Unidad latinoamericana pragmática

"Una verdadera integración de ninguna manera puede estar en las manos del esperpento comunista totalitario, por ello es menester descartar a los regímenes castrochavistas"

Por: Ariel Peña González
junio 08, 2018
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Unidad latinoamericana pragmática

El presidente que se elegirá en Colombia el próximo 17 de Junio, cuyo favoritismo apunta a Iván Duque del Centro Democrático, necesariamente debe mirar al entorno latinoamericano, que ha sido una región que no ha encontrado su identidad. Por eso es que aventureros se han aprovechado de esa circunstancia para conducir a algunas naciones al envilecimiento, teniendo el ejemplo más doloroso con Venezuela en los últimos tiempos; nación que se convirtió en un tubo de ensayo del comunismo totalitario con la divisa del socialismo del siglo XXI.

Una integración latinoamericana con gobiernos como el cubano, el de Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua (que está masacrando a ese pueblo) es una verdadera insensatez. Luego, apoyar o hacer alianzas con los regímenes antes mencionados no ayuda en nada, y en cambio aumenta las desgracias y sufrimientos para nuestros pueblos, ya que el marxismo-leninismo en todas sus presentaciones es una desgracias para las naciones, pues sus fundamentos son la dictadura, la miseria y la violencia como condiciones necesarias para existir.

Hugo Chávez, estimulado por el sátrapa de Fidel Castro, quería montar la Unión Soviética de Latinoamérica, como lo hemos manifestado en otras oportunidades, no propiamente para el progreso de las naciones de esta parte del mundo, sino para reeditar esa gigantesca dictadura totalitaria fracasada, porque los alucinados que siguen a la estafa comunista del marxismo-leninismo han creído que el engendro del comunismo totalitario es “ todopoderoso”, ya que siguen insistiendo en las patrañas del materialismo histórico y la inevitabilidad, resaltando que la doctrina absolutista de Marx es indudablemente supersticiosa, inhumana y antihistórica.

El Gobierno de Donald Trump puede poner en peligro la globalización de la economía por sus políticas proteccionistas, lo cual indiscutiblemente conduciría a una recesión mundial, ya que el país del norte al ser la primera economía del universo perjudicaría también enormemente a los productos de América Latina y el Caribe, que representan aproximadamente el 20% del total de las exportaciones que van a EE.UU.

También la postura antimigratoria del gobierno de Donald Trump afectaría a futuro las remesas que reciben familias que viven al otro lado de la frontera en Latinoamérica, con ello aumentaría el índice de pobreza. Entonces, ante esas condiciones para la región, hay que pensar en una integración seria, en donde las naciones echen mano de su propia iniciativa, creciendo hacia adentro y desarrollando una economía de autogestión libre y creativa. Sin olvidar que Colombia recibe en remesas cerca de 6 mil millones de dólares anuales.

Volviendo a advertir que los regímenes del socialismo del siglo XXI o neomarxistas a los cuales hemos hecho mención, como dice el adagio “no tienen ni arte ni parte” en una integración latinoamericana pragmática, porque sabemos hasta la saciedad que por ser el comunismo estatista, burocrático y embrutecedor su única preocupación es montar camarillas o nomenclaturas, para parasitar a perpetuidad con la cosa pública, aplastando la libertad y la democracia.

Es bastante gracioso ver a los seguidores de la llamada izquierda, especialmente la marxista, desgañitarse en contra del imperialismo, como excusa para ocultar el fracaso de los regímenes de Cuba y Venezuela, pero cuando un gobierno como el de Trump podría cerrar las importaciones que llegan de los países del sur no tienen respuesta, creyendo todavía que a base de discursos demagógicos y miserabilistas van a enfrentar el problema.

A la nomenclatura del partido comunista cubano no se le puede olvidar que ha recibido durante 58 años alrededor de 300 mil millones de dólares que le regalaron la URSS primero y luego Venezuela. Además, el caso venezolano es patético porque durante 20 años de chavismo se cometió un descomunal latrocinio con los recursos de la venta de petróleo, cuantía que ningún país de la región ha recibido. Y la miseria de las masas es inocultable en la patria de Bolívar, de ahí los millones de refugiados que vemos en Colombia y en otras naciones vecinas. Sin embargo, el dictador Nicolás Maduro se exculpa con el cuento de la “guerra económico”, así que con esa presentación a los regímenes del socialismo del siglo XXI hay que marginarlos de una auténtica integración.

Hugo Chávez en su burocratismo marxista, creía que la unión de Latinoamérica se hacía mediante aparatos, por eso creó el ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América), la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), PETROCARIBE y el Banco del Sur, el cual nació muerto. También ayudó a formar otro aparato conocido como UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) que se está desintegrando, con todos esos embelecos lo que buscaba el difunto presidente era empoderar las ideas nefandas del socialismo del siglo XXI, ignorando la genuina unificación.

El libertador Simón Bolívar en la carta de Jamaica, en Kingston del 6 de septiembre de 1815, planteaba la construcción de una sola nación en el mundo nuevo, por su origen, lengua, costumbres y religión, que debería tener un solo gobierno con una confederación de estados, sin embargo veía la imposibilidad de ese proyecto, por los climas remotos, situaciones diversas e intereses opuestos que dividen a la América.

José de San Martín, el otro libertador de América, de la misma manera quería que se lograse una integración que abarcara todos los frentes de su época, en lo económico con una unión aduanera, en lo político para garantizar la defensa común y en lo social reivindicando la cultura latinoamericana. De ahí podemos observar que nuestros próceres desde los albores de la independencia buscaban la unidad de nuestros pueblos, pero en la contemporaneidad para la integración se tiene que descartar la vileza del marxismo, que con el socialismo del siglo XXI pretende crear una esclavitud en las naciones de América Latina, mediante dictaduras oprobiosas eternas.

Una verdadera integración de ninguna manera puede estar en las manos del esperpento comunista totalitario, por ello es menester descartar a los regímenes castrochavistas, y para sobrellevar el proteccionismo norteamericano que afectaría significativamente a la región. De manera coetánea se podría implementar un mercado común latinoamericano, porque una realidad nos trae otra realidad, a la que se debe enfrentar con inteligencia y valor, ya que frente al chovinismo, censura migratoria y el proteccionismo que se pretenden implementar en EE.UU., la unidad con naciones de gobierno responsables es la salida, y para llegar a esa integración de los países latinoamericanas, algunos se deben de liberar de la deformidad marxista-leninista.

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