Un sistema enfermo

La pandemia ha puesto en evidencia todo lo que no marcha bien con la sociedad y también con nosotros

Por: Geovanny Echeverri Álvarez
abril 24, 2020
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Un sistema enfermo
Foto: Leonel Cordero

El ser humano siempre ha vivido en medio de la ilusión y la desesperanza, sintonizado con los deseos de progreso y de superación personal, y a la vez con las decepciones propias de la cotidianidad, de la politiquería, la corrupción y de una sociedad que en algunos casos no valora la vida y que legitima acciones dolosas, esto es el “no importa que robe, pero que haga”, el “algo hizo” y “por algo lo mataron”.

Por otro lado, la situación actual causada por el COVID-19 ha desnudado y agudizado un sinnúmero de falencias en lo atinente a la satisfacción de las necesidades de la población, en especial en lo económico, la salud y la educación.

Está claro que el sistema no estaba preparado, se ha evidenciado falta de unidades de cuidados intensivos, camas para atención de pacientes, respiradores, elementos de protección personal, prácticas contractuales y acciones que vulneran los derechos de los trabajadores, como despidos masivos, licencias no remuneradas, vacaciones colectivas, insolvencia de los que viven del día a día, entre otras.

Así mismo, se recurre al teletrabajo y a la educación virtual, en un país donde no se ha masificado la conectividad y muchas personas no cuentan con las tecnologías de la información y la comunicación adecuadas. Además, se vocifera el “quédate en casa”, desconociendo la angustia en muchas ocasiones de ver a los niños quejándose porque están con las “tripas silbando” porque no tienen alimento, porque desde hace muchos años en el país no se prioriza la seguridad alimentaria, ni la reforma agraria integral. Eso sin contar con que los listados de programas sociales y de población vulnerable están politizados, no están actualizados y no hay universalidad, ni un efectivo cruce de información entre entidades. A la par, se olvida que hay gente que no tiene casa y que faltan albergues para ellos, para que así puedan ampararse de la voracidad  de la pandemia. Ni hablar de los sobrecostos en suministros y la falta de solidaridad de quienes exigen y reciben así no lo necesiten, entre otros aspectos.

Sin embargo, debe trabajarse en posibles soluciones frente a la crisis actual, siendo solidarios sí, pero dejando a un lado los falsos mesías salvadores que llegan a barrios y veredas con una libra de grano o con ropa vieja a tomarse una foto para alimentar no al prójimo sino su ego; poniendo cortinas de humo sobre los verdaderos males que aquejan a la población y que realmente urgen atacar, como la violencia, las malas prácticas administrativas, el desempleo, el analfabetismo, entre muchos más y se debe dejar de invertir recursos en la compra de armas y destinarlos a optimizar la salud y la educación, que deben ser vistas como  un derecho y no un servicio; generar pleno empleo, vivienda digna, en fin, acceso, cobertura y protección de derechos fundamentales, buscando cerrar las brechas entre ricos y pobres, y mejorar la calidad de vida de la población.

Finalmente, una respuesta a esos problemas que afectan a la sociedad y el posterior salto hacia la sana convivencia depende en gran medida de los gobernantes, como la promoción de la cultura, participación y competencias ciudadanas, protección del medio ambiente y a los derechos humanos, pero esa responsabilidad también atañe al cúmulo de la población y debe empezar desde la cimentación en principios éticos y morales, respeto a las diferencias y reconocimiento de la otredad, y amor propio y a la familia. Todo esto para un verdadero resurgir de este hermoso país, para recuperar la civilidad y lograr embellecer al ser humano en su interior, a nuestras ciudades y lograr así el reverdecer de nuestros campos, por eso siempre será plausible llegar a la solución pacífica de conflictos, para conducir hacia la no-violencia.

“La paz no solo consiste en poner fin a la violencia o a la guerra, sino a todos los demás factores que amenazan la paz, como la discriminación, la desigualdad, la pobreza” (Aung San Suu Kyi).

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