Comencemos por distinguir lo que es la democracia como un objetivo o búsqueda de defender un conjunto de valores, diferenciándola de la democracia como la institucionalidad de un modelo político
La diferencia y la distancia entre éstas dos se ha convertido en abismal; o, por decirlo de otra forma, esa segunda connotación de la palabra ‘democracia’, como institución política, ha sido un fracaso para la promoción de la primera acepción como conjunto de valores.
Los valores que caracterizan la idea de democracia como algo deseable por las bondades que implica son: la mejor distribución de la riqueza, la mayor participación de todos lo habitantes en el poder, la igualdad de las oportunidades, el reconocimiento de la dignidad y los Derechos Humanos, la justicia y la inclusión social , el respeto y la tolerancia por la pluralidad y diversidad de pensamientos, etc.
Cosa muy diferente son los componentes de lo que se llama ‘democracia’ como institucionalidad política, es decir sistema electoral, regla de mayorías, Estado de Derecho, división de poderes, Pesos y contrapesos, ordenamiento bajo una Constitución, etc., con los que se supone que se podrían realizar o alcanzar los anteriores valores aspiracionales.
En su etimología “el gobierno o el poder en el pueblo” se puede buscar la coincidencia o el porqué están vinculados o porqué para ambos se usan la misma terminología, pero eso no implica que esa coincidencia produzca una identidad ni menos un resultado consecuencial del uno al otro.
Lo que ya está demostrado y reconocido es lo contrario: el fracaso del modelo como camino para la promoción de los objetivos perseguidos. No se discute que que en cierto momento fue exitoso; Pero tanto el aumento de cada vez más países y sociedades que tienen, adoptan o aceptan regímenes diferentes, como el rechazo interno entre aquellas que aún lo conservan es la característica de esta época. Bajo modalidades espurias del modelo ‘democratico’ y con fuertes cuestionamientos internos, sobrevive hoy ese modelo en países que no representan ni siquiera el 20% de la población mundial.
Colombia es parte de estos y muestra cada vez más esas características de inconformismo con el régimen imperante.
Pero, en una campaña donde no solo todos los candidatos reivindican obsesivamente la “defensa de la democracia”, sino donde el no hacerlo sería subversivo, vale pena una evaluación de hasta dónde se cumple con aquello en lo que consiste el modelo, y hasta dónde responde a lo esperado.
La poca participación electoral de por sí desvirtúa el principio fundamental sobre el cual se basa el modelo
La poca participación electoral de por sí desvirtúa el principio fundamental sobre el cual se basa el modelo puesto que le disminuye legitimidad ; el mecanismo para cohesionar mayorías como eran los partidos son reconocidos hoy solo como fábricas de avales, o sea, formas de corrupción política, sin ideología, ni programas, ni propuestas diferentes de cómo participar en la repartición burocrática: en los últimos 20 años tanto el pseudo’Liberal’ Gavirismo como el Partido Conservador no han logrado ni siquiera proponer candidatos a la presidencia o a alguna alcaldía o gobernación mayores, al punto que solo se presentan candidaturas independientes, por firmas, o por coaliciones oportunistas. Los choques de trenes en las instancias de la Justicia terminaron en el ‘Cartel de la Toga’ y en que en la práctica la única instancia que resuelve casos es la tutela, justamente por la inoperancia de la Administración de Justicia Ordinaria; en vez de ‘pesos y contrapesos’, la estructura de los órganos del Estado y de los controles o dirección de entes de control está viciada por la contaminación que significa su origen o vínculo con las maquinarias polítiqueras.
Lo más diciente es la consecuencia bajo la forma del deterioro de lo que se podría llamar la ética política: no existe el ‘juego limpio’ sino por el contrario el ‘todo se vale’: el oportunismo de las alianzas, el ‘te nombro y me apoyas’ de los avales, la desconocer el sentido de la Constitución (la única función del Vice es continuar el programa del Presidente), los ataques personales en vez de la confrontación de programas, la aspiración no es llevar una propuesta de gobierno sino acceder al poder, el servicio público remplazado por los intereses personales. Las campañas con sus estrategias y orientaciones, basados en que no tiene sentido hacer propuestas y programas que no le llegan a la gente.
Anuncios.


