Tasajera, el espejo de una sociedad enferma

"Es completamente sencillo sentenciar desde la calidez. Comprender requiere de un poco más de esfuerzo"

Por: James Lozano Mercado
julio 08, 2020
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Tasajera, el espejo de una sociedad enferma

Unas cuantas cosas quiero comentar aquí, aunque sé que de nada vale y que quizás nada cambia, pero ajá. Hay que saber diferenciar dos conceptos:

- Una cuestión es la pobreza, o sea la condición del pobre como tal, que aplica padecer de escasez de productos o medios fundamentales para la subsistencia, donde en la mayoría de los casos (y esto lo respaldo porque provengo de tierra obrera y conozco la dignidad de aquel llamado pobre) a pesar de las circunstancias se sobrevive con lo poco, pero algo se tiene y ese algo permite darle cierta tranquilidad al espíritu, lo dignifica, permitiéndole al individuo crear en la consciencia límites morales que lo ayudan a convivir con la comunidad.

- Otra cuestión es la miseria, donde productos y medios son nulos, donde reina el olvido de Dios (es una metáfora) y la moral termina siendo una palabra que utilizan las personas que tienen con qué comer. La miseria empuja, degenera, consume. Como un perro con sarna buscará cualquier rincón donde arrastrarse y rascarse. No existe la consciencia, ni siquiera un lenguaje que pueda explicárselo, ni habrá paz en el corazón de aquel que la padece para entenderlo.

Ahora bie, creo que lo que no queremos aceptar es que vivimos en un país donde también vive gente en condiciones miserables. Si usted quiere juzgar, discriminar o hasta burlarse de lo sucedido, está en todo su derecho de expresarse, por lo menos así acepta orgulloso la condición en la que se encuentra, ya sabe cuál concepto le favorece y quizás no sea un pobre común, como la mayoría de este país, quizás sea un poco más privilegiado. Esto, por lo general, hace sentir tener más control sobre las cosas y a su vez (no sé por qué) hace creer que se tiene más conocimiento de ellas, pero no.

Cuando juzgamos el mundo sobre lo bueno y lo malo solo lo estamos dividiendo, además estamos desconociendo cómo en realidad se compone el universo. El mal y el bien, ambos, se encuentran dentro de todos. De hecho, el juzgar es un hábito de la sombra, no de la luz. Obviamente, la miseria conlleva más miseria y la prosperidad a más prosperidad. Pero no porque lo merezcamos siquiera, sino porque así funciona la naturaleza. Estamos en el otro lado de la moneda y por eso no nos cuestionamos los porqués, ni nos interesa, porque así es más cómodo.

Lamentablemente, nos hemos acostumbrado a eso y es fácil criticar los hechos productos de una condición, pero no al gobierno que los tiene sumidos en la miseria, al ladrón mayor, al monstruo más siniestro, porque lo que nos molesta es el malo pobre. El malo rico huele bien y le debemos tributo por eso. Es una moral distorsionada, llena de privilegios y con excepciones. Bien decía Nietzsche: "El que lucha con monstruos debe tener cuidado para no resultar él un monstruo. Y si mucho miras a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti". Esta situación es un claro ejemplo de esto. Solo podemos entregar lo que llevamos por dentro. El creerse bueno es peligroso, porque es un hábito lleno de indiferencia, discriminación y juicio. Empecemos a mirarnos hacia dentro, a ver si lo que nos incomoda nos aquello mismo que reside en nuestras entrañas, una moral débil.

Hay cosas que uno logra comprender solo siendo testigo del padecimiento o padeciéndolo, allí es donde radica sinceramente lo que es ser humano, cuando se tiene absoluta consciencia del bienestar del otro. Así mismo, cuando una crisis colectiva ataca y toca nuestros criterios es difícil tener una visión equilibrada, porque hemos estado dividiendo el mundo en dos bandos y pensamos que así es como funciona: los buenos contra los malos y viceversa. Nunca suponemos que cada uno somos una parte del todo, que también somos el otro. Ni siquiera sospechamos que para el otro quizás seamos el malo, porque tenemos lo que él no tiene y gozamos de derechos que a él se le han negado siempre.

Es completamente sencillo sentenciar desde la calidez. Comprender requiere de un poco más de esfuerzo, hay que estar dispuestos a aceptar que la mayoría de las cosas que pensamos están siendo gobernadas por un mundo que no es nuestro. Porque el "yo" es superficial y carece de experiencia. Mucha gente se muere a diario por decisiones estúpidas, porque han vivido dominadas por el inconsciente toda la vida, actuando bajo patrones de conducta determinadas por su mismo entorno. Hacerse cargo de nuestro propio funcionamiento mental y emocional es algo que implica entrenamiento, un entrenamiento que ni siquiera la educación nos brinda. La consciencia plena es un mito en nuestra aldea y se ve reflejado en este tipo de acontecimientos, donde es más fácil decir "el otro es el malo" que aceptar que estamos fallando como sociedad.

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