Una universidad pública bien financiada y meticulosamente manejada es lo que queremos

Anhelamos que esté de frente a la sociedad, sea pacífica pero férrea en sus conquistas, impacte socialmente y sea un referente cuando se hable de educación superior

Por: Jaime De La Ossa Velásquez
Enero 30, 2019
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Una universidad pública bien financiada y meticulosamente manejada es lo que queremos
Foto: Pixabay

Muchas veces, en especial cuando el movimiento estudiantil ha dado un ejemplo nacional y valioso de lucha reivindicativa, pacífica y persistente en defensa de la educación superior, uno se pregunta cuál es el tipo de universidad que queremos.

En este caso, sería deseable una universidad pública adecuadamente financiada y meticulosamente manejada, que además fuera considerada equitativamente en concordancia con las necesidades del desarrollo nacional, sin dejar de lado las particularidades de la región que atiende, que tenga en cuenta la vulnerabilidad de la sociedad en la cual está inmersa y que ofrezca soluciones adecuadas a la necesidades de su entorno inmediato, sin descuidar la globalidad y los avances científicos y tecnológicos que son mayores cada vez, es decir: una universidad de vanguardia.

Se debe puntualizar en este mismo sentido que no es deseable una universidad pública que privilegie la inequidad, por ejemplo, cuando la mayoría de sus profesores son catedráticos y muchísimos de sus funcionarios son temporales o con vínculos laborales transitorios, sin mayores garantías, y a pesar de llevar trabajando largos años no logran una estabilidad adecuada y justa.

Tampoco sería integral tener una universidad pública en donde significativamente su labor sea dictar clases, sin que razonablemente la investigación, la extensión y la proyección social sean objetivos misionales de equivalente valoración. Menos aún, una institución en donde las políticas de bienestar dejen de lado a la comunidad universitaria como un todo, en donde sus miembros no cuenten con la superación laboral, educativa y formativa en igualdad de condiciones. No se puede desear un claustro que sea excluyente, que estigmatice y persiga por las diferencias ideológicas y cuyo método sea la venganza, la calumnia o el aislamiento de aquellos miembros que tienen visiones edificantes diferentes.

Debería ser una universidad pública que esté de frente a la sociedad y que sea tenida en cuenta para la implementaciones de políticas oficiales, que sea una instancia de consulta para los planes y programas públicos y privados. Una universidad que lidere e impacte socialmente. Una universidad pacífica pero férrea en sus conquistas, que valore el papel de sus miembros, sin alejarse de su función social, porque la comunidad en general demandan eficiencia y excelencia del servicio educativo como derecho.

Además, no debe olvidar que como universidad pública tiene que formar profesionales íntegros, dignos, competitivos, con valores éticos, que no tengan que salir a la economía informal como única opción de vida, que sean emprendedores, que su capacidad intelectual, su formación y su pensamiento crítico sean el sustento sobre el cual gravite su vida laboral y que puedan recoger en sus haberes una existencia honesta que los haga valorar y perseverar en sus proyectos de vida. Una universidad pública que atienda al mayor número posible de jóvenes de los estratos desfavorecidos económicamente, que como en muchos casos, han sido o son o serán profesionales ejemplares y modelo de superación a seguir, porque la educación de alta calidad aleja de la corrupción y permite tener un camino edificante y pacífico.

En definitiva, una universidad pública deseable debe ser punto de referencia cuando se hable de educación superior y de su función social. Por otro lado, debe ser democrática, global, digna, real y constructiva; una universidad que tenga entre sus valores: diálogo, equidad, honestidad, pertenencia, respeto, responsabilidad y solidaridad, como se destaca en lo escrito por Magda Páez Torres (Carta Universitaria No.55), quien también arguye que además de los aspectos académicos se debe dar relevancia a lo cívico, ético, cultural, social y ambiental.

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