Una carta a mi pueblo: Villarrica, Tolima

Mis padres hace mucho se fueron de viaje al infinito curtidos de pobreza y parte de mis hermanos ya no están, se los tragó la guerra y la desidia y la tristeza

Por: Edison Peralta González
julio 28, 2022
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Una carta a mi pueblo: Villarrica, Tolima
Foto: Facebook
Sé que estás ahí, como una sombra vaga pendida en los adentros y partituras de mi alma buscándote en los ramales de la historia y siento que me faltas como el aire que respiro y entreabro el ventanal de las palabras y el recuerdo para caminar por tus veredas y calles destapadas y escuchar el sonido de los dioses y los Cuindes extinguidos en asimétricas batallas. Quisiera ser el acólito que vibró en la ermita y subir al campanario a pedirle a Cristo que arroje los verdugos al infierno, los mismos que degollaron la vida en las veredas y asolaron a bombazos los cafetos y los ríos y hoy siguen burlando la paz a banderazos con decretos y leyes vagabundas.
Mis padres hace mucho se fueron de viaje al infinito curtidos de pobreza y parte de mis hermanos ya no están, se los tragó la guerra y la desidia y la tristeza de no volver a verte, para soñar y vivir y morir en tus veredas y caminar en paz por los caminos desiertos de tu historia. He querido en su nombre recordarte como un hijo expósito sin patria para alcanzar la paz y sentir el calor de tus abrazos y acercarme a la beldad de la tierra que un día nos cubrió de encanto y besos como mi madre al pie de las raíces. Y he sobrevivido al dolor, al sacrificio y a la muerte y conocido el martirio de mis otros hermanos, los campesinos de mi patria y estado a su lado en múltiples afanes. No me arrepiento.
"No sé si pueda recuperar la memoria de tus manos, retener el silbido de tus veredas infinitas, la luz de los faroles de la casa de mi abuela, la desbandada de las aves bombardeadas por intrusos y los gringos, la sonrisa de Denis, la bella niña que abrazó mi llanto al paso de los aviones y la muerte. No sé si pueda resarcir el martirio de tus calles alargadas y la bandera de tu gloria ensangrentada, las horas aciagas de mi madre con sus manos cansadas de penurias. No sé cómo alcanzarte, si en la nostalgia y los albores desiertos de la infancia, en los convites de los caminos y los miedos, si en los fangales de la historia o en la piel de los huyentes cayéndose a pedazos.
No sé si pueda, Villa de mi alma, corazón de mi infancia maltratada, paraíso sagrado de mis abuelos y mi patria. No sé si pueda".
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