Una vergüenza llamada Colombia

Bien lo expresó el inmolado líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en su memorable Oración por la paz, apenas dos meses antes de su asesinato...

Por: Pablo Emilio Obando A.
abril 22, 2022
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Una vergüenza llamada Colombia
Foto: Pixabay

La líder social de Arauca Mayerly Briceño denuncia el asesinato de su cuñado, un campesino que cargaba platano como único medio de subsistencia familiar.

La guerra en Arauca, como en muchas secciones del país, es tán atroz que no se entiende la razón por la cual toca las puertas de tantas familias campesinas.

Confieso que he llorado escuchando esta denuncia, que sentí tan profundo ese dolor al punto de romperme en mis adentros. Se pregunta uno las razones de la guerra, de tanta muerte y dolor sin que encontremos respuesta alguna.

Más doloroso aún que media Colombia crea que se debe continuar en esta horrible barbarie, que se niegue a admitir actos de paz y reconciliación, que se opongan a procesos de paz y que ondeen al viento la bandera del odio y la venganza.

La guerra no es el camino, ni lo será. Si bien Colombia votó en contra de unos procesos de paz, movida por el odio fanático y fratricida de unos cuantos psicópatas que nos venden la falsa ilusión de seguridad en medio de charcos de sangre, masacres y desplazamientos.

Bien lo expresó el inmolado líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en su memorable ORACION POR LA PAZ, apenas dos meses antes de su asesinato, en frases, que hoy deberían lacerarnos y cubrirnos de vergüenza:

"Os decimos, excelentísimo señor Presidente: Bienaventurados los que no ocultan la crueldad de su corazón, los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar los sentimientos de rencor y exterminio. Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad contra los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia”. (https://youtu.be/TF6nwnVk99c)

Pero mientras ese dedo se levanta sobre sus verdugos, cientos y miles de colombianos sufren la infamia del desplazamiento, la desaparición o la pérdida de sus familiares.

Malaventurados seres que no se cansan del horror que padecen miles y millones de compatriotas. Seres perversos y asesinos que se soslayan en la bondad de la religión para actuar con el mayor de los cinismos en la humanidad de niños, mujeres, ancianos y campesinos indefensos.

Haciendo referencia a esta barbarie la prensa nacional registraba así los antecedentes de esta pieza oratoria que brotaba de una garganta y de un pecho colmado de ira y vergüenza:

"Porque Colombia registra, desde 1947, diversos hechos de violencia política que hacen cada día más agresivo el pleito entre los partidos tradicionales: a finales de diciembre de 1947 en Chiquinquirá (Boyacá) policías ebrios disparan contra el dirigente liberal Jorge Armando Cortés, su esposa y su hermano; en enero de 1948 se informa de matanzas políticas en ciudades boyacenses como Villa de Leiva, Chiquinquirá, Coper y Sutamarchán; y también en municipios del Norte de Santander como Salazar de las Palmas, Arboledas, Cucutilla, Chinácota, Pamplonilla, Ragonvalia... En realidad crecen la intolerancia y el sectarismo en todo el país y de ahí que una actitud y una voz que se levantan contra el fanatismo reúnan multitudes silenciosas, que expresan su duelo con banderines negros.
Gaitán, como intérprete de sus seguidores y oyentes, se dirige al Presidente de la república, a 120 metros de la Casa de Nariño".

Una violencia que no cesa, que parece multiplicarse en la Colombia de hoy, dirigida por insensibles gobernantes que no escuchan el clamor del campesino ante la pérdida irreparable y cruel de sus seres queridos. Dos niños de ocho y diez años son asesinados en Arauca sin que los colombianos de bien nos inmutemos.

Parte el alma escuchar a esta campesina, víctima irredenta de una violencia irascible que no se contenta con el llanto de sus víctimas.

Nos preguntamos donde están nuestros dirigentes, esa clase política que hoy se hace llamar unionista, convergente, liberal, conservadora, etc., pero que a la hora defender a su pueblo no lo hace por cuanto sus jefes no lo permiten ni imparten la orden. Dirigentes con las manos teñidas de sangre así invoquen a todos los dioses y santos en el momento de llamar a sus huestes para acrecentar su caudal electoral.

Se debe izar una sola bandera, la de la concordia nacional. La de la de la restauración moral y social de los colombianos.

Que cese este revanchismo electoral que nos convierte en fieras entre hermanos, que nos obliga a mirar hacia otro lado cuando los muertos son de un color diferente al de nuestro Partido. La reconciliación nacional es imperativa, no podemos perpetuar este estado de miseria que nos postra ante el futuro y nos llena de llagas el mismo espíritu.

Que cese de una vez por todas tanta ignominia, que los ecos de la ORACIÓN POR LA PAZ se escuchen en toda Colombia, que desarmemos los espíritus e iniciemos la construcción de una Colombia posible para todos. (https://youtu.be/TF6nwnVk99c)

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