Ucrania: una sociedad dividida

Vive una polarización entre prorrusos y proeuropeos

Por: Juan Manuel Caicedo A.
agosto 20, 2014
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Ucrania: una sociedad dividida

La primera pregunta que se debe plantear es: ¿qué es una sociedad? Al respecto se puede decir que una sociedad se define a partir de la particular configuración entre Estado, régimen y partidos políticos, y sociedad civil o base social, a esta relación se la define como matriz sociopolítica (Garretón, 2002; 7). En un contexto de globalización y transformación del modelo de desarrollo y de los marcos institucionales, los movimientos con un marcado componente étnico pueden ser estudiados como expresiones de descomposición y recomposición de la matriz sociopolítica (Garretón, 2002; 22).

La identidad étnica, la tradición, las fronteras de un territorio, nada de esto es natural ni permanente, son construcciones sociales que pueden reinventarse y reconstruirse. La reivindicación de la identidad étnica suele venir ligada a la defensa estratégica del territorio, entendido como espacio construido socialmente: más que una cosa, es una construcción simbólica, lo cual ha motivado proyectos políticos en los que se utilizan las fronteras del territorio para tomar distancia o emanciparse de otros grupos (Castillo, 2006; 231). Un proceso de descomposición de una matriz sociopolítica, como lo fue la disolución de la antigua Yugoslavia, trajo consigo el reavivamiento de todos los odios étnicos que se hallaban latentes en la población de los Balcanes, entre serbios, bosnios, croatas y albaneses.

La idea que aquí se quiere presentar es que los conflictos por reivindicaciones étnicas que se están viviendo en Ucrania, entre ucranianos y la minoría rusoparlante, responden precisamente a eso, al trastorno que se ha generado en la matriz sociopolítica de dicha sociedad, la cual se ha polarizado entre prorrusos y proeuropeos. A manera de contextualización, se puede comenzar diciendo que Rusia y Ucrania no solo son naciones vecinas, sino que hasta hace no muchos años formaban parte de la misma unidad sociopolítica: la URSS. El vestigio de estos años de historia común fue un profundo nexo entre ambos países, en lo económico, en lo político, en lo cultural… el nexo se había mantenido considerablemente fuerte hasta cuando se puso sobre la mesa la posibilidad de que Ucrania se incorporara a la Unión Europea. Si se observa la ubicación de Ucrania en un mapa, se puede notar que es un punto medio entre dos gigantes: la Federación Rusa y la Unión Europea, y como si se tratara de cuerpos celestes, la fuerza de gravedad de estos dos soles está llevando a Ucrania a la desintegración, por la vía de las reivindicaciones étnicas, tal y como sucedió con la antigua Yugoslavia.

Hasta noviembre de 2013, el presidente de Ucrania era Víktor Yanukóvich, militante de un partido prorruso llamado Partido de las Regiones. El 20 de noviembre el gobierno de Yanukóvich decidió suspender la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea. Con Rusia se intercambiaban bienes de alto valor agregado, mientras que con Europa el negocio consistía en exportar cereales, y si se firmaban los acuerdos con la UE se debían asumir sus estándares de producción, que para muchos productos (entre ellos los de la industria militar) son incompatibles con los de fabricación rusa (Bonet, 2013), así que en un cálculo de costo-beneficio, parecía que lo mejor era no ingresar a la UE, lo que inevitablemente significaba mantenerse cerca de Rusia.

Fue entonces cuando comenzó el Euromaidán, siendo el maidán (la plaza) la sede de una serie de manifestaciones y revueltas a favor de la integración de Ucrania a la UE. Euromaidán no es un movimiento unido y centralizado, con una doctrina única, con un solo líder, en Euromaidán se expresaron todos los grupos de poder proeuropeos, desde partidos políticos hasta organizaciones neonazis. Como puede notarse, no se trata de un movimiento prodemocrático, que tenga como objetivo derrocar a un dictador, como sí sucedió en algunos países de América Latina o, más recientemente, en la serie de revueltas que fueron llamadas “Primavera Árabe”. Tampoco se trata de un movimiento de clase, que reivindique a la clase trabajadora, como tantos que hubo en los siglos XIX y XX.

En el mundo actual, que se caracteriza por la globalización y la interconexión que existe entre las naciones, es de vital importancia la conformación de bloques (G-8, BRICS, Alianza del Pacífico son solo unos pocos ejemplos), prácticamente ninguna nación está completamente aislada frente al mundo. En este contexto se puede comprender el único objetivo que es realmente claro en las revueltas del Euromaidán: la integración de Ucrania al bloque económico europeo, que necesariamente implicaba el alejamiento y el enfriamiento de las relaciones con la vecina Rusia.

La sociedad ucraniana se polarizó, los unos empezaron a identificarse en oposición a los otros, pero los prorrusos y los proeuropeos no están distribuidos al azar en el mapa de Ucrania, sino que todo depende de la región de procedencia: las revueltas y las manifestaciones a favor de la UE se concentraron en el oeste y en Kiev, y las expresiones a favor de Rusia han surgido principalmente en el este y el sureste.

En este proceso de lucha y cambio social que tuvo su epicentro en Kiev, la acción colectiva llevada a cabo por los proeuropeos, a pesar de no tratarse de un movimiento monolítico sino heterogéneo, tuvo el suficiente nivel de organización y la suficiente continuidad en el tiempo como para desestabilizar el gobierno de Yanukóvich y conseguir que éste abandonara el país, el cual quedó al mando de un gobierno interino, ultraderechista y proeuropeo. Desde entonces es como si existieran dos Ucranias, porque la reacción inmediata por parte de la minoría rusoparlante fue desconocer al nuevo gobierno nacional e iniciar lo que podríamos llamar “movimiento de reunificación con Rusia”, el cual hace parte de la explosión de identidades adscriptivas o comunitaristas para la que se ha prestado la civilización global (Garretón, 2002; 11), pues se trata de actores identitarios, su referencia principal es la categoría social a la cual pertenecen, más que seguidores de una ideología o realizadores de alguna función o miembros de una profesión, ellos se reivindican como rusoparlantes de Crimea o de Donetsk.

Es así como las revueltas del Euromaidán terminaron engendrando un conflicto donde, como se decía al principio, se han combinado la identidad étnica y la defensa del territorio, motivando proyectos políticos en los que se utilizan las fronteras del territorio para tomar distancia o emanciparse de otros grupos.

Si bien las expresiones de acción colectiva del Euromaidán y de la reivindicación étnica rusa buscan fines totalmente distintos, los repertorios de protesta no se diferencian mucho: revueltas civiles en las calles y toma de edificios públicos estratégicos como ayuntamientos, con la continuidad y la organización suficientes como para desestabilizar a las autoridades y reemplazarlas por otros líderes. Entre los grupos étnicos ruso y ucraniano es evidente que se recurre cada vez más al nacionalismo, al regionalismo exacerbado, a las armas contundentes, a los cocteles molotov, en fin, de parte y parte se incita a la violencia y ninguno de los bandos parece estar demandando paz.

En resumen, tanto el Euromaidán como el movimiento de unificación con Rusia expresan el trauma que vivió la matriz sociopolítica de la sociedad ucraniana, cuando un gobierno tuvo que escoger entre Rusia y Europa. Posiblemente, fuera cual fuera la decisión del gobierno, habría generado ese impacto, porque una decisión de esa dimensión inevitablemente afectaría toda la configuración de las relaciones entre Estado, partidos políticos y sociedad civil, teniendo en cuenta que ahora hay que hablar de una sociedad civil profundamente dividida por diferencias étnicas, lingüísticas y regionales.

Cada grupo, los prorrusos y los proeuropeos, ha encontrado la mejor manera de aprovechar la descomposición y recomposición de dicha matriz sociopolítica. Hasta ahora, el mayor logro de quienes participaron en el Euromaidán ha sido derrocar al presidente Yanukóvich. En cuanto a los rusoparlantes, su mayor logro ha sido el referéndum de Crimea, cuyo desenlace fue la reunificación de Crimea con Rusia, un desafío por parte de una minoría que se empezó a sentir amenazada y en riesgo de limpieza étnica, y que utilizó sus fronteras (como construcción social que puede reinventarse) para tomar distancia de Ucrania (y particularmente de la etnia ucraniana) y acercarse a Rusia, donde al parecer les ofrecían un poco más de seguridad y protección.

Bibliografía
Garretón, Manuel Antonio, “La transformación de la acción colectiva en América Latina”, en: No. 76 de la Revista de la Cepal. Abril 2002.
Bonet, Pilar. “Las dos Ucranias frente a Europa”, El País, 29 de noviembre de 2013. Consultado el 9 de abril de 2014 (en español).

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