“Tenemos que prepararnos para el Postconflicto y las comunidades para la reintegración de los combatientes a la vida civil”

Gonzalo Murillo, director de la Red de Programas de Desarrollo y Paz, habla del nuevo rol en un país de cara a la paz.

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agosto 16, 2013
“Tenemos que prepararnos para el Postconflicto  y las comunidades  para la reintegración de los combatientes a la vida civil”

Gonzalo Murillo se entusiasma cuando habla de la Redprodepaz de la que es su director. Esta acaba de ser premiada, como la Organización No Gubernamental con mayor compromiso y responsabilidad social empresarial en el país por su trabajo en los 19 programas de Desarrollo y paz. El primero, el Programa de desarrollo y paz del Magdalena Medio, nació en los años 90, liderado por el Padre Francisco De Roux y fue el programa piloto que posteriormente tomó forma, con sus particularidades en las distintas regiones del país.

León Valencia (L.V): ¿Cómo operan los Programas de desarrollo y paz en las distintas regiones?

Gonzalo Murillo (G.M): La Red trabaja desde el territorio, a partir de la gente. Tiene cinco temas estratégicos: paz y derechos humanos relacionados con población desplazada, con víctimas del conflicto, con la necesaria protección a derechos fundamentales; desarrollo humano integral sostenible que está orientado hacia desarrollo rural; tierras y territorio, que es hablar de derechos colectivos sobre las propiedad campesina; educación y cultura que está relacionado con el tema de reconciliación, lo que implica finalmente un reconocimiento de las particularidades de cada territorio y la gobernabilidad democrática, muy enfocado a la participación ciudadana.

L.V: Estuvimos durante ocho años más en una política  de seguridad democrática y de solución militar del conflicto. Se cambió hacia una política de negociación, ¿esto que significa frente al rol de la Redprodepaz? ¿Qué ajustes habría que hacerle?

G.M: Durante el tiempo en que no se podía hablar ni de paz,   ni siquiera de conflicto, buena parte del que hacer de los programas estuvo volcado hacia paz y derechos humanos, tratando de defender y de proteger la vida de la gente y de acompañar todos esos procesos de resistencia y de organización de las víctimas y de reclamaciones de tierras. Digamos actuábamos muy  a la defensiva. Hoy en día estamos concentrados en temas estratégicos como los de gobernabilidad democrática que tienen que ver con incidencia política en términos de los objetivos estratégicos de la Red. Temas estratégicos que cobran mayor importancia porque ya hay un escenario que de alguna manera reclama y valora los aprendizajes acumulados en el tiempo que  se vuelven muchos más pertinentes y oportunos. Antes no existían esos escenarios y  actuábamos más a la defensiva y en protección de derechos.

L.V: ¿Cuál va a ser el papel de Redprodepaz en la aplicación de los acuerdos que salgan de La Habana. ¿Van a hacer alguna apuesta?

G.M: Pues pareciera como una consecuencia lógica de lo que ha venido haciendo la Red. Monseñor Leonardo Serna define el que hacer de los Programas de desarrollo y paz como es una especie de anticipo al postconflicto. Nosotros como Red siempre hemos sostenido que finalmente son las comunidades organizadas las que tienen que generar los espacios para la reintegración de los combatientes a la vida civil y eso es una decisión eminentemente comunitaria. El gobierno ni ninguna otra entidad puede decir recíbalos, acójalos, tiene que ser fruto de unos espacios donde las comunidades organizadas deliberen y valoren las implicaciones. Muchos de los acuerdos que se concreten podrán enmarcarse dentro de los proyectos que se vienen ejecutando o que se pueden ejecutar y es así como nosotros podremos acompañar para que la gente  encuentre oportunidades en la vida civil y puedan estructurar y desarrollar sus planes de vida, en conjunto con las comunidades que habitan los territorios.

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El padre Francisco de Roux S.J (centro) es el hombre que acompañó desde su nacimiento a los Programas de Desarrollo y Paz en el país. Es tal vez quien más conoce a fondo el del Magdalena Medio, el Programa más experimentado de los que hacen parte de Redprodepaz. Foto: El Tiempo.

L.V: Entre los participantes en los Programas de la Red, vi a muchos con  interés de jugar en política, de participar en las elecciones municipales  y en las nacionales.

G.M: Sí. Es un tema polémico porque ni la Red ni los programas se quieren constituir en  partidos, ni en alternativas políticas, pero se entiende que debemos hacer todo el acompañamiento a las comunidades y a los líderes de esas comunidades en los nuevos caminos que se abren y que en la medida en que sientan que tienen  legitimidad y representación puedan acceder a los diferentes cargos de elección popular, eso está muy claro dentro del proceso.

La pregunta es, ¿hasta dónde debemos llevar ese proceso? Porque finalmente lo que se comienza digamos a configurar en las regiones es como una especie de movimiento social  alrededor de los temas de paz, pero nos son los Programas de desarrollo  y paz los llamados a tomar las decisiones electorales en las regiones.

L.V: La Iglesia tiene una presencia importante en los programas en las regiones, ¿Cuál es su papel en esto?

G.M: La iglesia ha jugado un papel histórico en la construcción del estado y de la sociedad colombiana. El Estado le entregó amplias zonas del país para la evangelización, para que administrara prácticamente esos territorios. Es allí precisamente donde ha habido presencia del conflicto y donde quizás la única institución que tiene legitimidad es justamente la Iglesia. Allí no se puede trabajar sin el  concurso y una participación importante de la Iglesia, porque frente a esas poblaciones que han estado totalmente abandonadas por el Estado, la única presencia y el único acompañamiento y la única voz de aliento que ha tenido la gente es la iglesia católica.

L.V: ¿Ha existido tensión entre el Estado y los  Programas de Desarrollo y Paz?

G.M: El Estado puede sentir una suerte de celo institucional y llegar a considerar que los Programas de Desarrollo y Paz están supliendo la función que le correspondería cumplir, pero realmente de lo que se trata es de construir puentes entre una sociedad marginada muchas veces por la corrupción, por la violencia, por el clientelismo que ha impedido contar con una ciudadanía activa en la construcción del Estado. Nosotros creemos que esa población marginada debe participar activamente en la construcción del estado social del derecho, pero muchas veces eso puede generar cierto recelo y ser visto como una competencia con el Estado por los recursos. A veces se percibe que se suple la acción institucional, pero realmente lo que hacemos es intentar tejer puentes y no sustituir.

Nosotros sabemos que la sostenibilidad de estos procesos está en directa relación con el fortalecimiento del estado  democrático de derecho, porque es la única posibilidad para que esas expectativas de esa población que ha estado marginada tengan una representación a través de los diferentes instrumentos democráticos con que contamos

L.V: Y la guerrilla, en algún momento se propusieron diálogos  para resolver temas en las regiones donde tienen presencia los  Programas de Desarrollo y Paz, pero ellos no han bajado la guardia por ejemplo en el Magdalena medio, ¿cómo son las relaciones con la guerrilla?

G.M: Hay cuestionamientos éticos y políticos por el accionar de los actores armados, pues finalmente lo que los Programas de Desarrollo y Paz  plantean es que la autoridad no pude derivarse de las armas sino de una fuerza moral, de una fuerza ética que es reconocida de manera libre por los pobladores. Entonces claro, se dan  tensiones.

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