Todos estamos soñando con que nuestro país hermano, Venezuela, de pasos firmes hacia lo que los venezolanos querrían para su Nación y para su propio futuro. Para que eso sí ocurra, muchos frentes tendrán que salir bien y, a no dudarlo, los colombianos tendríamos mucho que aportar y, de paso, contaríamos con una gran oportunidad.
Sería así para las víctimas.
La prioridad, como es obvio, deberán ser las víctimas: todos los afectados y sus familias. En cómo repararlos, retornarlos a su sitio, cuidarlos, brindarles nuevas oportunidades y hacerlos partícipes políticos de lo que vendrá, hemos sido el país que mejor ha diseñado sus políticas, el que más garantías y opciones ha usado, y lo ha hecho exitosamente.
Sucedería con una justicia transicional.
Aunque Venezuela no ha estado formalmente en conflicto, no hay duda de que la polarización política, la violencia estatal, los vínculos con grupos armados, el uso de la fuerza por parte de privados y muchas otras facetas requerirán un sistema de justicia transicional, con todos sus componentes de verdad, justicia y reparación a las víctimas. Las múltiples experiencias que hemos tenido, buenas y malas, serían, sin duda, un aporte para lograr lo que se necesita.
Pasaría con los amnistiados.
Con absoluta certeza, múltiples amnistías se darán. Para que salgan bien, deben venir acompañadas de procesos serios de reintegración de exdelincuentes. Colombia, como país, y nuestra Agencia de Reincorporación han sido siempre un referente mundial sobre cómo pensar, planear y ejecutar programas que aseguren que la decisión de retorno sea exitosa y duradera.
Infraestructura y desarrollo económico.
No solo porque lo haya indicado el presidente norteamericano, sino porque en todos los casos ha sido así, vendrá un largo, demandante y muy costoso proceso de construcción de infraestructura. Y, pasando de un esquema de socialismo del siglo XXI a una economía de mercado, se precisará el ideario institucional que sustenta la propiedad privada, la libre empresa y la libre competencia.
En línea con ello, tenemos mucho para compartir, y grandes espacios de oportunidad para abrir: el desarrollo que hemos logrado a partir de los postulados de la Constitución Política de 1991, la dinámica de nuestros gremios y líderes empresariales, y las capacidades de nuestros empresarios, comerciantes, banqueros, aseguradores, ingenieros, transportadores, agricultores, educadores y garantes de la salud, entre tantos otros.
Naturalmente, si queremos ser parte de la solución y si, como lo creo, tenemos en ello una gran oportunidad, no podemos esperar a que alguien nos pida el favor. Debemos causar que seamos indispensables y útiles. Para eso, el sector privado y el gobierno deben trabajar de la mano y preparar, desde ya, las condiciones logísticas, operativas y legales para que nuestras capacidades sean bien usadas en ese proceso, con visión de largo plazo.
La Venezuela profunda.
Como allá no todo es costa urbana, será preciso explorar lo que viene para las zonas alejadas y dispersas. En ello, lo que se hizo en Colombia para los municipios con Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) es ejemplo no solo para los vecinos, sino para el mundo.
En materia de colaboración internacional.
Para aprovechar bien el apoyo internacional que vendrá, será necesario priorizar y focalizar los aportes. Así se logró en su momento con el Fondo Multidonante coordinado por las Naciones Unidas, el Fondo Europeo para la Paz y los recursos recibidos de USAID, todos siguiendo orientaciones claras desde la Presidencia para que los distintos componentes de la Paz con Legalidad fueran una vía efectiva de implementación de los Acuerdos de Paz. Como serán, en buena medida, los mismos actores y con un propósito muy parecido, Colombia puede y debe ser de gran utilidad.
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