Opinión

¿Sorpresas en las presidenciales?

Por:
mayo 12, 2014
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Por el momento, un buen análisis de Hernando Gómez Buendía sobre las encuestas de intención de voto sugiere que, si nada extraordinario ocurre, lo más probable es que el actual presidente de Colombia será reelegido en segunda vuelta.

El análisis es particularmente interesante, porque no infiere directamente los posibles resultados de las elecciones partir de las cifras crudas, sino que sitúa las tendencias de los datos en un contexto concreto de actores, reglas de juego y estrategias. Entre lo más relevante, se considera la capacidad para posicionarse en los medios y movilizar recursos políticos que maneja el actual, o en buena medida, cualquier, presidente.

Este cuidado que hay que tener al interpretar las encuestas es muy importante. Si, por ejemplo, nos hubiéramos ceñido solo a los datos que iban apareciendo durante las pasadas elecciones presidenciales, quizás hubiéramos dado, erróneamente, a Mockus por ganador.

Esta lección es clave porque, por un lado, nos muestra que quien puntea en las encuestas no necesariamente es quien gana las elecciones; lo cual a su vez desvirtúa en alguna medida el poder de arrastre que algunos comentaristas les atribuyen, superficialmente, a las encuestas.

También es una lección clave porque nos recuerda que, aunque el resultado de unas elecciones es indeterminado, no cualquier cosa puede pasar. Las encuestas son señales fuertes de lo que es previsible, pero estas señales pueden, y deben, ser moduladas por interpretaciones diversas del momento y el contexto específico que está viviendo el país. El clima económico, la situación internacional, los temas álgidos en las agendas informativas, la alineación de fuerzas económicas y políticas; todo juega un complejo papel en la evolución del proceso electoral.

Surge por lo tanto una pregunta, ¿es posible pensar en dinámicas que pongan en riesgo la, por lo pronto probable, victoria de Santos?

Dadas las tendencias, el escenario más claro es el de una segunda vuelta entre Santos y Zuluaga. En tal escenario se prevé una victoria de Santos; pero recordemos que las encuestas sobre intención de voto para segunda vuelta que se hacen antes de la primera no suelen ser muy confiables. En todo caso, las cifras de intención de voto de ambos candidatos, tanto para la primera como para la segunda vueltas, ya se encontraron en el umbral del margen de error de las encuestas.

Un escenario distinto en la segunda vuelta es menos claro. Salvo algunos breves repuntes de Peñalosa, tanto él como Martha Lucía Ramírez y Clara López mantienen promedios de intención de voto de alrededor del 10%.  En la situación actual, solo una coalición entre dos de ellos podría desbancar a Zuluaga para entrar a segunda vuelta. ¿Qué tan estratégica, factible y exitosa sería una coalición entre dos de ellos?

Aún así, todavía quedan dos semanas de campaña antes de la primera vuelta, y luego tres semanas más para la definitiva. Y, aun cuando —según la encuesta Polimétrica de Cifras & Conceptos— el 62 % de los ciudadanos encuestados está en contra de la reelección de Santos, solo el 22 % de ellos está contra el proceso de paz o contra Santos. El 31 % no apoya la reelección de Santos porque piensa que el país va mal y el 38 % no sabe o no dice por qué está contra Santos. Esto deja una ancha puerta abierta para que una propuesta de cambio, no solo de algunas orientaciones de política pública, sino, además, de estilo de gobierno, capitalice esos votos. Peñalosa, Ramírez y López tienen pocos días para lograrlo.

En este sentido, el prospecto más apto para captar la franja de votantes que se sitúan entre Santos y Zuluaga, es Enrique Peñalosa; si logra convencer a suficientes indecisos con su interesante y equilibrada propuesta de gobierno (continuidad del proceso de paz, lucha frontal contra las mafias, el clientelismo y la corrupción, y un viraje de índole más social, territorial y ambientalista en el modelo de desarrollo) y el valiente, pulcro, diverso y competente equipo de trabajo que se ha configurado a su alrededor.

Es difícil que ello ocurra, dados los recuerdos de una descorazonadora campaña por la alcaldía de Bogotá en la que las bases verdes vieron cómo Peñalosa, Álvaro Uribe y J.J. Rendón colaboraban en su competencia contra Petro, y dado al apoyo de Antanas Mockus a la reelección de Santos, “desde una independencia radical, extrema”.

Pero también es una posibilidad real. Sobre todo, teniendo en cuenta el desgaste, tanto de Santos como de Zuluaga, por cuenta de la visibilidad crítica que los medios le han dado a la guerra sucia entre las dos campañas que hoy se trenzan en un estilo de combate que, si algo, revela que comparten un mismo origen uribista.

Veremos qué sucede, pero, si algún mensaje queda de esta breve reflexión, que sea este: no somos solo testigos, hay que actuar.

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