Uribe, el intocable

"Tomar una decisión de este calibre conlleva unos riesgos que nadie está dispuesto asumir"

Por: Andrés Felipe Millán Tabares
agosto 04, 2020
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Uribe, el intocable
Foto: Leonel Cordero - Las2orillas

Entre otras cosas, Colombia es reconocida por ser un país donde hay una fe generalizada por el cristianismo en todas sus variantes: acá hay más iglesias que colegios. De hecho, estas instituciones religiosas han ayudado a reforzar en nuestros imaginarios colectivos la idea de que "el que peca y reza, empata".

Lo anterior se convierte en una práctica que permite a las personas, por más peligrosa que sea su existencia para el conjunto de la sociedad, tener la posibilidad de redimirse de los daños causados a otros. Es por eso que es común ver a algunos personajes de nuestra historia con la biblia debajo del sobaco predicando en las cárceles fungiendo como pastores.

Mientras tanto, en su mayoría, las víctimas que sufrieron el daño causado por algunos personajes siniestros que nacen por estas tierras, no son reparadas por todo el sufrimiento que tuvieron que vivir, pero, además, corren el riesgo de ser revictimizadas, no solo por sus propios victimarios sino por el propio Estado colombiano.

Es por eso muy común que estas figuras siniestras se escondan detrás de la máscara de "hombres temerosos de Dios" y saquen siempre a relucir su fe en Cristo.

Ahora bien, de los nexos de Uribe con el narcotráfico y el paramilitarismo se ha dicho todo, pero también se ha hecho de todo: tesis de grado, maestría, doctorado, investigación periodística, documentales, libros e incluso ya se están agotando las instancias judiciales nacionales.

Sin embargo, así todo su entorno caiga preso, él sigue ahí, firme en la idea que el mismo creó de que él es un "gran colombiano"; noción que todavía cala en un segmento de la sociedad colombiana, pero que cada vez pierde más adeptos.

A diferencia de lo que muchos creen, Uribe no irá a la cárcel. Puede existir todo el material probatorio para hacerlo, pero el poder político que este personaje ha consolidado no solo involucra a la élite política y a los gremios empresariales del país, sino aparentemente también a la mafia; estos actores sociales tienen en común la negación de su participación en el conflicto armado, siendo responsables directos o indirectos. Por eso mismo moverán las fichas necesarias para que Uribe, el amigo o aliado, jamás sea encarcelado.

Por ello parece que tomar una decisión de este calibre conlleva unos riesgos que nadie está dispuesto asumir. Sus seguidores vociferan a los cuatro vientos que de lo contrario vendría un recrudecimiento de la violencia, algo que no son amenazas, pues años atrás Uribe convocó a una marcha patriótica que se declaraba en "resistencia civil" a raíz de los acuerdos de paz en La Habana, Cuba (año 2016).

En la historia quedará el recuerdo no solo de las paupérrimas movilizaciones, sino también del accionar simultaneo del Clan del Golfo y las Autodefensas Gaitanista de Colombia, que entraron en paro armado en sus zonas de incidencias acudiendo al llamado del senador y expresidente.

En conclusión, estamos en una encrucijada que parece no tener una solución a los problemas ya existentes, sino que abre la posibilidad para nuevos conflictos. Como un ciudadano que conoce el tema del conflicto armado y todos los actores implicados quisiera que se cumpla aquella frase célebre que "la justicia cojea pero llega".

No obstante, como científico social, lo que más añoro es que las víctimas de la violencia producida en este país algún día sepan la verdad de los hechos. Ojalá que la sociedad colombiana entienda que necesitamos despojarnos de los odios y trascender los escenarios de la polarización que tanto bien le hace a quienes están en posiciones de poder y se mofan de quienes se desgastan en estas confrontaciones.

Escuchemos a las víctimas de todos los bandos, ellas claman por justicia, pero lo que más añoran es saber la verdad, que se les repar por el daño sufrido, pero, además, que estos estos poderes ocultos detrás del poder político se sumen a un gran pacto de no repetición para que podamos dejar los señalamientos y asumamos los grandes retos que tenemos para vivir un escenario de posconflicto real.

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