¿Valiente juventud?

"Las nuevas generaciones han irrumpido con vigor y nobleza para reclamar sus derechos, pero también con reticencia hacia los que no comparten su ideario"

Por: DAVID NAVARRO MEJIA
mayo 11, 2021
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¿Valiente juventud?
Foto: Nelson Cárdenas

Las jornadas de protesta iniciadas desde el pasado 28 de abril no ceden hasta la fecha. En el momento que escribo esta nota circula la noticia de la muerte cerebral de Lucas Villa, símbolo de quienes han protagonizado las manifestaciones más dramáticas. No cabe duda de que la juventud juega nuevamente un papel relevante en la protesta social de los últimos años.

Bien vale entonces explorar brevemente qué es lo que la está movilizando tan reiteradamente y con el ímpetu que se viene observando. En los últimos días no pocos en las redes sociales le han atribuido poderes inconmensurables y una valentía que, dicen, les faltó a las generaciones pasadas para afrontar con determinación el futuro. También se han escuchado a quienes señalan que su accionar se explica por una probable falta de futuro. En las universidades, también, son frecuentes sus invocaciones a decidir formas de protestas radicales como los paros indefinidos, porque señalan que, si no es así, en las altas esferas del gobierno no los escucharán. De igual modo, muchísimos docentes se han mostrado orgullosos por lo que, dicen, es el fruto del pensamiento crítico que suponen han forjado en los jóvenes desde las aulas escolares. Así mismo, se escuchan las voces de los propios jóvenes en las que son reiterados los reclamos y condenas por la violencia policial ante sus protestas.

Todas son afirmaciones que contienen verdades, pero que en mi opinión son insuficientes para saber qué es lo que los está moviendo desde hace ya una década. No creo que la escuela, ni mucho menos los medios de comunicación tengan que ver mucho con las revueltas de la juventud en el presente, o la de los años anteriores. Desde luego han contribuido a esa rebelión juvenil, pero no tanto por lo que se pregona, sino por la práctica del gremio del magisterio que se moviliza con tanto orden y fuerza, que esta es un ejemplo mismo de pensamiento crítico en la acción, como solo ese sindicato lo tiene en el país. Y en el caso de los medios, porque representan una suerte de antimodelo al que es fácil oponerle uno diferente, para mostrar al país que no se le presenta en sus pantallas y ondas.

Creo que hay un hecho más poderoso. Por paradójico que parezca, lo que está moviendo a los jóvenes de hoy es la riqueza lograda por el país en las últimas décadas y la emergencia de las nuevas tecnologías digitales. En el primer caso, las generaciones de ahora han disfrutado de los años de bienestar que sus padres les han proporcionado por efecto de la mejora que han tenido en su condición socioeconómica. Este hecho ha sido acompañado de otro no menor logrado por una generación anterior: la constitución de 1991 y su carta de derechos. Estos derechos muchos los han disfrutado, y otros tantos han luchado para conquistar nuevos peldaños en su realización. En estas condiciones, los jóvenes de ahora, en muchos casos no han tenido meras expectativas, sino que estos las han vivido como conquistas reales por la prosperidad de sus padres y de la sociedad en los lustros anteriores.

En el segundo caso que analizamos, las nuevas generaciones constituyen el fruto más acabado de internet. Bien lo ha advertido otros estudios cuando la han llamado la generación iGen. Los hechos y prácticas que despliegan los jóvenes en las redes y en el universo digital es un hecho incontrovertible que lo atestigua.

Pero el asunto de fondo es que estas nuevas generaciones han crecido al amparo de familias rotas o con las transformaciones notorias de la modernización, lo que sus padres y la sociedad no advirtieron y eso las ha hecho más que valientes, como elogiosamente se ha escuchado últimamente, como una generación frágil. Son jóvenes educados en una especie de confort ininterrumpido que no quieren dar espera para satisfacer sus demandas. Se agrega a eso que así como se les ha educado en la defensa de sus derechos, ha sido pasado por alto, o ha sido minimizado por sus padres, la necesidad de educar también en deberes. Hay una explicación sencilla: las carencias que sufrieron muchos padres en su infancia y juventud, fue detonante para evitarles a sus hijos sufrimientos y sacrificios que su nueva situación económica les posibilitaba.

De esta manera, con toda la justicia por lo que reclaman las nuevas generaciones en las protestas de las últimas semanas a un gobierno despistado e inclemente, hay que encontrar serenidad para describir que lo que estas experimentan también está conectado con un fenómeno mayor que Jonathan Haidt y Greg Lukianoff han descrito y explicado en un texto extraordinario, aparecido en español el año anterior: La transformación de la mente moderna. Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están condenando a una generación al fracaso. He aquí una síntesis de esa visión: los padres han inducido en las nuevas generaciones una fragilidad que los inhabilita para soportar las frustraciones y ver ofensas donde no las hay; cifrar la confianza en las emociones y sentimientos, sin el respaldo suficiente de la razón y creer que quienes no están en su favor, se alinean contra ellos.

Esa tríada gravita en la mente y el pensar de las nuevas generaciones, lo cual se ejemplifica con múltiples hechos que se registran en los campus universitarios de Estados Unidos, pero que aquí ya registramos en algunos ejemplos que representan esa visión: las denuncias por acoso sexual; las repulsas y saboteos a escuchar figuras que son contrarias al ideario e identidad de ciertas universidades, el rechazo del racismo y discriminación ante ofensas a estudiantes de las minorías étnicas o de escasos recursos provenientes de la hoy generación E de las universidades, entre otros hechos.

Desde luego, insisto, las acciones de las nuevas generaciones, en nuestro caso, no se entienden si no se examinan los múltiples cambios operados en las familias colombianas. Esto completa el cuadro que explica mejor por qué las nuevas generaciones han irrumpido en la escena social con el vigor y nobleza con los que reclaman sus derechos, pero también con una marcada reticencia o poca capacidad de escucha hacia los que no comparten su ideario, lo cual invita más que al elogio desmedido a medir con tacto y equidad sus aportes en la presente coyuntura.

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