Trump presiona con una mano y recibe el petróleo de Maduro con la otra

Estados Unidos apretó las sanciones económicas y la presión política pero sigue comprándole a Venezuela el 9% del petróleo que importa

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Enero 11, 2019
Trump presiona con una mano y recibe el petróleo de Maduro con la otra

Hacia el mediodía del jueves 10 de enero, Nicolás Maduro, luciendo ya la banda presidencial, inició su discurso de posesión mostrando a todos una diminuta Constitución Bolivariana en la que leyó al pie de la letra el artículo 231 para confirmar la legitimidad de su investidura. “Punto seguido”, dijo al cabo de la primera frase. “Porque el punto seguido es muy distinto al punto aparte”, continuó. Lo que vino después del punto aparte fue que Venezuela es el centro de una “guerra mundial” impulsada por Estados Unidos y sus países satélites. Una clara alusión al Grupo de Lima, que dos días antes había desconocido su mandato –con excepción de México- y renovado sanciones contra su gobierno. Dos días antes, también, Estados Unidos había añadido siete a la lista de sancionados, incluida la extesorera de la Nación y el dueño de Globovisión. Sin tocar el petróleo. Porque a estas alturas Venezuela sigue siendo el tercer proveedor de crudo de Estados Unidos (9 %) después de Canadá (41 %) y Arabia Saudí (14 %), según la Agencia Internacional de Energía (AIE).

La paradoja en el aire es que el gobierno de Estados Unidos emita constantemente sanciones al régimen de Maduro para restablecer la democracia en Venezuela, pero al mismo tiempo continúe comprándole petróleo y enviándole gasolina.

Chevron fue uno de los tres compradores de crudo venezolano el año pasado

 

El año pasado Venezuela le vendió 500.013 barriles diarios a Estados Unidos, según datos de Refinitiv Eikon y la Administración de Información estadounidense, citados por Reuters. Los tres grandes receptores de ese crudo fueron Citgo Petrolum, que es la unidad de refinación de Pdvsa, Valero Energy, y Chevron la multinacional que con Texaco formó ChevronTexaco, y actualmente es Chevron Corporation.

Esas ventas fueron 15 % menos que en el 2017, la tercera parte que hace cinco años y el nivel más bajo desde 1989. Por la brutal caída de la producción que apenas supera el millón de barriles (1,13 millones por día) cuando eran 2,27 millones en 2016 y 3,2 millones en 2008. Desde mediados del 2017 está disminuyendo casi 10 % trimestralmente lo que llevó a que el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, dijera recientemente que la producción de crudo de Venezuela está en “caída libre” y que pronto podría estar debajo del 1 millón de barriles por día.

El caso es que durante los cinco años del gobierno de Nicolás Maduro ha quedado prácticamente destruida la industria petrolera. Pdvsa está en manos de militares como el general Manuel Quevedo de la Guardia Nacional desde noviembre de 2017, más de 50 gerentes de la petrolera están en la cárcel, y la administración ha pasado a las manos inexpertas de los militares. La mala gestión se suma a la deuda, a las sanciones financieras de Estados Unidos, y a que este año la que fuera gigante de la industria mundial tuvo que afrontar, una confrontación con la multinacional ConocoPhilips. Los resultados han dado pie para afirmar, con sorna, que entre los militares, la deuda y la crisis con las multinacionales energéticas, ya se ha hecho el papel del embargo.

Manuel Quevedo, general de la Guardia Nacional está al frende de Pdvsa desde noviembre 2017

 

Una producción de menos de un millón de barriles que aventura la AIE es una cifra dramática si se tiene en cuenta que el 96 % de los ingresos de Venezuela provienen del petróleo. Y la importancia de las ventas a Estados Unidos es mayúscula dado que es su principal destino de exportación -incluso por encima de India y China-, que ellas son el 45 % de la producción y representan algo más de dos terceras partes de sus ingresos. Porque el gobierno de Donald Trump es el único, con India, que le paga a Venezuela en efectivo. China está cubriendo la vieja deuda de 50.000 millones de dólares y los demás, como Cuba, devuelven bienes y servicios. A su otro aliado, Rusia, le importa más la posición geoestratégica de Venezuela, el oro del Amazonas y la Faja del Orinoco, aunque a su favor está el haberle ayudado a Maduro a crear la criptomoneda.

Las razones por las que Donald Trump no se ha decidido a dejar de comprar petróleo a Venezuela empiezan por aquellas de quienes sostienen que cortar los ingresos al exportador de Opep significaría ahondar una crisis humanitaria que totaliza tres millones de migrantes -cifra de Acnur-, en una economía que según el Fondo Monetario Internacional se contraerá 18 % este año y que en el 2019 soportará (¿?) una hiperinflación de 10.000.000 %. Difícil de sostener la tesis humanitaria cuando Trump sigue empeñado en levantar el muro con México, y separa a niños de sus padres en la frontera.

Más convincentes son las razones que ligan las consecuencias de un embargo de Estados Unidos al mercado del petróleo. Sanciones adicionales enviarían un fuerte mensaje a riesgo de generar más instabilidad en los mercados de suministro, dice la revista Forbes, según reportes de GlobalData. No se necesita ser muy suspicaz para intuir cómo se complicaría el juego geopolítico con los sedientos compradores de crudo buscando evitar las sanciones y los adversarios de Estados Unidos buscando la manera de sacar ventaja. Para empezar, qué haría China, el rival en la guerra comercial al ver que Venezuela no puede pagarle su enorme deuda, y si con India buscara proveerse en Arabia Saudí o Rusia, el archirrival político que se sentiría víctima por las inversiones que sus empresas han acordado hacer en las cuencas venezolanas.

A ello, y más importante aún, es que Trump acaba de imponer nuevamente el embargo a Irán y sucede que Irán y Venezuela abastecen uno de cada 20 barriles en el mercado. Cerrar ambos grifos a al tiempo sería un golpe a la oferta que elevaría los precios y frenaría el que ya da síntomas de ser un alicaído crecimiento económico mundial.

Businnes are business. Y más en manos de un empresario como Donald Trump. Por eso es probable que el embargo siga entre el tintero, y que las sanciones no sigan en el camino de restringir los seguros a los cargamentos de Venezuela, poner talanqueras al financiamiento, o prohibir las ventas de crudo liviano que se mezclan con los pesados venezolanos para prepararlos para la exportación.

Maduro, que ya ha intuido la posibilidad del embargo, ha salido al paso echando un farol “El día que ellos no quieran que le vendamos nuestro petróleo, agarramos nuestros cachivaches y […] vendemos todo nuestro petróleo a Asia, no tenemos problema”. Punto seguido.

Nicolás Maduro ha destruido la industria petrolera nacional, que le aporta el 96% de los ingresos al país, sin necesidad de un embargo ni bloqueo internacional decretado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sino dejar que Petróleos de Venezuela (Pdvsa) colapse por sí misma

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