Sí hay discriminación en las palabras de la Señorita Colombia

A propósito de la polémica respuesta de Valeria Morales sobre Miss España, quien es transgénero: “Miss Universo es para mujeres que nacimos mujeres”

Por: Alejandro Nieto-Hernández
Octubre 11, 2018
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Sí hay discriminación en las palabras de la Señorita Colombia
Foto: Instagram @misscolombia / angelaponceofficial

Durante estos últimos días, la polémica por las palabras de la señorita Colombia, Valeria Morales, a la señorita España, Ángela Ponce, se ha prestado para todo tipo de comentarios. Dichas palabras, usadas por la ganadora del certamen nacional, expresaban su rechazo a que en un concurso como Miss Universo se puedan aceptar como participantes a, por ejemplo, una persona que nació con genitales masculinos, pero que se autodefine como una mujer; es decir, una persona que por medio de su actuar, vestir, y por su marcado cambio corporal conserva las características de una mujer, desde el punto de vista tradicional del concepto, una persona transexual o transgénero. Morales dijo, a través de una entrevista textualmente: “El reinado de belleza, como es Miss Universo, es para mujeres que nacimos mujeres, y creo que para ella también sería una desventaja (…) hay que respetarla, pero no compartirla”.

Ángela Ponce, la señorita España y futura participante del certamen Miss Universo, una mujer trans de 27 años, ganadora del concurso de belleza de ese país, ha sido blanco de todo tipo de críticas porque según algunas personas solo quien nace con genitales femeninos puede aspirar a concursar en concursos de esta índole. Muy similar a lo comentado por la señorita Colombia Valeria Morales, que expresó su inconformidad con que en un concurso de ese tipo participaran personas de condición sexual diversa. Básicamente, la señorita Colombia utilizó una de las maniobras más frecuentes al momento de ejercer discriminación. Esta consiste en ejercer una opinión, amparada por su libertad de expresión, para dar cuenta de su rechazo a una persona que pertenece a uno de los sectores más discriminados, al menos de la sociedad colombiana. Y al final, o al principio referirse con palabras condescendientes como pedir que se le respete, o decir la ya famosa frase de “respetar, pero no compartir algo”.

Dicha maniobra es hacer una fuerte discriminación en palabras sensatas, defender al discriminado en algún punto o hablar de manera amena respecto de él para luego criticar su condición y apartarlo o buscar que lo aparten. Tal como las personas que alaban a las mujeres por su físico, belleza o rasgos, pero luego dicen que no son aptas para determinadas labores. Como “calladita te ves más bonita”, como el “tan bonita y tan bruta”, como el decirles a las mujeres adultas “niñas”, lo que se puede entender como un alago pero que las excluye implícitamente de los otros. Pues bien, la actual Señorita Colombia no actuó de forma condescendiente ni dio su punto de vista, utilizó palabras suaves para revivir un tema que siempre ha sido coyuntural, la discriminación hacía la población LGBTI.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su estudio titulado Violencia contra Personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex en América, la expectativa de vida de la población trans es de tan solo 35 años. Lo anterior, por la fuerte discriminación, segregación social y cultural, los actos de violencia y la falta de oportunidades que obliga a estas personas a dedicarse a la prostitución o al entretenimiento. Entender esa realidad sirve para concientizarse que a través de opiniones, sobre todo cuando se trata de figuras públicas o con alto protagonismo mediático, se puede ejercer la discriminación y el odio. Del mismo modo, de que las muestras de condescendencia para luego juzgar a una persona por su condición y discriminarla o mostrar rechazo ante que la misma pueda acceder a ciertas oportunidades soslaya la libertad de expresión y se vuelve un mecanismo de odio que puede materializarse en violencia por otros o que puede dar lugar a un rechazo.

Así mismo, esta polémica revive la discusión de la “ideología de género” de tiempos pasados de la coyuntura nacional. A través de la educación la gente, y sobre todos los niños y los jóvenes, deben comenzar a entender la clara diferencia que hay entre el sexo y el género. Deben entender que el género no es más que una construcción social, que se ha formado a través de los años pero que no guarda una estrecha relación con la genitalidad de una persona, que ser mujer y tener el sexo femenino no es lo mismo, y que dentro de nuestro libre desarrollo de la personalidad cualquiera puede vestirse como guste, actuar como guste y modularse como quiera. Ese argumento de Morales de que el concurso de belleza es para mujeres resulta inválido, porque la señorita España ha abrazado el género femenino como propio, a pesar de que o tenga genitales diferentes o que haya decidido cambiarlos. Ella es mujer porque a través de su cambio físico y psíquico ha adoptado un género determinado, que nada tiene que ver con sus genitales. Esa diferencia conceptual que algunos llamaron “ideología de género” y rechazaron con marchas, y casi con antorchas, es fundamental para entender el problema y que todos los seres humanos somos iguales y tenemos derechos a las mismas oportunidades.

Si el certamen de Miss Universo está restringido para las mujeres, es decir, personas que tengan como género el femenino, ninguna brecha hay para que la señorita España participe, sin perjuicio de su anatomía física, de si tiene o no pene, o de si se lo quiere dejar o no. ¿No es acaso importante también replantearnos esa discusión? Revivir esa mal llamada ideología y que por fin sea instruida en las escuelas es un paso fundamental, no solo para promulgar el respeto ante los otros y valores como la empatía, sino también para que la población trans no siga muriendo a los 35 años, para que tengan nuestras mismas oportunidades y no se tengan que esconder o depender de lo más deplorable de la sociedad, la prostitución, la nueva esclavización humana, las sombras, el miedo, la muerte.

 

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