Uribismo, una corriente política irresponsable

"La voluntad de Uribe no es la de buscar un mejor país sino de permanecer en el poder, al lado de sus grandes amigos"

Por: Martin Zamudio Espinel
septiembre 05, 2018
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Uribismo, una corriente política irresponsable
Foto: Instagram @alvarouribevelez

El uribismo es una corriente política irresponsable y poco ética, compuesta por tres tipos de actores.

El primero es el actor político, el elegido a través del voto popular, aquel que tiene bien claras sus convicciones y sabe exactamente a quién debe beneficiar durante su estadía en el cargo público.

El segundo actor es el actor “económico”, que va desde una clase media-alta emergente hasta el propietario de la gran compañía. Siempre ubicado en las grandes ciudades o dueño del campo colombiano. Este es el encargado del financiamiento de las campañas y de recibir, a la larga, un beneficio por su “inversión”.

El tercer actor es el colombiano pobre, que debido al difícil acceso a la cultura y a la educación decide alimentar su ideología política con fake news y repitiendo, como borrego, todo aquello que su caudillo ordena. Es gracias a este último actor que el uribismo logra llegar, sin más, al poder. Este el el actor más perjudicado, pues elige sin saberlo a su propio verdugo.

El uribismo se presenta, para aquellos quienes lo ven desde una postura crítica, como una forma de política completamente ligada a la demagógica y al populismo (aquello que el mismo uribismo crítica), moviéndose con la maquinaria y los cacicazgos electorales que desde hace mucho corroen los valores democráticos del país y que, a lo largo de nuestra historia, son aquellos que más han puesto congresistas y presidentes. Lo realmente peligroso detrás de esto son las nefastas consecuencias que deja esta manera de hacer política, consecuencias que se vuelven cicatrices difíciles de curar.

El día de hoy, a tan solo unas semanas del posicionamiento del nuevo presidente de la república, Iván Duque, esto ya se ve. La multitud uribista, esa perteneciente al electorado colombiano, ya eligió presidente y nos dejó a aquellos que vivimos la política día y noche un país completamente polarizado y al borde de volver a tener escenarios violentos y poco seguros para la participación, escenarios que habían sido pacificados gracias a los acuerdos de paz.

La manera de elegir funcionarios que tiene el uribismo es irresponsable pues una vez estas personas han votado y elegido, a través de discursos de odio y resentimiento, desaparecen durante 4 años, dejando que sus políticos hagan estragos a través de los aparatos institucionales y los recursos que el poder les brinda. La nueva reforma tributaria que llegará el próximo año, el fracking, las fumigaciones con glifosato y el nulo apoyo a la consulta anticorrupción, son tan solo un par de ejemplos de ello.

El uribista corriente se limita a escoger a un presidente (Uribe, Santos, Duque) para que este haga y deshaga para favorecer los intereses de los más ricos, es decir, de sí mismos y de sus amigos y allegados. 4 años después, cuando ven al país en crisis, vuelven a convencerse de que el problema siguen siendo enemigos externos señalados por las cabezas del partido, en vez de los políticos —en su gran mayoría cuestionados y cuestionables— que eligieron ferviente y hasta violentamente en las pasadas elecciones.

La manipulación del uribismo es una manipulación de la ignorancia de un pueblo al que ellos mismos han vuelto ignorante —tal vez a ello se deba el desfinanciamiento de la educación de pública nacional—. La voluntad de Uribe no es la de buscar un mejor país sino de permanecer en el poder, al lado de sus grandes amigos, representantes de la política tradicional y corrupta del país, los expresidentes Pastrana y Gaviria, para administrarlo como una de sus propiedades.

Pero sería muy arrogante decir que el uribismo gana solo por ignorancia las elecciones. Esto no es así. Hay gente, mucha gente, que sabe exactamente por quién vota y cuáles serán las futuras repercusiones. Estas personas son personas con altos capitales académicos y abrigados desde su nacimiento por los privilegios que le brinda una sociedad desigual a aquellos que tienen poder adquisitivo. Estos son aquellos quienes escogen de manera voluntaria un país con una alta cantidad de pobres y una muy corta cantidad de personas ricas —pues cuando son menos los ricos, son más poderosos—.

Sin embargo, ellos no son los que han de llevar del bulto, pues toda la corrupción, violación a los derechos humanos que viene en los próximos 4 años, y toda la manipulación política, social y mediática es responsabilidad de los 10’300.000 ciudadanos que, como mayoría, votaron por la continuidad del continuismo. La ignorancia debe dejar de tener perdón, pues si seguimos perdonandola seguirá siendo aquella que ponga presidentes y mantenga a este país en un limbo constante entre lo peor y lo mucho peor.

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