Trapisondas democráticas sobre una sociedad sometida

La política colombiana es, por decir lo menos, controversial. Una crítica dirigida especialmente al Centro Democrático

Por: Octavio Cruz González
julio 28, 2021
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Trapisondas democráticas sobre una sociedad sometida

En Colombia, desgraciadamente, existe el movimiento político más indecente que se pueda conocer y conseguir sobre el planeta entero, denominado maquiavélicamente por su fundador —quien al mismo tiempo es catalogado por sus adeptos y seguidores como el mismo nivel de un mesías— como Centro Democrático; cuando en realidad no es ni una cosa ni la otra, pues desde su nacimiento se ha caracterizado por los eufemismos, las trapisondas, las trampas, las mentiras, los engaños, la violencia, los malos tratos, las componendas, las malas compañías y el uso de ilicitudes de todo tipo. Aun así, no se cansa de manipular y seguir sometiendo al país a sus manejos antisociales, convencidos del altísimo nivel de indiferencia, ineptitud y desmemoria que exhibe nuestra sociedad a modo general y mucho peor a título individual.

Desde cuando apareció en la escena política no ha cesado de dominar, a las buenas o a las malas. Cada quien debe escoger el camino, las circunstancias de modo, tiempo y lugar en su manera de estructurar sus objetivos, encontrando en la burguesía criolla el caldo de cultivo ideal para ensañarse, y amoldarse sobre el resto de la sociedad, pues entre ellos hubo empatía inmediata, pudiéndose explayar con sus inequidades, además de poder poner en práctica la aplicación de todo tipo de injusticias sociales, desde la cooptación de todas las instituciones del Estado hasta la implementación de las ilicitudes más despreciables, desmontando a su paso al Estado social de derecho, un estorbo, y un requerimiento para alcanzar sus metas. Después se percató de la inmoralidad recalcitrante de las clases políticas y económicas, ávidas de más poder y más riquezas, engranándose fácilmente con ellas, y así poner en marcha el mecanismo ideal para el despojo y la explotación general.

Igualmente, ha ocurrido lo mismo con los industriales, comerciantes, grandes o pequeños, con la mayoría de partidos políticos, con los agricultores y ganaderos, a través de sus asociaciones, generando el marco de inmoralidad y corrupción en el que se está descomponiendo todo el Estado y la sociedad, los pocos que se han llegado a oponer a este clima de ilegalidad son de inmediato confrontados por medio de sus brazos armados, compuesto de sicarios, mercenarios una amplia gama de delincuentes y asesinos, como a través de los medios de comunicación exclusivamente a su servicio, o por medio de las instituciones legales que han sucumbido a su poder, sea la propia rama de justicia, el ejército o la policía, pues desde el mismo comienzo de sus acciones ya más del 30% del congreso había sucumbido a su manejo arbitrario y violento, sumando lentamente al resto.

Mientras corre el tiempo, en este modelo de escenario, todas las instituciones del Estado caen poco a poco en manos de partidos y personajes políticos designados y señalados para cumplir esa función: hacer de esquiroles y estafetas sobre una sociedad sin capacidad de reacción ni de fuerza ética y moral para enfrentárseles.

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