Sergio de Zubiría renuncia a la dirección nacional del Partido Comunista de Colombia

Algunos comentarios sobre la carta de renuncia del filosofo marxista, quien hace algunas críticas y reflexiones sobre el partido

Por: TIberio Gutierrez
agosto 25, 2017
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Sergio de Zubiría renuncia a la dirección nacional del Partido Comunista de Colombia
Foto: Marcha Patriótica

 

Bienvenido el debate y la crítica en el interior del PCC. Obviamente con autoridad moral e intelectual. Que es más o menos lo que propone Sergio de Zubiría en algunos de sus puntos controversiales de su carta de renuncia a la Dirección Nacional del PCC.

La historia política del PCC es la historia, en gran medida, de la violencia impuesta por las clases dominantes a los reclamos de los sectores populares; por eso la crítica a la dirección no debe estar al margen de los elementos estructurales que necesariamente condicionan su práctica política y teórica.

El PCC se ha debatido desde sus orígenes en 1930, en las más duras condiciones de hostilidad, exclusión y violencia. Este es un hecho incontrovertible que explica, en gran medida, la crisis actual del partido, del movimiento revolucionario, y de los movimientos democráticos en general.

Desde luego que la anterior afirmación no invalida la crítica responsable a las deficiencias, errores y síntomas de corrupción, que partidos en el poder o en la oposición han tenido y seguirán teniendo en uno u otro grado de responsabilidad.

Lo más importante es tener en cuenta que, ante los errores cometidos por un partido revolucionario en un marco social, económico y político determinado, la crítica y autocrítica es una herramienta imprescindible e indispensable para corregir los errores y desviaciones a los que están propensos todos los partidos revolucionarios del mundo.

Por eso repito: bienvenidas las críticas de Sergio de Zubiría, y no solamente las de éste camarada, sino también las de todos aquellos que creyendo firmemente en la revolución democrática, no están dispuestos a pasar por alto las actitudes que en la práctica desdicen del comportamiento revolucionario que estamos proclamando verbalmente.

En este sentido tenemos que decirlo con franqueza: el sectarismo en el partido comunista ha sido una constante explicable en gran medida por las condiciones de represión y de violencia a que ha sido sometido desde su fundación por las clases dominantes. El aislamiento político no le ha permitido mirar más allá de la militancia partidaria.

La carta de Zubiría debería ser publicada en el semanario VOZ, y, consecuencialmente publicadas todas las respuestas serias y sensatas a sus planteamientos. Solo un partido que respete los diferentes matices de sus planteamientos esenciales y generales, podrá algún día llegar a ser un partido con influencia de masas.

Por eso lo repito con insistencia: llegó la hora de organizar una militancia que produzca resultados prácticos en el trabajo teórico, político, organizativo y en la política de alianzas; una militancia que, aunque escasa numéricamente tenga la iniciativa para la coyuntura del momento y el análisis táctico y estratégico para el horizonte del porvenir.

La carta de Sergio de Zubiría arranca con un concepto problemático: “El proyecto político actual del PCC no representa la alternativa revolucionaria para el momento político” En este punto me parece que el Filósofo se equivoca. El proyecto político del partido es un gobierno democrático popular que acometa las grandes reformas que necesita el país empezando por la implementación y desarrollo de los Acuerdos de Paz.

Parece que no hay suficiente claridad frente a la correlación entre reformas y revolución. “No es posible llegar al socialismo mediante unas simples reformas graduales del sistema capitalista” “Las reformas nunca pueden ser un fin sino un medio, porque el fin siempre es la revolución socialista/comunista”

En esta época y en las actuales condiciones políticas latinoamericanas y colombianas, las reformas democráticas por simples que sean, son palancas para el avance del movimiento popular, por su puesto que con la mira del socialismo democrático y humanista.

“El 22 Congreso del PCC no resuelve el interrogante de qué “democracia” estamos planteando para el aquí y el ahora. Se trata de lograr gradualmente los mínimos de la  “Democracia formal burguesa”, dice de Zubiría, pero pensamos que no es así. Se trata de una democracia avanzada en contravía de la democracia restringida que ha predominado en el país, donde se niegan los derechos mínimos fundamentales a las mayorías populares. Sin estos mínimos fundamentales de la “democracia formal burguesa”, es imposible en esta época y con esta correlación de fuerzas, llegar al socialismo. Se trata de construir una correlación de fuerzas que permita acceder al gobierno y a unas mayorías parlamentarias que le abran el camino a las reformas democráticas.

La política es ante todo relación de fuerzas; en este caso concreto relación de fuerzas electorales, parlamentarias, de lucha de masas y de alianzas políticas, donde la conquista de la hegemonía cultural y política de las mayorías juega un papel fundamental.

Parece como si estuviéramos haciendo política en el reino de los ángeles, con una concepción atrasada de las revoluciones del siglo pasado, buscando en los textos clásicos del marxismo-leninismo la copia y no el método dialéctico para el análisis de una situación concreta.

Los Acuerdos de La Habana abren una posibilidad muy grande  para la unidad de la izquierda y de los sectores democráticos, pero si no entendemos el nuevo escenario político con la creación del  partido o movimiento legal y constitucional de las Farc, nos quedaremos en el viejo paseo rememorando la historia sin atrevernos a imaginar el porvenir.

No se trata de rendirle pleitesía al “cretinismo parlamentario” sino de aprovechar el nuevo escenario de la lucha electoral de manera revolucionaria,  para ir construyendo la relación de fuerzas que permita avanzar hacia los objetivos de un modelo socialista, democrático y humanista.

Se trata de construir entre todos los sectores revolucionarios y democráticos el bloque histórico y Popular, para lo cual hay que empezar a practicar la unidad desde las localidades y regiones, tanto en las bases como en las direcciones, en un proceso que nos vaya unificando sobre todo en las grandes ciudades y áreas metropolitanas de Colombia, con base en un programa mínimo democrático que le llegue al sentimiento de las mayorías populares con consignas que tengan que ver con la paz, la seguridad, el empleo, la lucha contra la corrupción, la salud, el medio ambiente, la educación, la movilidad,  para lo cual tenemos que empezar con listas unitarias para las cámaras y para el senado, por lo menos entre las fuerzas del bloque histórico y popular.

Es decir, la Unión Patriótica, el Partido Comunista, la Marcha Patriótica, el partido o movimiento de las Farc, y demás movimientos democráticos, bajo una sola personería jurídica que permita participar en la próxima campaña electoral con unas listas unitarias y un programa que atraigan a sectores abstencionistas y vacilantes de la necesidad de la lucha electoral democrática.

En este sentido es fundamental la iniciativa política de las direcciones nacionales, locales y regionales, para estructurar un solo bloque de poder que asuma la campaña electoral con miras a la elección de una significativa fracción parlamentaria y al consenso de un candidato presidencial de convergencia democrática con la aspiración de ganar en la primera vuelta presidencial, para asegurar la implementación y desarrollo de los Acuerdos de La Habana y demás reformas democráticas que necesita el país.

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