Unión para el común

"La unidad debe imponerse a las diferencias que puedan surgir derivadas del proceso, todo en aras del bien común"

Por: Asier Tapia Gutiérrez
mayo 27, 2021
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Unión para el común
Foto: Las2orillas / Leonel Cordero

Después de casi un mes de paros y marchas masivas en Colombia se puede hablar de un éxito movilizador con pocos precedentes cercanos, más allá del antecedente directo de hace menos de dos años y de las movilizaciones en apoyo a la paz en el país hace ya más de un lustro. Eso es sin duda positivo dado que demuestra un indubitado compromiso social por el país y su futuro, esto es, por el común.

La consecución de la retirada de la reforma impositiva, que fue la chispa que prendió la mecha y la consiguiente dimisión del ministro de Hacienda que la promovió, la retirada de la reforma de la salud e incluso la no celebración de la Copa América en el país, se puede considerar un éxito fruto de las marchas. No obstante, la relativa espontaneidad de las marchas y su posterior crecimiento y consolidación en el tiempo, alimentado por la inaceptable represión del gobierno ha motivado que, para los mismos marchantes y la gran cantidad de personas que emotivamente los acompañan, este tipo de victorias no se entiendan como tales sino como nimias para el objeto, fuerza y legitimidad que atesoran. Es fácil intuir del sentir social derivado de las marchas, que los objetivos han dejado de ser de rechazo para tener una vocación más constructiva a fin de solventar los varios problemas estructurales del estado. Ello no quiere decir que se pueda hablar de un gran objetivo en común claramente determinado y las mismas circunstancias del surgimiento movilizador tampoco facilitan alcanzarlo.

A pesar del espíritu constructivo y la sensación de avance, no hay que desdeñar, sin embargo, algunos efectos negativos surgidos del mismo proceder de las reivindicaciones y las consecuencias que para la misma pueden conllevar. Es innegable que el mantenimiento prolongado del paro supone un perjuicio económico sustancial para el país y que, a medida que este afecte a un mayor número de personas, puede derivar en pérdida de acompañamiento social y empatía ciudadana para con las movilizaciones. A esta posibilidad parece estar jugando el gobierno con su nula vocación de negociación en aplicación moderna de la doctrina Thatcher para liquidar el sindicalismo inglés.

La violencia y la tendenciosidad de algunos medios de comunicación de no discriminar entre los actores partícipes de actos violentos y la inmensa mayoría de personas que se movilizan en paz con esperanza y alegría colabora en acrecentar el desencanto social. Los marchantes deben sopesar de forma estratégica este tipo de repercusiones sin dejarse llevar por la pasión e ilusión inherente a este tipo de procesos. Se deben evaluar los pros y contras de la continuidad de sus movilizaciones y/o paros en la forma actual, a fin de que no desvirtúen los objetivos macro fundados en el bien común que muchos de los marchantes comparten.

Para alcanzar grandes objetivos de cambio estructural del estado es absolutamente necesario tener claridad de objetivos y una férrea unidad de los líderes de las marchas para su defensa. La unidad debe imponerse a las diferencias que puedan surgir derivadas del proceso, todo en aras del bien común. Resultan preocupantes alguna suerte de disputas que parecen surgir a raíz de las someras negociaciones con el gobierno, sea respecto de la oportunidad de las mismas, de las exigencias planteadas al gobierno o de la misma confianza en los negociadores.

Esta falta de unidad se observa cuando muchos líderes, principalmente jóvenes, desconocen al comité central del paro y no confían en sus capacidades de negociación o en el discurso que aquel utiliza, lo que es todavía peor. La dificultad de la unión es comprensible teniendo en cuenta la complejidad del país y las complejidades particulares de los diversos territorios, más si cabe cuando debido al surgimiento espontáneo de las movilizaciones surgen liderazgos naturales y no consolidados. De la gran diversidad de grupos y liderazgos que se han reivindicado dimana también una ingente cantidad de objetivos de pequeña escala, que son muy difíciles de llevar a un escenario de negociación general por su volumen y trascendencia no tan estructural como local.

Lejos de desmerecer este tipo de solicitudes provocando desencantos, al interior de los grupos de impulso del paro se ha de propender por la unión, el acuerdo y la pedagogía para construir sólidos movimientos de la sociedad civil e incluso políticos, que trasciendan la movilización actual y logren el progresivo cambio estructural del país, unidos y sin perder el enfoque del común.

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