Muchos colombianos no se han enterado de que el futuro de Colombia se juega el próximo 8 de marzo, es decir, en un mes largo.
La gente anda pendiente de quien puntea en las encuestas que si Cepeda tocó techo, si Abelardo repunta o si Paloma levanta. Pero pocos les paran bolas a las elecciones legislativas, que se realizarán ese 8 de marzo.
De hecho, históricamente en esos comicios suele participar un 30% menos de votantes que en las presidenciales Por ejemplo, en el 2022 sufragaron en las elecciones para el Senado 18,2 millones de ciudadanos, mientras que en la segunda vuelta presidencial acudieron a las urnas más de 22 millones de personas.
La gente suele dar menos importancia a esos comicios y centra su interés en los presidenciales. Como si el Congreso fuera menos importante que el Ejecutivo. De hecho muchos colombianos están convencidos de que el Legislativo no sirve para nada y que lo único que hacen los congresistas es devengar un sueldo estrafalario, buscar contratos y roncar en sus curules.
No voy a dar un curso de derecho constitucional, porque entre otras cosas soy lego en esa materia, para explicar cuáles son las funciones de esa rama del poder público.
Basta con observar el papel que asumió el parlamento durante los últimos cuatro años para entender su importancia. Y es que en una democracia que funcione el Legislativo es el contrapeso del Presidente y se encarga de evitar que este cometa excesos como los que ha cometido Gustavo Petro. Si no ha cometido más es porque el Congreso se lo ha impedido de forma valiente.
Muchos congresistas entendieron que no era el momento de estar pidiéndole mermelada al presidente. Y renunciaron a ella para asumir la posición enhiesta que mostraron.
Esperpentos como la reforma a la salud se hundieron varias veces gracias a la posición férrea de los congresistas.
Claro que no faltaron los lentejos del Partido de la U, del conservatismo, de los liberales y de otros partidos que sucumbieron ante la generosa mermelada que les ofreció el gobierno y antepusieron sus intereses personales, y su bolsillo, a los del país. Y le votaron todo al gobierno. ¿conservadores petristas? ¿Habrase visto una contradicción mayor? Álvaro Gómez se debe estar revolcando en su tumba.
Pero si Petro no se animó a poner en marcha la Constituyente con la que nos amenazó fue porque esa iniciativa tenía que ser avalada por el Congreso y él tenía claro que eso no iba a ocurrir con los actuales congresistas
Mejor dicho, el Legislativo le puso freno a las intenciones dictatoriales de Petro. Y, vengativo y revanchista como es él, ya les pasó su cuenta de cobro: les anuló por decretó la prima técnica que tenían y que constituía la tercera parte de sus ingresos.
Sin duda, la medida es buena ( y taquillera) porque los ingresos de los congresistas son desproporcionados. Lo que es mala es la motivación que tuvo el presidente para impulsarla: revanchismo y ganar puntos de cara a los comicios.
En los comicios de marzo se dará un pulso entre las dos fuerzas más importantes de la política nacional: el petrismo y el uribismo. Ambos aspiran a sacar más de 25 senadores.
Por eso, los grandes protagonistas de esta campaña han sido Petro y Álvaro Uribe.
El presidente, de una forma descarada se ha convertido en el jefe de campaña de su movimiento. Tomando medidas populistas e irresponsables como el alza estrafalaria del salario mínimo o rebajando el precio de la gasolina o bajándole los ingresos a los congresistas. Medidas que la galería sin duda aplaude.
El repunte de Iván Cepeda en las últimas encuestases es consecuencia directa, sobre todo del incremento en el mínimo.
Poco le importa al petrismo que, como dijo El presidente de Fenalco, ese incremento sea pan de hoy y hambre para mañana. De lo que se trata es de sumar votos.
El otro gran protagonista de la campaña es Álvaro Uribe, que nos guste o no es un monstruo de la política. A sus 73 años, Uribe se ha dedicado a recorrer el país y a donde llega congrega multitudes.
En esas concentraciones el que brilla es él no sus candidatos. Y así debe ser porque los que voten por la lista cerrada del Centro Democrático votarán por que ahí está Uribe. Y punto. Y él, de forma muy inteligente, se puso en el renglón 25, para tratar de sumar la mayor cantidad de votos posibles.
Es una disputa desigual porque Petro dispone de todo el poder del Estado y lo está usando, mientras que Uribe solo cuenta con su carisma, su verbo encendido y el cariño que le tienen muchos colombianos. Pero con esas armas tan precarias está dando una pelea formidable.
Pero si bien la competencia mayor será entre petristas y uribistas, hay otras muchas opciones que no están ni con el uno ni con el otro. Es decir, hay mucho de dónde escoger.
Lo que hay que tener claro es que la meta del Pacto Histórico es conseguir el paquete completo: Mayorías en el Congreso y Presidencia.
De esta forma irán consolidando el proyecto que tienen a largo plazo. Adueñarse del país y cooptar todo el poder, a lo Venezuela.
Teniendo eso claro, nadie puede quedarse en casa el próximo 8 de marzo. Cada voto que no llegue a las urnas, es un voto que le suma al petrismo. Ellos no tienen la mayoría pero su voto sí es muy disciplinado y todos y cada uno de ellos depositará su voto ese día. Y lo que más les conviene es que los no petristas se queden casa.
Los que no queremos que el país quede en manos del petrismo tenemos la obligación de acudir a votar ese domingo. Por quien quieran, pero hay que tener muy claro que lo que se juega el 8 de marzo. Después no se quejen.
Del mismo autor: La arrodillada de Petro le salvó el pellejo, (por ahora)
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