Vicky Hernández: la diva despreciada por RCN y Caracol

La actriz más grande de la historia de la televisión colombiana lleva muchos años sin un protagónico y se siente desplazada por las jóvenes que salen de realities

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Septiembre 07, 2018
Vicky Hernández: la diva despreciada por RCN y Caracol

Dicen que tiene mal genio pero a mí me consta que no. Vicky Hernández puede ser la persona más amable que uno pueda conocer. Saliendo de Santa Fé de Antioquia, después del Festival de Cine del 2003, íbamos en un carro repleto de muchachos que habíamos dormido en carpas, sin un peso, todo con tal de ver joyas del cine latinoamericano como Araya o El pez que fuma. Pinchamos saliendo del Festival y nadie nos paraba. Parecíamos sacados de la familia Manson. El único carro que se detuvo fue el de donde iba la señora Vicky Hernández. La habíamos escuchado hablar al lado de Jaime, “El Mono” Osorio, el hombre que sacó lo mejor de ella en Confesión a Laura, una de las mejores películas de la Historia del Cine Colombiano. Vicky era la invitada de honor en un Festival que vivía su época de oro. La Diva me llevó a mi en el puesto de adelante, casi en sus piernas, durante la hora y media que nos separaba de Medellín. Nunca más la volví a ver. De ella me quedó solo la leyenda.

En los últimos 15 años Vicky Hernández no ha vuelto a protagonizar un éxito como el que nos tenía acostumbrados. Ella, que empezó su vida en Cali a los cinco años siendo actriz, que fue dirigida por los grandes directores de teatro de este país, Carlos Perozzo, Carlos Duplat, Enrique Buenaventura y el gran Santiago García, que a los diez años le plantó cara a Michel Talento, un presentador chileno que en su momento llegó a ser tan famoso como Don Francisco cuando quiso ridiculizarla ante un auditorio en los años sesenta. Ella ayudó a poner las bases de la televisión nacional. Su legado es incuestionable: actuó en Don Chinche, el clásico del humor de los años 80, a finales de esa década fue Amparo Berrio de Tuta en Romeo y Buseta, Raquel Valecilla Cuca Loma de Azúcar, la más iconoclasta de nuestras telenovelas dirigida por Carlos Mayolo, director con el que también descrestó al mundo haciendo de La Machiche en la inmortal Mansión de la Araucaima, obra cumbre del Gótico Tropical. Hace 15 años nadie discutía la importancia de la señora Hernández pero algo cambió en los canales privados.

En el 2002 surge Protagonistas de novela. Los realities parecían la forma más rápida y segura de llegar a la cima sin tener que pasar las angustias que podría tener una estrella como Vicky. Una cara bonita suplía sin problemas la falta de talento. De esa época para acá sólo ha tenido un éxito, cuando interpretó a la mamá de Pablo Escobar en el Patrón del mal. De resto ha pasado más tiempo refugiada en sus obsesiones entre las que se incluyen la lectura constante de las obras de Murakami, Pamuk o Sandor Marai o volver a ver las películas que más amó: Gloria Swanson bajando por una escalera de caracol en la escena final de Sunset Boulevard, Clint Eastwood despidiéndose sin remedio ni consuelo de Meryl Streep en Los puentes de Madison. Y están los problemas de salud. Los esfuerzos en el teatro, el arte que domina como un guante, se han traducido en unos problemas de espalda que derivaron en operaciones quirúrgicas que pusieron en peligro su capacidad de caminar. De todo eso se recuperó  en su refugio en Subachoque, en las afueras de Bogotá.

Es difícil que una mujer que ha dado todo sin restricciones no se sienta usada por los dos grandes canales de televisión nacional que le han dado la espalda. Por eso no ha tenido empacho en contraatacar. En una entrevista con Vicky Dávila disparó “Los dos canales privados han hecho hasta lo imposible por acabar con el talento colombiano”. Durante años su desilusión fue tan profunda que no encendía el televisor por temor a encontrarse con la vulgaridad rampante, las producciones hechas sin rigor. La volvió a encender sólo para ver las series que han reivindicado a la televisión alrededor del mundo: Breaking Bad, Mad Men, la misma Narcos de Netflix en donde la señora Hernández tuvo una breve intervención en la segunda temporada. Los dardos caen incluso al público. Es una televisión hecha para una gente que no va a la ópera, al cine, una televisión para gente que no lee. Y ahí tienen los resultados. Para ella los últimos grandes actores colombianos han sido Andrés Parra y Robinson Diaz.

Vicky, a sus 68 años, no necesita un papel más para ganarse su puesto en la historia de la televisión nacional. Su situación económica no es tan catastrófica como lo han planteado y, por ahora, su gran logro es volver a caminar después de los serios problemas de columna que tuvo. Pero ella, sin la actuación, es un pájaro que no puede cantar. Además los televidentes la extrañamos y ya no queremos que la única posibilidad de verla en los canales nacionales sea cuando da una entrevista. Ante la crisis de talento que hay necesitamos a esta maestra enseñándole a las jovencitas con pinta de modelos cómo es que una actriz deja el alma en el set.

 

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