¡Si ya lo hicieron una vez, tomen aliento y vuélvanlo a intentar!

Carta abierta a los empresarios colombianos

Por: Jose Gabriel Mier I
mayo 19, 2021
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¡Si ya lo hicieron una vez, tomen aliento y vuélvanlo a intentar!
Foto: Pixabay

Nunca olvides el camino. Nunca. ¿Recuerdas cuando la gente te decía que no era posible, que ese negocio era inviable y que ya lo estaban haciendo otros? Recuerda cuánta gente te dijo que mejor consiguieras empleo y no arriesgaras nada. Pero tú, abnegado empresario, un día lo hiciste posible, un día pariste ese hijo que se llama empresa. Y cómo olvidar todos esos preparativos, hasta que por fin te dieron un simple papel que dio vida a tu empresa; para mucho otro trámite, un poco de tinta sobre papel, pero para ti, y yo lo sé, fue la concreción de todos tus sueños. Ese simple papel definiría tu futuro y el de tu familia. Con cierta alegría y nerviosismo leíste el nombre (que tantas veces pensaste y cambiaste) y el NIT que parecía un número más, pero que ahora te lo sabes de memoria porque es la identificación de un hijo.

Nunca olvides el camino. Nunca. Recuerda la zozobra de los primeros meses sin un solo cliente, recuerda ese ardor en el pecho, esas ansias y la presión por haber tomado una decisión que, hasta ese momento, parecía un suicidio. Recuerda estar pendiente del teléfono, esa espera interminable porque llegue al local el primer cliente, cualquier cliente. O las llamadas que solamente nosotros hemos vivido, sufrido. Recuerda el discurso repetitivo y casi fulminante: “no estoy interesado, gracias”, “ya tenemos proveedores, gracias”, “ya contratamos lo que ofrece, gracias”, “yo le devuelvo la llamada, gracias” pero resististe. Resististe a pesar de llegar a la casa con los brazos vencidos, fatigado, y fingiendo una sonrisa para saludar a tu esposa, a tu madre, a tu padre o a tus hijos. Y recuerda las veces que trasnochaste, que pasaste pensando qué más hacer, a quién más llamar, cómo más hacer y casi lloraste en silencio.

Pero aguantaste y ese aguante valió la pena. Un día cualquiera por fin un cliente, por fin el primer cliente, ese día que nunca olvidaremos ¡bajamos bandera, carajo! Todo ese esfuerzo por fin dio su primer fruto, ese día llegaste a tu casa tan contento como si te hubieras ganado la lotería más grande del mundo. Ese día por fin la sonrisa no fue simulada sino genuina. Ese día supiste que tu locura, tu demencia —tu verraquera— podría darle de comer a tu familia y educar a tus hijos. Y más adelante, ayudar a tus empleados y verlos progresar y darles educación a sus hijos también. Estás construyendo país empresario, no pares.

Días aciagos nos han azotado sin piedad desde la llegada del virus. Muchos, muchos, son 53.291 empresas exactamente, las que apagaron su luz. Emprendedores y empresarios tuvieron que entregar su local, sentir la amargura de bajar el letrero del local, de entregar sus oficinas, de cerrar las puertas y liquidar todo. Que difícil es mirar a un empleado y decirle que no se puede más y sentir su desesperanza.

A ellos les digo solamente una cosa: Se apagó la luz como se apaga una fogata, pero los carbones llevan el fuego por dentro. Ustedes llevan el fuego por dentro porque ese espíritu emprendedor no se puede dejar jamás. Transmítanlo, porque siempre habrá necesidades en este mundo y siempre habrá alguien para suplirlas.

¡Si ya lo hicieron una vez, tomen aliento y vuélvanlo a intentar!

De la batalla contra el COVID-19 quedamos débiles, malheridos. Y cuando todo parecía indicar podíamos retomar fuerzas, nos llaman a enfrentar otra batalla. No debemos desconocer que las protestas y algunas exigencias sociales tienen su fundamento, pero cuando se salen de control y van más allá, pierden la razón de ser… y los perjudicados (crucificados diría yo) nosotros. Protestantes: las perdidas billonarias no las asume el Estado, no. Nosotros seguimos pagando nominas, tributando, pagando arriendo. Las perdidas, tristemente, las asumimos nosotros, el Estado no pierde. Y si tienen algún familiar, amigo o allegado que tiene trabajo y saliendo adelante, sepan que hay una persona de carne y hueso se ha esforzado de sol a sol para que eso sea posible. A nosotros, los verdaderos empresarios, no nos confundan.

¿Y qué nos queda? Nos queda socializar, tratar de hacer entender a la sociedad en general que los empresarios estamos en la base del tejido social y somos indispensables para lograr hacer realidad los derechos que exige la gente. Ya sabemos cómo terminan las cosas cuando un Estado se encarga de los servicios que prestamos.

¿Y qué nos queda? Nos queda resistir, porque pasó el COVID-19 y están pasando las protestas y aquí seguimos parados en la verdadera línea del frente, somos el corazón de esta Locomotora que se llama Colombia.

¿Y si nos quiebran? Y si nos quiebran… tendrán que quebrarnos una y mil veces, ¡¡porque una y mil veces nos vamos a volver a parar!!

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