Todo lo que tiene que saber del caso de Aída Merlano

El proceso de Aída Merlano se escala por detalles de origen, caracterización y contexto político de la ex senadora hoy presa en Venezuela a mano de Nicolas Maduro

Por: Carlos Alberto Agudelo Arcila
febrero 11, 2020
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Todo lo que tiene que saber del caso de Aída Merlano

El proceso Aida Merlano Rebolledo, en sí no tiene mayor relevancia si no fuera por el inesperado caso Merlano. Me explico, ya se dio en Colombia una condena de 15 años contra esta excongresista, “por los delitos de concierto para delinquir agravado, corrupción al sufragante y tenencia ilegal de armas, ligados a una red de compra de votos en las elecciones legislativas, en marzo de 2018”. Todo sucedía normal, solo era un nombre  más en la muchedumbre carcelaria, por lo menos así aparentaba ser.

Pronto pocas personas se acordarían de esta penitenciaria. Tendría rebaja en su condena por trabajo, estudio, buen comportamiento y otras prebendas, entre ellas el derecho a la libertad condicional cuando cumpliera las 3/5 partes de la sentencia. Ante estas circunstancias cabe preguntarse: ¿Por qué se escapó? ¿Amenazas de muerte? ¿Todo se conjugaba en una conspiración política de alto vuelo? ¿…?

Origen político de Aida Merlano:

En el departamento del Atlántico surgió esta mujer codiciosa, con gracia física, naturalezas las cuales supo usufructuar con vehemencia. Sedujo el cacicazgo de su entorno, a personas ingenuas para convertirlas en sus seguidores. En la adolescencia emprendió su conquista política, económica y social, en una región esgrimida por las familias Gerlein, los Char, los Nema Tehran, generadoras de patrimonios económicos exorbitantes y de dirigencias políticas insólitas. La joven Aida Merlano adquirió la destreza de captar votos en los barrios de barranquilla, por este motivo se le llamó la mochilera. Con este talante le prestan atención y empieza a ser apadrinada por los dominadores de la comarca. De un momento a otro se convierte en amante de Julio Gerlein, en representante a la cámara y por último en congresista. Con vivacidad Aida Merlano se dejó pulir en el mundillo de la politiquería, hasta dar saltos cuánticos en este ambiente. Así surgió la utilitarista.

El primer capítulo de este guión tiene un final sin espectacularidad alguna. Salvo el de ver a una senadora descender desde el tercer piso, con la ayuda de una soga, para luego fugarse en una moto, sin dejarle rastro alguno a la “inteligencia” de la policía colombiana, toma  reparada para cine de éxito con calidad cuestionable, como se dice en el idioma cinéfilo: tipo de película Blockbuster.

El inesperado caso de Aída Merlano:

A los pocos días del escape de Aida nos olvidamos de este suceso trivial. De improviso algún desocupado hacía la pregunta, como muchas lanzadas en algún café o en una plaza de mercado, respecto a su paradero, y con un encogimiento de hombros, respuesta categórica, el tema concluía. Ya había perdido resonancia esta tramoya, hasta el momento de confirmarse la recaptura de nuestra compatriota en Venezuela. Este episodio mutó el proceso penal en un caso diplomático de gran transcendencia, entre las dos poblaciones deshermanadas.

En consecuencia, el caso Merlano aumentó la conflagración estatal entre nuestra nación y el país limítrofe. Paradójico porque es minúsculo el aporte intelectual de Aida en estrategias supremas. Este acontecimiento policial, por obligación ya blindado por estamentos diplomáticos, me parece notable a causa de servir para bajarle la soberbia a Uribe-Duque, megalomanía exhortada por los imperios neoliberales y tantos otros regímenes desacertados del orbe. Quizá ayude a replantear el desdén del gobierno colombiano hacia su homólogo venezolano, demandar determinaciones menos pueriles en las relaciones públicas, no manipuladas por el despotismo de EE.UU. No continuar siendo cómplice de las bufonadas del títere juan Guaidó, cortina de humo instaurada por la hegemonía yanqui.

En ocasiones aparecen gobernantes con humor simplón. A nosotros nos toca tragar saliva con uno de estos zumbones, como es el presidente Duque, no pasaría la primera prueba del programa sábados felices, cuya última ocurrencia fue pedirle al hazmerreír venezolano, al cantinflesco gobernante interino, al baldragas sin silla, sin mando ni sitio para sentarse a gobernar, al cantamañanas porque cuanto dice es lenguaje falso, la extradición de la coterránea aludida. Esta trama da para todo tipo de disquisición. Libreto mal escrito, sin juicio profundo, repleto de reiteraciones incoherentes, cuya lectura sirve para ser entendida como un ataque contra la democracia. Si por democracia se concibe “la forma de gobierno que se basa en la voluntad popular”, el presidente Nicolás Maduro, quien ganó con el voto público, es un gobierno legítimo, así tenga en dificultades económicas a la población, igual de grave o peor sucede en nuestra país, por lo tanto sería urgente un gobernante interino colombiano. Un presidente serio, razonable, responsable jamás llegaría a
la arbitrariedad de acudir a este autoproclamado personajillo de la patria colindante, para pedir en entrega a uno de sus compatriotas. Si al
gobierno colombiano le urge traer a esta evadida, está obligado a reconocer un diálogo diplomático con el gobierno indiscutible, aunque
sienta repulsión, en diplomacia es inadmisible sentirla. Ahora, ¿le interesa la repatriación a Uribe- Duque, y al aspirante a la presidencia del Congreso el señor Arturo Char, al mismo clan Gerlein? No. Algo grave sucede entre bastidores.

¿Dónde radica la importancia del caso Merlano? En ser una especie de florero de Llorente, hasta darse un grito de victoria institucional. En demostrar, de manera expedita, la no validez del gobierno interino de Juan Guaidó. En desarrollar la lógica política como salvaguarda de la democracia. En poner contra la espada y la pared a los mandatarios UribeDuque. En ser humilde y pedir la expatriación al gobierno de Nicolás Maduro y con este proceder aceptar su soberanía. En la consolidación de la libertad, al ser respetuoso de las normas jurídicas internacionales. En asentar el precedente de darle vuelta a la tuerca y traer a la sentenciada, para confrontar la realidad del manejo delictivo de las arcas públicas, de la monstruosa corrupción en tiempos electorales, de los vicios políticos los cuales conllevan a postrar al pueblo en la miseria total y desenmascarar la podredumbre en nuestra patria, una de las más corruptas del orbe.

Este aprieto plenipotenciario, también puede reflejar con nitidez el actual descalabro político y constitucional de “nuestro” gobierno, al sostener la falsedad de la jefatura interina de Juan Guaidó, de por sí otro caer de rodillas del limitado Duque. El conflicto se agrava, debido a la inhabilidad y el criterio presuntuoso de un gobierno colombiano empecinado en mostrar sus fauces, sin otro argumento del de estar en contra de la tiranía, de la pobreza de Venezuela, mientras en nuestro suelo imperan complicaciones análogas. Si los actuales mandatarios de Colombia persisten en una guerra diplomática, los mayores perdedores van a ser el presidente Uribe y su administrador Duque. Los colombianos exigimos no más torpezas, no continué don Iván siendo un hazmerreír, no siga rigiendo sin discernimiento, sin habilidad de estadista, con ese entusiasmo de tamborilero, deje de ser ya el niño resabiado de la burguesía colombiana.

El caso Merlano nos tiene en ascuas. Esta película todos los días mejora sus tonos de 3D. Ya se habla de pedirle a la Interpol la extradición, otro fiasco diplomático del aprendiz Duque. Acudir a esta policía internacional es igual a rogarle al patrullero X deje en libertad a un preso sobrepasando el mandato de un juez, abriendo la celda sin un mandato superior, así sea este servidor público un general, sería un violador de los mandatos constitucionales. La interpol solo es una policía mundial, no puede actuar sin la orden, en este caso, de un magistrado supremo de la nación. Y esto porque Aida Merlano ya es reo natural de las instancias jurídicas venezolanas, porque se le imputaron los cargos de usurpación de identidad, uso de documentos falsos, asociación para delinquir, delitos suficientes para ser condenada y ningún país podrá contravenir esta soberanía de las leyes estatales de Venezuela. Mejor dicho, amarrado el caso. Por lo tanto es absurdo pensar en un secuestro, de parte de Maduro, porque de manera perspicaz la excongresista nuestra cometió varios crímenes en Venezuela, y como ella misma dice, se siente más segura en la cárcel de este país…

Con el caso Merlano Maduro está demostrando su soberanía constitucional. Por esto dicha mujer pasó de ser un 0 a la izquierda a una izquierda con sus ceros bien puestos. Aida ya está desenmascarando a muchos políticos corruptos de la Costa Atlántica, de Colombia, a varios expresidentes. Desde luego, todas estas costumbres sombrías de sobra la sabe la gente nuestra, no obstante la paisana está lavando los trapos sucios en una charca, donde menos le conviene a la sucia democracia colombiana. Con esta faena, Nicolás se siente feliz porque se está reafirmando el ejercicio perverso el cual ejerce con cinismo, desde hace más de doscientos años, el sistema republicano de Colombia.

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