Un S.O.S por los maestros de Colombia

Sobre el impacto que ha tenido la virtualidad en la vida de todos los profesores, los retos y las dificultades que perciben al adaptarse a un modelo que nunca imaginaron

Por: Pablo Emilio Obando Acosta
mayo 05, 2020
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Un S.O.S por los maestros de Colombia
Foto: Vía Twitter

La pandemia COVID-19 ha desnudado muchas realidades colombiana. Quizá, la primera, es que somos un país gobernado por corruptos e indolentes que no se detienen ni siquiera ante el drama de cientos y miles de víctimas de su actuar. Segundo, que los colombianos somos un país de cafres que votamos una y otra vez por las mismas lacras sin que nada nos importe nuestra propia suerte. Cara de dolor y sello de muerte.

También ha dejado entrever las debilidades del sistema de salud en Colombia, del fariseísmo del sistema financiero, de la débil estructura empresarial y de que somos un país de pobres con alguna solvencia económica en algunos estratos sociales. Clarito, El covid19 dejó al descubierto que muchos ricos, también eran pobres con alguna solvencia. Que vivimos del diario, del fiado, de las simples apariencias.

Pero también nos permitió mirar las debilidades del sistema educativo colombiano, de ese gran descuido nacional durante décadas y centurias que fue creciendo como la espuma y que no nos permitió una mirada serena y critica. Hoy vemos cómo los niños y adolescentes sufren de esa otra pandemia, cómo sus padres deben acompañarlos en su tragedia y cómo el resto de colombianos tratamos de ignorar el asunto.

Lo cierto es que los maestros están al borde de un colapso. El necesario cambio de rutina laboral los obligó a medir sus conocimientos tecnológicos, su manejo de redes sociales y demás herramientas modernas. Ahora su labor la deben realizar por computador y en espacios y escenarios virtuales. Hasta ahí, todo bien. Lo grave es que su labor se ha visto obstaculizada por diferentes y variados factores. El primero de ellos, la alta exigencia de los directivos de las instituciones educativas que los obligan a laborar más allá de los horarios permitidos  y establecidos, elaboran guías, manuales, talleres, ejercicios lúdicos y un sinnúmero de documentos que, francamente, son peor que el mismo COVID-19 . Algunos ya están tirando la toalla o pidiendo la baja, otros se arrepienten de no haber renunciado a tiempo y gozar de una merecida pandemia en familia.

Otro de los factores adversos  es que los niños y adolescentes no cuentan en sus hogares con las herramientas necesarias que les facilite su tarea, así sea en cuarentena y en pleno confinamiento. Con un solo computador deben vérselas tres, cuatro o cinco miembros de la familia, ya no hay horario que aguante o que facilite este proceso pedagógico.  En consecuencia padres y madres de familia se han constituido en un permanente dolor de cabeza para los maestros que deben atenderlos en sus llamadas y soportar su mal genio y bravatas.  Palabra va, insulto suena, y amén de discusiones, que la amenaza sigue con denunciarlo ante el rector o el alcalde.

Veamos algunos de los comentarios de unos maestros en las redes sociales a sus colegas: “Que pena compañeros, pero sigo entregando semanal, no me queda tiempo para más, soy ama de casa, mamá, abuela y trabajo todo el día, ya estoy al borde de irme al psiquiátrico  con tanto trabajo, así se quedó en reunión virtual. Aplausos a quienes puedan hacer más….”.  Otra desesperada maestra responde: “Me tocará acompañarla, estoy esclava de la tecnología y en el momento de iniciar la reunión falla casi todo. Me aloco….”. La respuesta no puede ser más contundente y elocuente: “Así es mi estimada XXXXX. Tenemos familia a quien cuidar, atender y también cuidarnos. Yo estoy como tú, lista para irnos al mismo psiquiátrico…”.

No hay duda, los maestros se encuentran al borde  de un colapso, lo mismo que las familias de los niños y adolescentes que no cuentan con el computador para cada uno de los integrantes de la familia.  Si la situación se alarga, no me queda duda alguna muy pronto los panópticos colapsarán.  Se hace necesario un alto en el camino, pensar sosegadamente la correcta estrategia pedagógica que permita a maestros, estudiantes y padres de familia encontrar la paz y volver al cauce de su normalidad familiar y emocional.

Lo cierto es que se invierte en los hogares, muchas veces, en electrodomésticos caros y ostentosos, pero que no facilitan la educación de los hijos. También es cierto que, algunos maestros, no se prepararon adecuadamente para momentos como estos y jamás pensaron que la tecnología los iba a arrollar.

Pero, quizá, la única verdad, es que nuestro sistema educativo se quedó obsoleto hace mucho, que no dispone de las herramientas tecnológicas necesaria y que el Estado colombiano ha sido irresponsable con su compromiso de educar. Existen regiones donde ni siquiera hay internet, mucho menos van a tener un computador. Y hay hogares donde si ni siquiera hay para un pan o una talega  de leche, mucho menos para suscribirse a una empresa de internet.

Se lo que muchos dirán, que son simples maestros TTL, es decir de Tiza, Tablero y Lora. Sí y no. Por cuanto en las instituciones educativas apenas se dispone de una sala de informática y de unos cuantos computadores heredados de  los caducos Computadores para Educar.

S.O.S para los maestros de Colombia.  Extensivo a los padres, a los niños y adolescentes y a los esposos y esposas abandonados en pleno hogar por tanto barullo pedagógico y virtual  en medio de un confinamiento.  Los deberes escolares nos robaron a nuestras compañeras. S.O.S. por todos….

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