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El gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, a través del Ministerio de Cultura, ordenó el desmonte de más de 30 a 50 obras, afiches, fotografías y objetos de tres salas permanentes. Según informes de prensa, el Ejecutivo justificó la medida señalando que el museo no debe ser un espacio para la "apología del terrorismo" o el adoctrinamiento político, específicamente cuestionando piezas relacionadas con figuras como el excomandante guerrillero Carlos Pizarro (M-19), la Unión Patriótica, el Acuerdo de Paz de 2016 y movimientos LGBTIQ+ y feministas. Historiadores, colectivos LGBTIQ+, artistas y representantes de distintas corrientes políticas señalaron que retirar las piezas sin una justificación técnica y pública suficientemente clara podía constituir censura y excluir experiencias importantes de la memoria nacional. Los curadores de la exhibición del Museo Nacional obviamente se cuidaron de no señalar que el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica deja totalmente claro que el M-19 convirtió más que ningún otro grupo al secuestro extorsivo como la principal fuente de financiación para dotación militar, logística, y de armamento. El CNMH documenta 557 secuestros entre 1973 y 1988.
El autor de esta nota no ha encontrado ningún museo principal del mundo (El Prado en Madrid, la National Gallery en Londres, el Pérgamo en Berlín o el Metropolitan en Nueva York) que tenga una sala con alusión o insignias de grupos terroristas en sus países, llámese ETA, IRA, Baader – Meinhof o ‘Panteras Negras’. Existen instituciones dedicadas a documentar el horror para evitar que se repita, como el Yad Vashem (el Museo del Holocausto en Israel), el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Chile (sobre la dictadura de Pinochet), el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ESMA) en Argentina, o el Museo del Apartheid en Sudáfrica. Lo que es una pena es que no haya un Museo dedicado a mostrar los horrores del comunismo que a través de la historia ha sido el responsable de más de 100 millones de muertos.
La memoria del conflicto, la diversidad sexual, el feminismo y el proceso de paz deben ir es al Centro de Memoria Histórica, esperpento arquitectónico cuyo costo va a sobrepasar los 100 mil millones de pesos y que lleva años de retraso. El Museo Nacional no puede ser instrumento de adoctrinamiento político ni presentar versiones sesgadas de la historia. Por el contrario, el Centro Nacional de Memoria Histórica fue creado con un mandato explícito y único: recoger, preservar y dignificar la memoria de las víctimas del conflicto armado interno. Es ahí donde deben ir la totalidad de las piezas relacionadas con los diferentes conflictos internos en nuestra historia que estaban anteriormente exhibidas dado que la apología del narcoterrorismo del M-19 no tiene lugar en el Museo Nacional de Colombia. Porque si van a exhibir el sombrero de Carlos Pizarro, ¿por qué no exhiben de una vez el arma que utilizaron los del M-19 para asesinar a José Raquel Mercado?
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