Opinión

Sobaremos los tambores en su honor

El sábado murió en Gamero, Joaquín García Moreno, conocido como Chito, el tamborero que hacía sonar con ambas manos el tambor alto “sequecito, sin tanto golpe y disparate”

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octubre 14, 2020
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Sobaremos los tambores en su honor
“Una tambor, no se maltrata, si se le golpea, se soba como la piel de una mujé”, decía Chito García. Foto: David Lara Ramos

Murió el sábado 10 de octubre en Gamero, Bolívar, el tamborero Joaquín García Moreno, conocido como Chito, tenía 87 años. Un ataque al corazón lo sorprendió en la tarraza de su casa, en la avenida principal del corregimiento de Gamero. Los familiares alcanzaron a subirlo a un carro con el afán de llegar al puesto de salud de Mahates. “Iba sereno, con sus ojos abiertos. En un momento buscó como para respirar… pero qué va, el cuerpo no le respondió”, contó su hija Sisi sobre ese instante final.

Chito García tocaba un llamador alto, casi del mismo tamaño de un tambor alegre. Lo hacía sonar con ambas manos. Decía que era mejor sobao que golpeao. Tenía claro que un cuero firme necesitaba solo de manos firmes para que sonara sequecito, sin tanto golpe y disparate como lo hacen hoy los muchachos. Chito García tenía manos de hachero y de cortador de caña en los ingenios de Sincerín.

“Una tambor, no se maltrata, si se le golpea, se soba como la piel de una mujé”, me dijo Chito García a finales del mes de febrero de este año, en esa misma terraza donde los vecinos lo saludaron por última vez.

En los años 70, se fue para Venezuela en busca de una prosperidad que su trabajo de jornalero no le ofrecía. Dejó a su enamorada en espera de matrimonio. Le prometió que a su regreso se casarían. Chito García me contó que los tiempos en Venezuela se le fueron muy rápido y se demoró más tiempo del que había prometido. A Caracas, lugar donde vivía en Venezuela, llegó una carta de su prometida. Ella le decía que ya no regresara, que la promesa de matrimonio se había roto, que iba a tomar un nuevo camino, que no tendría que preocuparse más por ella, que era un amor perdido, que él era un vagabundo.

Chito García  se quedó en silencio, dijo que si aquella prometida ya había tomado una determinación él no iba a insistir y que “La carta se iba a quedar sin contesta”. Sus amigos estuvieron en desacuerdo, reconociendo la fidelidad de Chito García y el calificativo de bandido que había recibido, le aconsejaron escribir la contesta. Chito García se mantuvo en su posición, sabía que ni era bandido ni había roto su promesa.

Un día, con la serenidad que lo caracterizaba, decidió escribir la contesta, en la forma que mejor se expresaba en el lenguaje del verso:

Muchos saludos te mando,
Mi Delia Elvira querida
Y yo te daré mi vida,
Mientras me estés esperando.

Cogí el lápiz y la pluma
Para escribirte una letra,
Tengo la memoria plena
Y el alma llena de bruma,

Dices que soy un vagabundo,
Un peregrino errante,
Dios que te dé otro amante,
Que sea lo mejor del mundo.

Yo para más nunca verte,
Que goce tu buena suerte,
Un hombre que tenga plata,
Mi vida no seas ingrata,
Te olvidaré con la muerte.

 

El tamborero Janer Amarís reconoce las habilidades de Chito Moreno en el llamador y la tambora, dos instrumentos que hacía sonar con unos golpes medidos, un equilibro entre fuerza y cadencia. “Chito, con el llamador metía un golpe abierto primero y enseguida hacía un canteo en contratiempo. Su tambora, que era un poco más pequeña, daba un sonido agudo. En su rítmica, dejaba de marcar un golpe, eso producía un silencio que caracterizaba su manera de tocar”. ´

 

Sueño Gamerano:  Joaquín García Moreno, Chito García, en el tambor llamador. Manuel Martínez, en la tambora, conocido como Enñomane. Andrés Cervantes, guacho. Santiago Ospino, caña e' millo. Foto: David Lara Ramos

 

Chito García estuvo al lado de Magín Díaz. El pitero maravilloso, Santiago Ospino. Manuel Martínez, conocido con Enñomane, en la tambora. Andrés Cervantes, en el guache. Eran otros tiempos, hoy todos fallecidos.

A Chito García le gustaba componer sus sones en un promontorio en las afueras del pueblo, al que llaman  El Cerrito. Aquél día de febrero que llegué a visitarlo, dijo que había compuesto dos canciones, pero que iba a cantar solo una, porque a la otra le faltaba “Una buena terminación”, en sus palabras.

Chito García, con una sencillez ejemplar, dijo que requería unos coros para seguir adelante. Su hija Sisi se ofreció al igual  que el  tamborero Janer Amarís. Entonces dijo que la canción estaba dedicada a una mujer que él vio estando cerca de El Cerrito. Le preguntó su nombre, ella le dijo que se llamaba María.

Chito García le preguntó si quería que le compusiera una canción, y ella le respondió: “Si es de su gusto, sí”. Entonces comenzó:

Del cerro vengo bajando
Del cerro vengo bajando
En busca ‘e doña María
Allí le estuve cantando
Todas las canciones mías.

Pero no puedo con ella
Para qué la andan buscando
Pero no puedo con ella
Para qué la andan buscando

La muchacha tan bonita
La muchacha tan bonita
Que todo el mundo la aprecia
A mí nadie me lo quita
Que yo la lleve a la iglesia.

Pero puedo con ella
Para qué la andan buscando.

Yo le canto tan bonito
Y quiero que me haga caso
Quisiera darle un besito
Y estrecharla entre mis brazos…

Pero no puedo con ella
Para qué la andan buscando.
Me voy a casar con ella
Y no sé qué voy a hacer
Qué bonita es esa estrella
Lo bonito es la mujer.

Pero no puedo con ella
Pero no puedo con ella
Para qué la andan buscando.

La tarde del domingo 11 de octubre, el cortejo fúnebre salió hacia el cementerio a las cuatro de la tarde. Su hija Sisi bailó La rama del tamarindo, para honrar y despedir a su padre.

Maestro Chito García, sobaremos los tambores en su honor.

 

 

 

 

 

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