'¡Vivo orgulloso de ser uribista!'

'Existen dos grupos de uribistas: las moscas, que se estrellan mil veces con la pobreza y falta de oportunidades; y los miserables, que están prófugos de la justicia o en la cárcel'

Por: Fabio Andrés Olarte Artunduaga.
agosto 05, 2015
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'¡Vivo orgulloso de ser uribista!'

 

Álvaro Uribe es tan importante para la esfera social del país que, durante la última década y media, ha logrado establecer un movimiento político que solo se puede comparar con el peronismo en la Argentina y el chavismo de Venezuela. Millones de compatriotas miserables quienes deberían sentir vergüenza, son capaces de gritar a los cuatro vientos y con orgullo en el pecho: ¡Vivo orgulloso de ser uribista!

Para empezar, hay que entender que existen dos grupos de uribistas. El primero de ellos son: las moscas. Bautizados así, pues los comparo con los animales por la torpeza que presentan unos y otros; seguramente ustedes han visto a esas moscas que chocan contra el cristal de la ventana, una y otra vez, sin aprender la lección. La diferencia es que el cristal de los uribistas es la realidad del país. Ellos chocan contra la pobreza, las faltas de oportunidades y la desigualdad social, pero no quieren dejar de hacerlo. Además, al igual que el insecto, los uribistas no sienten la muerte de uno de los de su misma especie; al contrario, y a diferencia de las moscas, estos desgraciados en muchos casos celebran la pérdida de vidas humanas. ¿Alguna vez han visto a un uribista llorando la muerte de un soldado? ¿Igual que yo, vieron a algún uribista celebrando la muerte del expresidente venezolano Hugo Chávez? ¿Lamentan ellos la muerte de un guerrillero o es motivo de júbilo en sus hogares? ¡Piénsenlo bien antes de responder!

Según una encuesta pequeña que realice con amigos, familiares y lectores, demuestra que en un 90 % de los casos, los seguidores de la doctrina de Uribe son personas que no se beneficiaron directamente en nada durante su régimen de 8 años (las moscas). El otro 10 % (el segundo grupo de uribistas y a quienes llamo: los miserables) están en la cárcel, son prófugos de la justicia o, en el mejor de los casos, están sentados cerca del expresidente en una de las sillas del Congreso. Acá haré referencia, simplemente, a los que pertenecen al primer grupo de seguidores del actual senador de la República. Las moscas no son ricas en su mayoría; al contrario, son personas que probablemente tengan como pertenencia más valiosa una finca.

Uno de los argumentos más sólidos de las moscas en cualquier debate contra un ser racional, llámese antiuribista, es la política de la seguridad democrática que se implementó por parte del expresidente. Seguramente a ellos se les olvidan los miles de muertos que dejó la guerra entre 2002 y 2010 con la guerrilla, y tras leer esto me van a llamar nuevamente guerrillero. Los falsos positivos, por ejemplo, para ellos no existen, y si existen no son unos de los actos más vergonzosos que ha conocido la historia de la humanidad. La parapolítica, también, se borró de la mente del uribista promedio. Y Agro Ingreso Seguro, uno de los robos más grandes de la historia del país, tampoco es mencionado por ellos. De lo que sí están seguros es que toda la culpa es de la guerrilla. Las AUC no le hicieron nada malo al país, dicen las moscas. ¡Qué tal el descaro!

Las moscas, impulsadas por las letras de José Obdulio Gaviria (primo de Pablo Escobar), defienden a capa y espada las políticas del exgobernador de Antioquia. De hecho, es común ver cómo soportan injusticias como el acceso limitado a la educación superior y el tener que hacer uso del precario sistema de salud que impulsó el propio Uribe. Rechazan ferozmente los diálogos de paz y, al parecer, celebran cada atentado de la guerrilla, porque con esto demuestran que lo que hace falta en Colombia es "mano dura". Esto último es una credencial que exponen con morbo de manera constante. El uribismo, además, habla con orgullo de la confianza inversionista ganada durante el mandato del exjefe del ministro Arias, quien hizo de la corrupción un banquete celestial. Y, obviamente, para ellos la solución es vender el país en pedazos como quien lo hace de manera vulgar con una torta.

En definitiva las moscas uribistas son un cáncer para nuestro país. Y si no son un cáncer, al menos son una enfermedad terminal que hasta ahora está empezando a mostrar su cara más oscura. De hecho es tan grave la idealización de Uribe, por parte de las moscas, que normalmente podemos ver cómo ellos lo siguen llamando “presidente”. Al parecer ellos no quieren entender razones y, lamentablemente, siguen creando ídolos en el seno de su dañina organización. Personas como el abogado Jaime Restrepo, popularmente conocido como El Patriota, por su nombre de usuario en Twitter, gozan de apoyo de cantidades impresionantes de personas que llevan tatuado el rostro del padre de Tomás y Jerónimo Uribe en su alma, consciencia y corazón.

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