Texto escrito por: Juan David Cruz
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Las elecciones celebradas esta semana en los Estados Unidos han dejado un resultado esperanzador para los sectores más progresistas de la población. Los demócratas han logrado consolidarse como mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado. ¿Pero qué significa esto para la política estadounidense? Es de esperarse que el primer paso que tomarán los demócratas será deshacer algunas de las políticas más desastrosas del gobierno de Trump (sus reformas a la economía, el desmantelamiento de USAID y el fortalecimiento descontrolado de ICE, por mencionar solamente algunas pocas).
Aunque empezar a solucionar la crisis económica y social en la que el gobierno actual tiene sumido al país será un proceso largo y complejo, existe la esperanza de que empecemos a ver avances reales en los próximos meses. Por otra parte, el Partido Demócrata debería también enfocarse en los cambios de fondo que deben realizarse a gran escala, para que el sistema empiece a servirle a la mayoría y no solo a unos pocos. Pero para que eso sea una realidad, el partido debe pasar por lo que Bernie Sanders ha llamado una “reforma fundamental inmediata”.
En otras palabras, los demócratas no pueden limitarse a “limpiar” el desastre que ha creado esta administración. Tienen que ir mucho más allá. Eso es precisamente lo que esperan muchos de los ciudadanos que ejercieron su derecho al voto esta semana.
Es evidente que el pueblo estadounidense ha visto tiempos mejores (claro, no los multimillonarios como Elon Musk, ellos se han beneficiado inmensamente con este gobierno). La verdad es que en los Estados Unidos la desigualdad económica ha alcanzado niveles obscenos. Muchos ciudadanos carecen de seguro de salud, mientras que otros tienen a su nombre un patrimonio de miles de millones de dólares.
Buena parte de la clase trabajadora debe tener más de un trabajo para poder sobrevivir. El costo de la vivienda y el arriendo ha aumentado de forma dramática (al igual que el costo de vida en general), y el poder adquisitivo del ciudadano promedio va en picada. Por otra parte, muchas mujeres han perdido sus derechos reproductivos, y las artes, el periodismo y la educación han enfrentado ataques y censura constante desde el regreso de Trump al poder.
En términos de política internacional, la situación no es mucho mejor: la guerra en Irán es un desastre, el apoyo incondicional a Israel se ha hecho moralmente injustificable, el bloqueo económico a Cuba solo ha logrado impactar negativamente la calidad de vida de toda la población, y el distanciamiento con aliados estratégicos solo ha debilitado política y económicamente al país. Estos problemas no fueron causados exclusivamente por la administración de Donald Trump; muchos de ellos vienen de mucho antes, y podría decirse que son estructurales.
Por eso, al Partido Demócrata no le bastará con asumir una posición “anti-Trump” para lograr los cambios y reformas que requiere el país, y que muchos piden a gritos. El Partido Demócrata debe asumir posiciones progresistas claras (debe transformarse radicalmente a sí mismo) si quiere lograr un impacto real y duradero en la sociedad estadounidense. Esperemos que este sea el inicio de una transformación real, en donde el sistema comience a funcionar para el beneficio de todos y no solo para unos pocos.
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