¿Un educador de ciudadanos? Para eso está Sócrates...

¿Un educador de ciudadanos? Para eso está Sócrates...

Hay un papel preponderante de los clásicos griegos quienes construyeron ese pensamiento para alcanzar la virtud y la excelencia a través del trabajo

Por: DIEGO MARIO ZULUAGA OSORIO
agosto 18, 2023
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¿Un educador de ciudadanos? Para eso está Sócrates...

“Solo lo muerto es totalmente transparente” (Byung Chul-Han profesor de Filosofía y Teoría de los medios en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe - Alemania)

Alguna vez alguien dijo que Colombia “era un país del miedo con miedo”, seguramente para expresar lo que ocurría en las épocas aciagas de años anteriores, en donde reinaba la cultura de la muerte, del narcotráfico, de la politiquería corrupta y ascenso de las autodefensas y demás grupos delincuenciales.

Mirando el panorama actual del país retrocedimos precisamente a esas épocas, y nos encontramos en la sociedad del cansancio a la que se refiere Byung Chun-Hal (filósofo coreano) y quien se ha convertido en referente actual para conocer los movimientos sociales que han llevado a esa sobre exposición de estímulos que nos alejan de la necesidad de reflexión, ya que esa aceleración determina el tiempo y el entretiempo que suprime precisamente esa capacidad que tiene el hombre de evaluar su existencia, lo que lo motiva y en consecuencia cuál es su finalidad.

Releyendo a Nietzsche en Humano, demasiado humano, alerta acerca de los peligros que conlleva la hiper-atención a los fenómenos de los cuales depende el hombre su subsistencia, pero también lo que tiene que ver con el consumismo, el regreso de la estupidez humana, la carencia de interés crítico y un análisis contemplativo de las cosas que forman al individuo; “Vivimos rodeados de aguijones que, de manera constante, inyectan en nosotros la incapacidad para detenernos y pensar” (Chun-Hal), pues no hemos podido modificar las estructuras cognitivas por un lado y la económica por el otro.

De ahí que, convivimos con un exceso de estímulos, informaciones e impulsos que nos permite percibir una sociedad fragmentada y dispersa, belicosa y mercantilista en donde no se atiende la voz de los que quieren hablar o expresarse, donde “duele pensar diferente y duele todo cambio cuando se toca los intereses de los grandes poderosos que el pueblo ignorante los sigue apoyando. Entre más nos refriega el estiércol, más nos gusta” (Rodríguez).

Vamos hacia un infierno de lo igual, a una sobreabundancia de lo idéntico y la desocupación de todo sentido y en donde el concepto de transparencia tiene varios significados y lo transparente se convierte en una herramienta de igualación y homogenización de lo que vemos diferente; es decir, tenemos “la necesidad de poseer una voluntad de la ignorancia y aprenderla” , a lo que se refería Nietzsche en La Voluntad de poder.

Ahora bien, lo que necesitamos es “un Sócrates, un educador de ciudadanos” (Infante), regresar al concepto de desarrollar las virtudes aludidas por los filósofos de la vieja escuela (los clásicos), como elemento fundante de una nueva cultura, de una nueva escuela en donde las virtudes prevalezcan en este maremágnum de miedo, de terror, de inseguridad y desigualdad; y es que la invención del bien y del mal aludida desde lo religioso, lo educativo hasta lo político, concluye que la cooperación es crucial para el futuro de la vida humana, y si no, cómo sobrevivió el hombre.

¿Nos necesitamos hoy con la misma intensidad de hace cinco millones de años? Pregunta hecha por el filósofo alemán Hanno Sauer (profesor de Ética en la Universidad de Utrecht), pues no somos conscientes hasta qué punto dependemos de esa para casi todo.

La historia nos ha enseñado que se ha construido un nicho cooperativo con el cual fijamos el entorno en el que vivimos, en donde cooperamos, dependemos y aprendemos de esa sinergia social para paliar de alguna manera los problemas sociales, naturales o ante todo tipo de conflictos, pero la perdida de la narrativa en las virtudes y valores nos ha dirigido a unos discursos conservadores, manipuladores de la política y no han permitido esa transición hacia una sociedad moderna en donde la solidaridad por un lado y la igualdad por el otro, demuestren que podemos cambiar hacia un nuevo rumbo.

¿Cómo ser entonces buenos ciudadanos?, según Eduardo Infante, filósofo español: “La justicia social no es poner un iPad en las manos de un niño de un barrio obrero, sino un texto de Homero”, ya que los jóvenes y adolescentes idolatran a influencers y tiktokers, pero nada de buscar a los héroes y filósofos griegos, ello para referenciarlos como hacedores de la virtud pública y pensar en ser buenos ciudadanos, de ahí que la educación que se viene impartiendo, además de enseñar con el ejemplo (basta ver familias descompuestas, aumento de la violencia intrafamiliar, del ejemplo de nuestro políticos y gobernantes), cómo pretender construir una nación con buenos ciudadanos, las virtudes se educan y se entrenan para desarrollar valores con una escala alta dentro de la posición cognitiva del individuo.

En el mundo actual, nos encontramos faltos de héroes, la sociedad y la escuela no muestran modelos de heroicidad, por ello debemos buscar referentes en el entorno donde vivimos, donde desarrollamos nuestra actividad laboral, educativa, esto es, en ese medio ambiente que tiene el hombre para cumplir con ese rol, además desde la casa y la familia convertirnos en esos hacedores de virtuosismo y construcción de valores que reflejen precisamente esos estándares altos de compromiso, en donde la información no sea infoxicación o desinformación sino que por el contrario permita edificar un buen ciudadano para el siglo XXI.

Hay un papel preponderante de los clásicos griegos quienes construyeron precisamente ese pensamiento desde las virtudes, radicadas con ideas y frases claras, para alcanzar la virtud y la excelencia a través del trabajo y esfuerzo continuo, basta leer a Hesíodo, Sófocles, Sócrates, Platón y Aristóteles entre otros, para comprender el papel de importancia del ser humano en esta sociedad con necesidad de buscar otros caminos que nos alejen de aquello que no deja desarrollar las capacidades humanas y mucho menos permitir la condena a través de la educación de los jóvenes, adolescentes, pues se requiere no solo buenos profesionales, sino personas con compromiso público, con espíritu crítico, que sean capaces de dialogar y de llegar a consensos.

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