Tres poderosos tuiteros ganaron el domingo

La fuerza de las redes, las encuestas y la opinión ciudadana cambió la dinámica electoral y abrió nuevos caminos para conquistar electores sin maquinaria

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mayo 28, 2018
Tres poderosos tuiteros ganaron el domingo

La jornada electoral del 27 de mayo de 2018 pasará a la historia del país como el antes y el después de la política tradicional.

Son muchas las enseñanzas que deja el final de esta primera etapa de la contienda electoral por la presidencia de la República.

1) El poder de los canales digitales

Tres candidatos, Petro, Duque y Fajardo demostraron que ahora la plaza pública son las redes sociales.

Ellos basaron sus campañas en el voto de opinión, hoy dos de ellos tienen el tiquete a segunda vuelta y el tercero; Fajardo, estuvo a pocos votos de ganarle a Petro.

A su manera, cada uno de ellos convirtió su comunicación digital en el contacto, sin intermediarios, con su audiencia.

Por ejemplo, Álvaro Uribe, mentor de Iván Duque sigue decidiendo, a punta de Twitter los destinos políticos del país.

Se eligió él, transformó la constitución y se reeligió, eligió a Santos en su primer periodo, estuvo a punto de elegir a Zuluaga frente a Santos en el segundo y tiene a Duque a las puertas de la Casa de Nariño, solo y sin el apoyo de la otrora llamada “gran prensa”.

Por su parte Fajardo hizo una campaña digital sencilla pero efectista, aprovechó los espacios, leyó perfectamente al electorado, le faltó una semana de campaña para ganarle a Petro y olfateó como ninguno las oportunidades digitales tal y como lo demostró al ser el único en llegar al debate de la W a dos días de elecciones, para convertirse en el objetivo positivo de la periodista digital Vicky Dávila quien batió récord en Facebook con la transmisión del debate en el que solo una silla estuvo ocupada.

Su alianza con dos rockstar de las redes sociales, Claudia López y Angélica Lozano le aportaron votos por montones a una figura, que siendo un migrante, se asemeja a la de un nativo digital.

Petro por su parte decidió desde el principio que su comunicación sería al estilo Trump. “Conversaría” con la audiencia de manera directa y le haría la agenda a los llamados medios masivos. Así fue, a Petro teníamos que buscarlo porque él nunca nos buscaba a nosotros . Un debate sin Petro era una charla de pasillo.

2) El declive de las maquinarias

Costaba trabajo creer que alguien como Germán Vargas Lleras, no obstante su falta de conexión con la masa, pudiera caer a los sótanos de las cifras electorales de esa manera.

El país político lo sobre dimensionó desde el principio, Vargas nunca pudo despegar arrastrando con él a los súper poderosos electorales en las regiones.

El famoso “coscorrón” al hombre que daría la vida por él, su escolta y aún peor, las excusas mal concedidas a Ahumada lo persiguieron como una sombra durante toda la campaña.

El episodio de las “preguntas chimbas” en la entrevista con Yolanda Ruiz en Rcn radio refrescaron la memoria de muchos y confirmaron la personalidad volcánica de un candidato al que era difícil de vender en audiencias que ya no aceptan órdenes.

El caribe colombiano es una muestra inequívoca de ello, electores potentes como Luis Miguel Cotes en el Magdalena, Arturo Char en Atlántico, Lidio García en Bolívar, por ejemplo, no pudieron remontar las cifras negativamente abrumadoras del voto de opinión de Petro que crecía exponencialmente en una región a donde no iba en otras épocas a cosa distinta que a vacacionar.

3) El voto de opinión

Ese fenómeno que demuestra que quienes cambiaron fueron los electores y no los elegibles marca la pauta de lo que será la política en adelante en el país.

Está claro a futuro que el gamonal que elija al candidato equivocado para exponerlo a una elección regional puede estar expuesto a la derrota.

Los electores observan y deciden ahora en un país híper conectado y supra informado donde las maquinarias importan menos.

La gente, con su herramienta digital en mano o sea su teléfono móvil, comenta, expone, explica y transmite a través de canales como WhatsApp en un ejercicio de persona a persona que pesa más que cualquier editorial.

Un meme, que son las caricaturas de estos tiempo, es más efectivo que un discurso, la plaza pública son las redes sociales y los predicadores del futuro político algo muy parecido a unos charlatanes.

4) El poder de las encuestas 

Las encuestas y los encuestadores se jugaron su pasado y demostraron que quienes se equivocan son los lectores de ellas que las utilizan para, aprovechando el protagonismo de las redes sociales, mostrar solo lo que les interesa.

La falta de conocimiento sobre las fichas técnicas, el uso de los resultados sin análisis hizo que cada cual interpretará de las encuesta lo que les interesaba y lo trasmitirá de esa manera.

La estructura legal de la política electoral de Colombia que más que proteger al elector lo confunde, impide que este conozca el día a día del proceso. El llamado silencio electoral está condenado a desaparecer.

Las audiencias políticas maduraron y se demuestra con la jornada de este domingo. Pensar que una encuesta le cambia la idea sobre un candidato a un votante, que ya no es un borrego, es quedarse en el país del Frente Nacional donde las decisiones las tomaban otros.

5) La guerra ya no es insumo, la paz tampoco

Poco o nada parece importarle a los electores de este domingo el pasado tormentoso de violencia del país cuando votar, muchas veces, era un acto de valentía.

Las nuevas generaciones electorales no votan por lo que pasó sino por lo que viene; no de otra forma se puede explicar las penosas cifras de electores de Humberto de la Calle.

Si el país fuera el mismo en política, De la Calle por su aporte a la paz, hubiera sido elegido presidente en primera vuelta el domingo 27 de mayo y no sería hoy la figura anodina en la que lo convirtió el rosario de errores cometido por su partido que empezó mal con una selección entre dos candidatos que costó al erario público cerca de 40 mil millones de pesos, una decisión que pudo tomarse según los analistas en un café de mediodía.

Colombia, en síntesis, políticamente hablando es hoy otro país y es claro que si los elegibles no se sintonizan con los los electores saldrán del radar de quienes ahora toman las decisiones realmente, los ciudadanos.

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