Opinión

El VPH de los Reyes Católicos

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diciembre 19, 2014
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Durante los últimos meses del año pasado seguí fielmente la serie Isabel de TVE.  Mi esposa se burlaba cariñosamente de mi interés en la Beltraneja, Juana la Loca, Cisneros, Felipe el Hermoso y otros personajes que ya pocos recuerdan.  Mi excusa era que esa historia es importante en estos tiempos de independentismo catalán y explicaba además el temprano manejo displicente y errado que le dio España a estas tierras de América. Teniendo ante ellos el Caribe y la Mar del Sur, nuestro Pacífico visto desde el istmo centroamericano, se preocupaban más por el Mediterráneo, el Reino de Nápoles, el Turco, etc.  Costosa ceguera histórica.

Al final de la serie muere la protagonista después de larga agonía. Se me ocurrió como médico: la causa es un cáncer ginecológico. Y acerté en mi diagnóstico según reciente artículo del ABC (“Un cáncer de útero acabó con Isabel la Católica, la reina más poderosa de su tiempo”, 11 de diciembre, 2014). La nota del diario español precisa que la soberana murió a los 53 después de sufrir fiebres por dos años, edema y úlceras de miembros inferiores con aumento de peso marcado. Al final sed permanente que se interpretó como otro signo de hidropesía o falla renal crónica. Los médicos que la trataron dejan testimonio de un tumor pero curiosamente no especifican su localización. “A causa del histórico recato de la Reina, se negó a poner bajo el tratamiento debido y a hacer pública su naturaleza”, añade el ABC.  Un médico contemporáneo rompió el secreto escribiendo que era “una fístula en las partes vergonzosas y cáncer que se le engendró en su natura”. En resumen, la gran Reina de Castilla fue una más de tantas mujeres que en la historia de la humanidad han muerto por neoplasia de sus órganos genitales, con gran sufrimiento psicológico y físico por pudor y atraso de la medicina en su época. Todavía hoy ocurren casos similares.

Cuando uno piensa en neoplasias femeninas típicas nos referimos usualmente a cáncer de mama, ovarios, endometrio o cuello uterino. Otros diagnósticos son menos frecuentes. La  historia clínica de Isabel no sugiere cáncer de mama.  En su historia familiar, madre y cuatro hijas que llegaron a adultas, no encontramos esta patología.

Lo que si es evidente en sus parientes femeninas es la frecuencia de trastornos del afecto, enfermedad maníaco-depresiva o depresión mayor en su madre Isabel de Portugal, su hija Juana la Loca y probablemente su otra hija Catalina la de Enrique VIII de Inglaterra. Aunque ninguna de ellas tuvo una vida fácil pues fueron mujeres casadas y abandonadas por razones políticas o infidelidades públicas. Ciertamente Isabel la Católica, cornuda como la insulta su hija Juana en la serie pero no repudiada, era la que tenía más resiliencia entre todas ellas.

Si se piensa en cáncer de ovario esperaría uno mayor evidencia de ascitis o líquido abdominal y sería muy rara la presentación con “fístula en partes vergonzosas”. Por otro lado un carcinoma de endometrio sería más frecuente en una mujer con larga historia de sangrado vaginal, obesa, con diabetes o problemas de fertilidad. Nada de eso estuvo presente en su historia clínica. Isabel tuvo en quince años cinco hijos con Fernando de Aragón y sería muy mala candidata para un carcinoma de endometrio.

Nos queda entonces como diagnóstico más probable el cáncer de cuello uterino y estar casada con un hombre como Fernando lo hace muy posible. Porque en la Reina de Castilla y muchas de nuestras mujeres la causa de esta neoplasia radica en la promiscuidad sexual del conyugue transmisor del Virus del Papiloma Humano (VPH).  Y es historia probada que Don Fernando fue repetidamente infiel. Se le conocieron con certeza cuatro hijos extraconyugales: dos con la guapa Aldonza (el primero nació el mismo año que su primogénita con Isabel) y dos hijas de madre desconocida llamadas ambas María enclaustradas después en un convento. Dirían mis amigas, mejor marido Tarzán quien por lo menos era fiel a Jane hasta donde se sabe.

La divisa en el escudo de Fernando era Tanto Monta que significaba tanto monta (importa) cortar como desatar.  En otras palabras el fin justifica los medios, lo que explica que este príncipe fuera muy admirado por su contemporáneo Maquiavelo. La paráfrasis Tanto Monta, Monta Tanto, Isabel como Fernando es de origen franquista y equivale al conocido grito ¡España, Una, Grande, Libre!  de aquellos días de dictadura. En todo caso podemos pensar que Fernando “montaba” mucho repartiendo por doquier, a su esposa y otras, el VPH.

Esta sería el triste origen del carcinoma de Isabel la Católica. Historia similar a la de muchas mujeres latinoamericanas cuando se les imponía la infidelidad habitual del marido con indiferencia cultural (así son los hombres se decía) y hasta con violencia de género en algunos casos.

Postdata: Fernando murió por abusar del “Viagra” de la época según el monárquico ABC (“Fernando el Católico falleció por abusar de un potente afrodisíaco”, 16 de diciembre, 2014).

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