar esfuerzos entre sus militantes para alejar de sus filas a todos aquellos amantes de la guerra y de los negocios ilícitos. Estos esfuerzos deben estar encaminados también a fortalecer la participación política de sus integrantes que sí se la juegan por la paz. Respecto a esto, el reto del Estado colombiano y de la sociedad en general, es eliminar cualquier estigma sobre esta colectividad política que ha mostrado, día a día, una voluntad real para que el arma más importante y de mayor uso en Colombia sea la palabra y las confrontaciones democráticas.

Con este duro golpe al acuerdo de paz, indiscutiblemente los que salen ganando son aquellos sectarios, guerreristas y de extrema derecha del Centro Democrático y adeptos del uribismo. Ellos querían que la guerra volviera a Colombia y hoy volvió. Aquellos que se opusieron a las curules para las víctimas, a mayores garantías de participación política y democrática gozan con esta noticia. Si el tema central en la campaña presidencial fue la corrupción, el tema de las elecciones regionales será la seguridad y el lenguaje guerrerista que este rearme significa. Muy contentos han de estar los uribistas, pues hay un nuevo suspiro a su discurso guerrerista y a su accionar político que tienen vida sólo en la medida que haya guerra. Hoy tienen más excusas para seguir hundiendo a Colombia en ese lenguaje guerrerista y donde lo único “lógico” es aumentar el presupuesto para la guerra, llegar a los territorios simplemente con la Fuerzas Militares y asesinando líderes sociales.

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