Visitar un centro comercial en cuarentena es desconcertante y desolador

Atrás quedaron esas épocas en donde se veían familias enteras comiendo helado, novios tomados de la mano y amigos riendo por ahí. Crónica

Por: Daniel Esteban Mora Correa
julio 21, 2020
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Visitar un centro comercial en cuarentena es desconcertante y desolador
Foto: Twitter @soydanielmora

Aún no creemos el cambio que estamos experimentando y es difícil adaptarnos a lo que han denominado “la nueva normalidad” y cómo no si cuando salimos a la calle, vemos noticias o hablamos con alguien recordamos constantemente que nuestro alrededor, que nuestra vida no va a volver a ser normal. Los tapabocas, el distanciamiento, el olor a alcohol antiséptico, la zozobra, el desempleo, los locales cerrados, el hambre y hasta la muerte ahora hacen parte de este surreal paisaje. 

Colombia tiene 251 complejos comerciales y Bogotá tiene los 2 más grandes del país. Este recorrido se centra en el segundo, el cual tiene una superficie de más 248.000 metros cuadrados, dispone de más de 400 locales y que en sus mejores momentos podía tener hasta un aforo de 1000 personas. Hoy esos números varían y simplemente ya no es lo mismo. Atrás quedaron el “vitrinear”, el compartir un helado, el sentarse en áreas comunes, el tomar de la mano a su pareja, el ir a cine y un sinfín de actividades que uno podía hacer en estos espacios.

Es domingo de quincena y normalmente uno encontraba abarrotado estos lugares, ahora no. En la entrada aplican todos los protocolos y en cada local también. Al entrar es notorio el cambio se siente un frío y un silencio atípico de estos lugares, la decoración fue reemplazada por letreros que constantemente nos recuerdan las medidas de bioseguridad, si usted quería escapar de la realidad visitando un centro comercial se equivoca se atropella con ella.

Y es que nos lo hacen saber, pues continuamente una voz omnipresente dilatada a través de un parlante nos recuerda alejarnos los unos a los otros, usar tapabocas, lavarse las manos, etc. Recorrer las zonas comunes es imposible, pues están cerradas casi parecen una escena de un crimen, pues bardas y cintones que indican peligro las rodean. Es desconcertante ver que en un par de meses las cosas cambiaron tanto.

Al continuar caminando los desolados pasillos del centro comercial, también se entiende que el comercio vario, pues en algunos locales en donde se veía al cajero acompañado de 3 o 4 vendedores hoy solo se ve uno. Este escenario nos hace entender la cifra de más de 484.000 empleos que se han perdido en Bogotá. Además es curioso que los vendedores se conviertan en "jaladores", perfiles vistos en San Victorino y San Andresito. Es que hasta ellos mismos se sorprenden en ver gente transitando y dan su mejor esfuerzo para finiquitar la venta.

Es que ahora el sentido de un lugar como estos es: “aquí entra, compra y por favor trate de salir lo más pronto posible”, son palabras de uno de los empleados que me levanto de una de las pocas sillas que encontré para sentarme. Pues, como lo dijo la alcaldesa Claudia López, “los centros comerciales no serán para parchar”. La vida es cada vez más materialista y el COVID-19 nos obliga a ser menos sociales.

Caminar es una persecución constante de letreros, voces, gel antibacterial y celadores que recuerdan lo que no se debe hacer. Atrás quedaron esas épocas en donde se veían familias enteras, novios tomados de la mano y grupos de amigos riendo. Atrás quedó eso de comer un helado o tomar un café, esto se tiene que comprar para consumirlo afuera (una lógica bastante absurda).

Nostalgia es la palabra que más usaron los testimonios de empleados y visitantes. Se les resquebraja la voz cuando describen el nuevo paisaje compuesto de: plazas vacías, sillas recogidas y amontonadas, locales cerrados y parqueaderos despejados. Al salir del centro comercial es inevitable reflexionar que por más que intentemos aceptar esta normalidad, todo lo que nos rodea nos recuerda lo lejos que estamos de ella. Gracias por su visita...

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