Opinión

Sí al Nuevo Liberalismo

Los colombianos no queremos más de lo mismo. Es hora de un cambio. Es hora de leer el estallido social del 28 de abril, necesitamos salir de la crisis

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agosto 15, 2021
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Sí al Nuevo Liberalismo
Esta es una nueva oportunidad para que el ideario de los fundadores del Nuevo Liberalismo vuelva a ser parte de las opciones en la política colombiana

Algunos acontecimientos en la vida marcan para siempre. A veces puede uno describir exactamente dónde estaba y hasta qué prenda vestía al momento de recibir una noticia impactante. El 18 de agosto de 1989 llegábamos con un grupo de amigos a comer al restaurante Cali Viejo. Estábamos parqueando. Interrumpieron la programación musical en la radio con un “extra”. Anunciaron que Luis Carlos Galán Sarmiento, candidato a la Presidencia de la República por el Nuevo Liberalismo había sido herido en una manifestación en Soacha; anunciaban también que parecía no ser grave y que se encontraba camino al hospital. Quedamos mudos, y al mismo tiempo aliviados de saber que no era mortal. Ya nos había tocado el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla y de don Guillermo Cano por enfrentar decididamente al narcotráfico.

Horas más tarde anunciaban el deceso de quien con toda seguridad ganaría las elecciones presidenciales del año 1990. No eran tiempos fáciles, ni felices; ser joven durante la guerra de los carteles de la droga implicaba muchas restricciones. Nuestros padres vivían la zozobra de entender que como jóvenes queríamos salir con los amigos y enfrentaban el susto de que por cualquier motivo quedáramos atrapados en una balacera de las que se armaban con demasiada frecuencia en cualquier esquina entre los diversos bandos que se creían dueños de la ciudad. Todo era posible.

Galán representaba el cambio y era el candidato de los jóvenes. Nuestro primer voto fue por Galán. No titubeamos. Era la joven promesa que luchaba por todo aquello en lo que nosotros creíamos. Que no cohonestaba con la politiquería, encarnaba la renovación en la forma de hacer política, defensor a ultranza de férreas convicciones, incorruptible y prometía una nueva forma de conducir a Colombia. Los jóvenes de Colombia que creíamos en él nos quedamos sin opción.

Llegamos a las elecciones con un récord aterrador y cuatro candidatos presidenciales asesinados: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro. Por una decisión de Juan Manuel Galán quien le entregó las banderas de su padre a César Gaviria, este fue elegido presidente.

El Nuevo Liberalismo renunció a la personería jurídica ante el Consejo Nacional Electoral por cuenta de una alianza política que no llegó a concretarse. Después de muchos años de lucha por parte de la familia Galán en la que buscaron justamente ser reconocidos como partido político, la Corte Constitucional por unanimidad y con ponencia del magistrado Jorge Enrique Ibáñez les otorga razón, y le dio por fin, el sí, como partido político. Es una nueva oportunidad para que el ideario de sus fundadores vuelva a ser parte de las opciones en la política colombiana.

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Candidatos de la coalición de la Esperanza, del Nuevo Liberalismo, independientes como Alejandro Gaviria, de centro, tienen la responsabilidad de proponer ideas  que sean una opción para la juventud

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Se necesitan estas alternativas en el momento tan convulsionado que estamos viviendo ad portas de la contienda electoral. Los jóvenes de ahora, como los de entonces, no creen en las instituciones y es necesario construir confianza; los candidatos de la coalición de la Esperanza, del Nuevo Liberalismo, o independientes como Alejandro Gaviria, que quieren gobernar a Colombia como soluciones de centro, tienen la responsabilidad de proponer ideas diferentes y creativas, que conmuevan y convenzan y que sean una verdadera opción para la juventud.

Los colombianos no queremos más de lo mismo. Es hora de un cambio. Es hora de leer el estallido social del 28 de abril. Necesitamos salir de la crisis en la que hoy nos encontramos; retrocedimos veinte años.  No solo por la pandemia y el paro como se pretende hacer creer; más que nada porque el presidente Duque y su equipo no tuvieron ni el criterio, ni el conocimiento, ni la experiencia suficiente para capotear esos lamentables sucesos.

 

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