Opinión

Un carnaval para pensar la vida

Este año el Carnaval de las Artes de Barranquilla será digital. En 15 años de conciertos, conversatorios y muestras artísticas cada quien tendrá su historia para contar

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enero 27, 2021
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Un carnaval para pensar la vida
Al terminar la charla de Roberto Fontanarrosa, en ese 2007, la petición de mi hija Lucía me sorprendió: “¿Será que yo puedo hablar con ese señor de la silla de ruedas, ahora?”. Foto: David Lara Ramos

El primer Carnaval de las Artes de Barranquilla fue en febrero de 2007.

En aquella versión tuve una labor que compartí con el poeta Miguel Iriarte.

El director del evento, Heriberto Fiorillo, nos pidió organizar una breve relatoría de cada sesión, la que luego se presentaba al público reunido en el teatro Amira de la Rosa.

Así se construyó un inventario de frases, sentencias y dichos memorables que el poeta Miguel Iriarte comentaba con unas glosas justas y precisas.

El invitado de honor de esa primera versión fue el escritor y cronista mexicano, Carlos Monsiváis, quien  hilvanaba frases espléndidas con una fluidez encantadora.

“El carnaval es un paréntesis que abrimos en nuestras buenas costumbres, como si quisiéramos hacer alarde de un entrañable amor por todos los resabios de la mala educación que hemos recibido. En esos días todo es excusable…”

“El carnaval, por otra parte, tiene dos caras, la solemnidad que le da a la cadera movimientos de funeral de la dictadura y el relajo, que es la siembra de las contradicciones del alma y del cuerpo”.

 “A veces, en el Metro de la Ciudad de México siento que el único verdaderamente disfrazado soy yo porque me he negado al disfraz, y esto por humildad visual. No soy digno de verme distinto”.     

“El carnaval florece cada año, y su vigor radica especialmente en su carácter de fiesta de la identidad y, gracias a las máscaras y la densidad de la comparsa, de fiesta de la pérdida de identidad. Un carnaval ante el espejo es un desfile de las mutaciones”.

Frases del maestro Carlos Monsiváis que he leído, releído y otra vez leído en un cuaderno de argollas con  hojas amarillas en el que tomaba apuntes y que conservo en la sesión de libretas usadas en una de los repisas de madera donde acomodo uno que otro libro.

En aquel 2007, llevé a mi hija Lucía para que escuchara al humorista gráfico y escritor argentino Roberto Fontanarrosa. Le había dicho que era un tipo agradable, que hacía unas caricaturas inteligentes y que había creado un personaje que se llamaba Boogie, el aceitoso. Algunos medios colombianos publicaron esta tira de forma efímera. La realidad de los 80 castigaba a las crueles ficciones de Fontanarrosa. Boogie, el aceitoso era solo un matón de tinta china.

Lucía se quedó sorprendida al ver a Fontanarrosa en una silla de ruedas. Le expliqué que tenía una parálisis y que había perdido la destreza de sus manos. Fontanarrosa comenzó a hablar. Lucía me pidió una hoja del cuaderno, le pasé una hoja amarilla y le entregué un bolígrafo extra que tenía en el bolsillo de la camisa.

Llegaron nuevas frases para la relatoría.

“Para mí esto de dibujar y escribir es una perfecta excusa, porque cuando escribo algo, me dicen: ‘No es muy bueno’; Y yo digo: lo que ocurre es yo soy dibujante. Y cuando hago un dibujo, me dicen: ‘Es realmente flojo’, y yo digo: bueno, mi verdadera profesión es escritor. Ese es mi caso, yo ahí puedo defenderme”.

“Ahora, voy a decir algo, una frase que le ruego que la anoten porque esto va a marcar un antes y un después en el humor latinoamericano: yo creo… lo tengo que pensar bien porque siempre me enredo en esta frase y la digo mal. Yo creo que un buen dibujo no salva a un mal chiste y que un buen texto de un chiste salva a un mal dibujo, porque tengo para mí que lo importante es realmente el humor, lo que me interesa decir”.

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Las charlas en aquel 2007, con personajes como el compositor brasileño, Chico César, el músico cubano, Pancho Amat, la bailarina y actriz Yolanda Montes, conocida como La Tongolele

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De ese tenor fueron las charlas en aquel 2007. Personajes como el compositor brasileño, Chico César. El músico cubano, Pancho Amat. La bailarina y actriz Yolanda Montes, más conocida como La Tongolele. El constructor de máscaras, Donato Sartori, el periodista Jon Lee Anderson, entre otros.

Heriberto Fiorillo, artífice de la palabra, concibió una frase que resumía toda esa lista de magníficas sentencias. “Estamos ante La reflexión como espectáculo”.

Heriberto  Fiorillo tenía claro (la lucidez perdura) que ese carnaval debía profundizar en proceso creativos, en las fases de construcción de una obra, en los dilemas para tomar decisiones que den unidad a un proyecto, en las manías para llegar a la perfección del detalle, en los cambios y reacciones de un público que se toma una pausa para pensar, para reflexionar, antes de lanzarse al goce o salir a perder su identidad, según lo dicho por Carlos Monsiváis.

Al terminar la charla de Roberto Fontanarrosa, la petición de mi hija Lucía me sorprendió: “¿Será que yo puedo hablar con ese señor de la silla de ruedas, ahora?”. La tomé de la mano, Álex Rendón, uno de los productores del evento, nos condujo hasta el camerino de Fontanarrosa. Lucía se mantuvo frente a él, desplegó la hoja amarilla que yo le había dado minutos atrás, y le dijo. “Le hice este dibujo, se lo regalo”. Fontanarrosa le pidió que se acercara y le dio un beso en la frente. Hubo fotos y ella le agarró la mano derecha. Le dijo que no había prestado mucho atención a lo que decía porque estaba dibujando, Fontanarrosa con una sonrisa rápida le dijo: “Eso era pequeña, la hiciste bien…”

En 15 años del Carnaval Internacional de las Artes cada ser humano que ha asistido a los conciertos, conversatorios y muestras artísticas tendrá su historia para contar. Son las historias que tienen que ver con la vida de una ciudad en torno a su vida cultural, en torno a cómo se piensa y cómo reflexionan sobre sus artistas y creadores.

Fontanarrosa murió en julio de 2007. Han pasado 15 años y Lucía hoy de 24, recuerda con claridad aquel día. Le digo que este año el Carnaval de las Artes será digital, del 1 al 7 de marzo, que se presentarán grabaciones en video de aquellos años y que podrá volver a ver al señor de la silla de ruedas.  Me dice: “No papi, Roberto Fontanarrosa, el caricaturista y humorista argentino”.

Entonces pienso que esos son los impactos que produce un evento como el Carnaval Internacional de las Artes de Barranquilla sobre la vida y la sensibilidad de la personas.

 

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