"Ser anticomunista totalitario se encuentra en la lógica, la ética y la razón humana"

Ariel Peña afirma que "el marxismo-leninismo o comunismo totalitario es enemigo de los pueblos por antonomasia, igual que el nazismo, el fascismo y el apartheid"

Por: Ariel Peña González
octubre 20, 2017
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Foto: HERITAGE

La llamada revolución rusa de 1917, que también se conoce como revolución de octubre, no sería de octubre sino de noviembre, ya que los sucesos ocurren del 6 al 8 de ese mes de acuerdo al calendario gregoriano, que es el que actualmente se maneja en la mayoría de países. Sin embargo, la tal revolución de octubre obedece al calendario juliano, en donde el asalto bolchevique sucede el 25 de octubre. Sin detenernos en fechas hay que resaltar la picardía de Vladimir llich Uliánov, alias Lenin, quien sin ningún escrúpulo y mediante la mentira y la violencia, apoyado por el gobierno alemán, con su cuadrilla armada se tomó el poder, atacando el Palacio de Invierno en Petrogrado y quedándose con la burocracia del Estado.

Con el asalto bolchevique se inaugura para la humanidad el genocidio más grande de todos los tiempos conocido en la historia, como ha sido el asesinato de alrededor de 150 millones de seres humanos por parte de los comunistas totalitarios; esa cifra sería igual a matar a todos los habitantes de la tierra en la época de Jesucristo y aún así me quedo corto.

Los regímenes comunistas totalitarios que han cometido semejantes masacres han gobernado en: China, Rusia, Camboya, Ucrania, Norcorea, Vietnam, Cuba, todos los países de la antigua Cortina de Hierro, a los cuales hay que agregarle grupos terroristas marxistas que se les ha dado la denominación de guerrillas. Para el caso de Colombia tenemos a las Farc y el Eln. Con esa calamidad, ser anticomunista totalitario se encuentra en la lógica, la ética y la razón humana.

Hay dos corrientes del comunismo: el libertario creado por Bakunin y Proudhom en la primera internacional de los trabajadores del siglo XlX, quienes le propinaron a Marx, fundador de la corriente totalitaria, una humillante derrota intelectual por buscar imponer con el Estado una esclavitud política en contra de los obreros, creando una oligarquía que convertiría al Estado en una máquina en donde la condición necesaria para que se consolidara sería la miseria de las masas. Entonces, el anticomunismo es el que va en contra del engendro marxista, el cual fue definido por los obreros en esa primera internacional como una patraña burocrática de engaño al proletariado.

Desde que apareció el esperpento marxista, surgió el anticomunismo totalitario, que siguió desenmascarando esos dogmas en la segunda internacional de los trabajadores con Eduard Bernstein, quien ridiculizó las entelequias supersticiosas y mágicas del materialismo histórico y la inevitabilidad, incrementándose más adelante el anticomunismo por el accionar criminal del genocida de Lenin, quien asesinó a un millón de personas en Ucrania, en compañía de sus compinches Stalin y Trotsky. Esas víctimas del engendro marxista-leninista eran seguidoras de Néstor Makhno, dirigente anarquista el cual se opuso a los bolcheviques porque habían instaurado una dictadura oprobiosa en contra de las masas. Las víctimas mortales de Lenin pueden pasar de 7 millones.

Por ello ser anticomunista debe ser una condición de la humanidad, pues el comunismo totalitario es la organización criminal más grande que ha existido en todos los tiempos, como ya se ha dicho. Esa afirmación es respaldada también por el libro negro del comunismo, publicado en Francia en 1997 y editado por Sthepane Courtois, en donde se cuenta que genocidas como Pol Pot, Stalin, Lenin, Mao Zedong, Ho Chi Minh, Kim  Il Sung y  Fidel Castro asesinaron en el último siglo la cifra antes mencionada de cerca de 150 millones; desde luego que  acompañados por pandillas marxistas armadas que actuaron en Latinoamérica, África y Asia a partir de la década de los sesenta.

El marxismo-leninismo o comunismo totalitario es enemigo de los pueblos por antonomasia, igual que el nazismo, el fascismo y el apartheid. De ahí que pedir proscribir el anticomunismo como lo reclamaron las Farc, durante las negociaciones de la Habana, sería igual a que en Alemania los neonazis pidieran castigar al antinazismo y que en Europa los fascistas exigieran condenar el antifascismo o que grupos racistas demandaran perseguir el antiapartheid.

Cabe resaltar que el anticomunismo —repudio al marxismo-leninismo— no es patrimonio de la llamada ultraderecha, sino que dentro de esa causa están inmersos desde el punto de vista político, histórico, social y humano el liberalismo clásico, los movimientos libertarios y parte de la social democracia, porque ellos exaltan la libertad individual como condición suprema de los pueblos.

Por otra parte, ignorando la tragedia que ha representado el marxismo para la humanidad, al tenor de los acuerdos de la Habana se creará una comisión de la verdad, desconociendo en primer lugar que las Farc han abrazado el credo violente del comunismo totalitario.

Comisiones de la verdad también fueron creadas en países que han tenido golpes militares o conflictos internos como Argentina, el Salvador, Perú, Chile, Guatemala y Sudáfrica, buscando verdad, justicia, reparación y no repetición. Ahí se ha pretendido priorizar a las víctimas, recopilando información respecto a la situación de quiebra institucional y social para la reconciliación de una nación. Sin embargo, por ese carácter estalinista de las Farc se deduce que aprovechara a ese organismo como esguince para exculparse de su absoluta responsabilidad en la génesis del conflicto colombiano de los últimos 53 años y culpar a otros, recalcando que según  documentos de la banda armada, desde  1964 en  Marquetalia declaró la guerra al Estado y a  la sociedad Colombiana para la toma del poder.

La proscripción del anticomunismo que propusieron las Farc en las negociaciones de Cuba busca ir acomodando su proyecto, y al igual que los bolcheviques de Rusia en 1917, pretenden tener un gobierno de transición como el de Alexander Kérenski para materializar sus aviesos planes. No obstante, la sociedad colombiana ya está bastante curtida ante las acechanzas del comunismo totalitario y continuará rechazando toda acción que pretenda conculcar su libertad.

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