En este país de absurdos, la multa de $834.000 a un joven que solo tenía hambre nos puso a pensar en todo lo que está mal con la aplicación del Código de Policía

 - ¡Todo por una empanada!
Hace unos días, en la ciudad de Bogotá, un humilde ciudadano acosado por sus jugos gástricos se acercó a un ventorrillo —o puesto de comidas rápidas— en un sitio público, donde a unos cuantos metros había varios gendarmes en aparente actitud distraída y displicente. Después de pagar por una empanada y darle el primer mordisco, los policiales se acercaron y le impusieron una multa por valor de $834.000 por supuestamente por "promover" estos negocios en zonas prohibidas... nada más estúpido y falto de sindéresis. La multa fue perversamente prefabricada por los uniformados, que indujeron en error al ciudadano con su actitud complaciente y permisiva.

Por otra parte, el vocablo "promover", que utiliza el Código de Policía, debe entenderse como: promocionar, divulgar, invitar o publicitar mediante cualquier medio estos puestos de comestibles en sitios prohibidos. Con esto en mente, la compra de una vianda, pastel de maíz y carne, comúnmente llamada empanada, no se transgrede la norma policial. Hay falta de tipicidad y antijuricidad... parece ser que lo que realmente causó la reacción de los agentes del orden fue la ingesta exagerada de guacamole, haciendo alusión injuriosa al color de su uniforme.

Conscientes del grave problema social que se enfrenta, proponemos que se sustituya dicho artículo por el del siguiente tenor: "Del porte, tráfico, distribución, almacenamiento y consumo de empanadas y aditamentos para las mismas"… "El que porte, distribuya, almacene, venda o consuma bollos de maíz con carne, pollo, huevos u otras sustancias, conocidas como empanadas y sus aditamentos (ají, guacamole, salsa rosada u otra), será sometido a dieta forzada contra el colesterol durante 6 meses y el comiso de todos los elementos utilizados para este fin".

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