Opinión

Una vez más el expresidente Santos comete el mismo error fundamental

En la carta a Timochenko es más evidente la hostilidad manifiesta hacia el gobierno y los cálculos políticos preelectorales que la búsqueda de una reunión bienintencionada con el presidente

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febrero 14, 2021
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Una vez más el expresidente Santos comete el mismo error fundamental

Es muy interesante observar el cruce de cartas de esta semana entre el expresidente Santos y el exjefe de las Farc Rodrigo Londoño, sobre todo porque en la respuesta del expresidente están impresas algunas trazas del ADN de su negociación de La Habana que constituyen un magnífico ejemplo de los errores que nunca deben cometerse en un proceso de paz.

Aunque ya se perciben todos los síntomas de que van a volver a convertir los acuerdos con las Farc en un circo romano adonde se trenzarán de nuevo los gladiadores del 2022, lo cierto es que desde hace rato hemos debido sentarnos, liberados de las bajezas de la política colombiana, a aprender de lo que realmente pasó en ese proceso. Al fin y al cabo de eso debe de tratarse la historia: de aprender de ella, de lograr convertir lo vivido en experiencia.

Vamos al texto.

Desde el primer párrafo advierte el señor expresidente que “es un proceso de justicia transicional sin precedentes que el mundo aplaude, apoya y admira”.

En esto tiene razón, sin lugar a dudas el acompañamiento internacional fue muy grande y merece un reconocimiento la ardua tarea que acometieron quienes lo tejieron. Denota una grande y eficiente tarea.

No obstante, abusar de la sobreexposición de ese logro ha terminado por convertirse en un error. Sin querer demeritar la trascendencia del respaldo de la comunidad internacional a un proceso de paz en Colombia, jamás podrá pretenderse sustituir la falta del consenso nacional imprescindible por el respaldo internacional, no importa cuán significativo sea.

A estas alturas estamos viendo los altos costos estratégicos que muchas veces se pagan cuando se comete el error de meterse por la trocha tentadora de las vivezas tácticas.

Fue un error haber creído que la tutela suprema que ejercía el expresidente Santos sobre los grandes medios de comunicación le daba para alcanzar, a punta de titulares de respaldo internacional y premio nobel, la legitimidad que acababa de quedar en entre dicho, a punta de voto popular, con la victoria del No en el plebiscito.

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Por definición, en un proceso de paz en Colombia ni Coca-Cola mata tinto, ni Nobel mata pueblo

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Por definición, en un proceso de paz en Colombia ni Coca-Cola mata tinto, ni Nobel mata pueblo.

Continúa el expresidente Santos, “entre las múltiples fallas, vacíos e incumplimientos en la implementación de los acuerdos de paz lo más preocupante, sin duda, son los asesinatos de los exguerrilleros de las Farc y de los líderes sociales. Y no es culpa de los acuerdos, como algunos han querido insinuar, sino de su falta de implementación, que está a cargo de los gobiernos de turno. Éramos totalmente conscientes de que el fin de la guerra con las Farc no eliminaría otra fuentes de violencia y, por eso mismo, se incluyó específicamente el punto 3.4 sobre garantías de seguridad. El cumplimiento de este punto (o los 13 subpuntos que allí se especifican) resolvería el problema, pero para eso se requiere liderazgo, capacidad de coordinación y voluntad política.”

Palabras más, palabras menos, el expresidente responsabiliza absolutamente al presidente Duque por el asesinato de los exguerrilleros y los líderes sociales asesinados en tanto, según él, no ha implementado los acuerdos.

Por la forma como está redactado el párrafo queda la sensación de que lo que más importa es defender la infalibilidad de los acuerdos, “de los mejores acuerdos de paz del mundo” tal como lo repitieron tantas veces los titulares de prensa. Luego lo que más importa hoy es la defensa política de los acuerdos, por encima de la restauración del proceso de paz que reposa en los acuerdos, y esto por una razón elemental: porque en la coyuntura electoral que se avecina es más importante sacarles filo a los acuerdos que buscarle soluciones a sus problemas. Se acercan los tiempos en que algunos dirigentes políticos priorizan las esgrimas electorales por sobre la paz de los colombianos.

Es evidente la intencionalidad política que motiva al expresidente, de otra manera resultaría inexplicable que alguien que alguna vez se sentó en la silla eléctrica de la presidencia de Colombia llegue al extremo de adjudicarle al gobierno actual toda la responsabilidad de los asesinatos de los exguerrilleros y de los líderes sociales, pasando por encima de tantas realidades de ese proceso que están de bulto y que nada tienen qué ver con el presidente Duque.

Algunas preguntas que bien vale la pena que se respondiera el expresidente Santos para su buen criterio.

Sobre las disidencias:

¿Existen o no disidencias de las Farc con las que se negoció en La Habana, son de verdad o son de mentiras?

¿Si es cierto que existen, es cierto o es mentira que un porcentaje de los líderes sociales y los exguerrilleros asesinados han caído víctimas de dichas disidencias, tal como lo afirman la Fiscalía, los organismos de investigación, organizaciones de Derechos Humanos, organizaciones y líderes indígenas, etc.?

¿Tiene algún grado de justicia adjudicarle la responsabilidad de la existencia de las disidencias de las Farc al presidente Duque?

¿Si no es justo responsabilizarlo por la existencia de las disidencias de las Farc y si las disidencias de las Farc han asesinado a un porcentaje importante de exguerrilleros y líderes sociales, cómo entonces adjudicarle al presidente Duque la responsabilidad, tal como lo hace el expresidente Santos en su carta?

¿Si la verdadera intención de la carta es restaurar el proceso y no atizar la polarización política con fines electorales, por qué el expresidente Santos omite plantear temas tan protuberantes como los incumplimientos de las Farc, comenzando por las disidencias o la barbaridad de la conducta de Venezuela hacia la paz de Colombia?

Algunas de las miles de preguntas que deberíamos hacernos sobre la implementación de los acuerdos:

¿Cuándo comenzó la implementación de los acuerdos, en el gobierno Santos o en el Duque?

¿Si fue en el Santos qué partes de la implementación le correspondieron?

¿La desmovilización militar de las Farc forma parte de lo que se denomina la implementación de los acuerdos o no?

¿Si la desmovilización militar de las Farc formaba parte de la implementación y ella se dio en el gobierno Santos, qué evaluación verificable existe de su grado de implementación?

¿La implementación correspondiente al gobierno Santos, según el cronograma de los acuerdos, se cumplió al 100 % tal como lo sugiere el tono de la carta?

Es muy importante clarificar este punto especialmente porque si esto es así, entonces todas las estructuras de las Farc debieron de haber estado desmovilizadas el 7 de agosto de 2018, hace 30 meses, cuando hubo el cambio de gobierno, salvo las de Gentil Duarte e Iván Mordiscos, quienes desde antes dijeron que no lo harían.

Todo parece indicar que no fue así, que en el gobierno Santos la implementación de la desmovilización no se cumplió a cabalidad.

Hoy se calcula que las disidencias suman alrededor de 3.000 hombres en armas y 3.000 milicianos, y de hecho han vuelto a estar presentes en prácticamente todas las zonas que ocupaban las Farc antes de la implementación de la desmovilización.

Toda persona que conozca de estos temas sabe perfectamente que si efectivamente se hubieran desmovilizado las estructuras estratégicas de las Farc les hubiera resultado imposible, en tan solo 30 meses, reconstruir unas estructuras tan grandes y complejas.

Nadie, absolutamente nadie, hubiera sido capaz de rearmar unas fuerzas que suman 6.000 hombres a lo largo y ancho del territorio nacional, partiendo de cero.

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Mínimamente fueron 4 las estructuras estratégicas que no fueron desmovilizadas

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Mínimamente fueron 4 las estructuras estratégicas que no fueron desmovilizadas: la estructura de mandos que les da organicidad, la estructura financiera soportada por las economías ilegales, comenzando por las 200.000 hectáreas de coca, la estructura logística que les ha garantizado el armamento en los lugares y en las cantidades que lo han requerido y la estructura miliciana que les ha dado el aterrizaje geográfico en los distintos territorios.

Estas son apenas algunas reflexiones que saltan a la vista cuando se lee con cuidado la carta del expresidente Santos, sin embargo no puedo cerrar este artículo sin mencionar otro error esencial que se cometió en el proceso de La Habana.

Por definición, un proceso de paz tiene que ser un momento de reconciliación nacional. Obviamente una reconciliación que debe trascender a las partes que están sentadas en las mesas de negociación para llegar a transformar el clima de dolor y rencores en uno de disposición y futuro.

En la carta del expresidente Santos se expresa otro de los errores clave que se cometieron en el proceso de La Habana. Es evidente que su ánimo radica mucho más en la hostilidad manifiesta con el gobierno y en los cálculos políticos que en la búsqueda de una reunión franca y bienintencionada con el presidente, de la misma manera que llegó un momento que fue evidente que la prioridad política del proceso de La Habana también radicaba en acabar con sus adversarios políticos por sobre el interés nacional de la reconciliación entre todos los colombianos.

En estos momentos cómo no recordar a Bolívar cuando imploraba que cesaran lo partidos y se consolidara la unión.

 

 

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