Señores uribistas, dejen que el comunismo descanse en paz

"Atribuirle la culpa de la crisis es una cortina de humo para evitar que las masacres, la debacle económica y la violación de los derechos humanos estén en primera plana"

Por: Juan Sebastián Martínez
octubre 09, 2020
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Señores uribistas, dejen que el comunismo descanse en paz

La conservación del poder es una tarea que requiere de muchos métodos que no siempre resultan ser los más probos. En los últimos días la situación social, política y económica de Colombia no ha sido la mejor, lo que ha provocado fuertes estallidos sociales que como resultado han dejado decenas de vidas pérdidas, sobre todo jóvenes. Esto ha producido que el descontento ciudadano con el gobierno crezca y se materialice en un rechazo tanto al presidente como a su partido de gobierno, que es mayoría en el congreso.

Ante esta situación, se ha comenzado a utilizar la vieja táctica que Noam Chomsky llamó la "ingeniería del consenso", una estrategia que consistió en hacer circular todo tipo de propagandas, discursos y mensajes a través de los medios de comunicación para conducir la opinión pública hacia el objetivo deseado por medio de la elección racional sin que se viera la intención política que la motivaba. Esta maniobra fue implementada por primera vez durante el gobierno del presidente Wilson en los tiempos de la Primera Guerra Mundial para lograr la aprobación popular de su intención de entrar en la confrontación. De acuerdo con el pensador cubano Eliades Acosta, esta táctica se sustentó en tres pilares fundamental, a saber:

1. Saturación del mercado publicitario.

2. Utilización de los sentimientos y emociones para conducir a la elección racional.

3. Demonización del enemigo.

Una estrategia similar se utilizó durante los años de la Segunda Guerra Mundial em la Alemania nazi. La necesidad de un apoyo total y unánime a las decisiones xenófobas, racistas y anticomunistas tomadas por el führer, condujo al diseño de un elemento propagandístico que justificara las atrocidades bajo ideales superiores. Hitler le encargó esta tarea a Joseph Goebbels, a quien le es atribuida la idea de que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad. La estrategia alemana de la guerra coincidió mucho con la estadounidense y garantizó que los 12 años de existencia del III Reich hubiese un apoyo casi incondicional, aún en los momentos en que la guerra estaba perdida.

De igual forma, la propaganda fue central durante los tiempos de la Guerra Fría, pues en el combate ideológico que llevó a enfrentar a las superpotencias por la hegemonía mundial, era necesario un elemento que se insertara en las formas de pensar de grandes masas de población. El pacto de no agresión militar directa entre el mundo comunista y el capitalista, liderado por la URSS y EE. UU., respectivamente, creó el escenario perfecto para hacer de la propaganda, el consumo cultural y las ideologías un frente de guerra potencial. La derrota de uno u otro proyecto estuvo determinado esencialmente por la capacidad presentar al enemigo como el responsable de todos los males, aun cuando en el entorno son notorias las problemáticas.

De este modo, Hollywood comenzó a desempeñar un papel importante en la lucha contra el comunismo en los escenarios donde más era fácil someter a partir de la exportación de la cultura norteamericana y su estilo de vida como superior a la de los países del este. Presentar al comunismo como el infierno en la tierra y sus defensores como caníbales, demonios, come niños o roba esposas, fue la tarea central de las agencias norteamericanas de inteligencia en articulación con las grandes productoras de contenido cultural; de la misma manera ocurría del lado opuesto, aunque no con el mismo éxito.

No obstante, la lucha por vencer al enemigo culminó en 1991 con la disolución de la URSS y el fin del comunismo. Ya no había a quien responsabilizar por las grandes catástrofes acontecidas y el gran ganador fue el modelo impulsado por los EE. UU. Pensadores como Fukuyama se atrevieron a enunciar a viva voz el "fin de la historia". Los noventa marcaron el auge de la globalización y la "democratización" de todos los países del Este. El mundo unipolar de la democracia y la libertad se impuso sobre la tiranía y la opresión del comunismo. Sin embargo, la propaganda siempre será necesaria en los lugares donde se quiere conservar el poder y luego vino el peligro del "terrorismo internacional", cuyo hecho inaugural son los atentados del 11 de septiembre del 2001.

Esta estrategia parece ser una de las herramientas más poderosas en la lucha por mantener el dominio político en la actualidad colombiana, pues los miembros más influyentes del partido de gobierno parecen no haberse enterado de que la Unión Soviética se disolvió hace treinta años, o prefieren borrar ese hecho de la historia con fines prácticos. Las recientes publicaciones del expresidente y exsenador, hoy en prisión preventiva, sobre los intentos de la minga indígena de realizar una "toma socialista" del Estado, al mejor estilo de los barbudos de Sierra Maestra en el 59 en Cuba, demuestran el intento por implementar la ingeniería del consenso en la polarizada sociedad colombiana. Aunque a simple vista lo publicado por Álvaro Uribe Vélez parezca una demostración de ignorancia o una retórica sin sustento real, hay un apoyo significado a estos postulados y el temor en la gente del común de una posible toma socialista que empobrezca a Colombia, una tierra de leche y miel, crece. Esto quedó demostrado en las elecciones de 2018.

Además, no es la primera vez que un miembro del partido de gobierno hace declaraciones similares. Baste recordar tres de los casos más representativos:

1). Una senadora que aseguró que la ONU y su misión de verificación del proceso de paz en Colombia estaban influenciados por el comunismo internacional encabezado por la URSS, en pleno siglo XXI.

2). La supuesta infiltración ruso-cubano-venezolana a las protestas de 2019 con el objetivo de desestabilizar el gobierno que denunció la vicepresidenta.

3) Las lecciones de historia de una senadora en las últimas horas que en las que atribuyó el magnicidio del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán a la izquierda internacional, encabezada en su momento por Fidel Castro, joven estudiante de derecho y representante de la FEU que ni siquiera conocía las ideas del marxismo-leninismo.

Esta retórica echa mano de las herramientas que facilita la ingeniería del consenso, se sintoniza con la retórica populista del gobierno de los Estados Unidos, que en ocasiones parece una copia exacta de la era Nixon, y tiene profundas repercusiones en el imaginario del colombiano promedio. Pero no es solo eso, es también el fundamento del tratamiento que se le da a la protesta social y la oposición que reclama del gobierno las garantías constitucionales que está obligado a proporcionar. El tratamiento de guerra que reciben los colectivos que protestan no evidencia más que la retórica de la Guerra Fría que aún está contenida en la fuerza pública y expresa el temor de una élite retardataria a perder sus privilegios. Los intentos por atribuirle la culpa de la crisis al comunismo internacional son una evidente cortina de humo para evitar que las masacres, la debacle económica y la violación sistemática de los derechos humanos se pongan en la primera plana de las tareas por resolver.

En los tiempos que corren y con la saturación de información que viven las personas a diario, es necesario buscar mecanismos que hagan contrapeso para que el viejo fantasma que recorrió Europa en el siglo XIX y que luego se expandió a América, Asia y África durante el XX, descanse en paz de una vez por todas, a ver si así se atienden las necesidades reales y asumen la labor histórica que tienen.

Señores, los únicos símbolos que quedan del comunismo son el cadáver embalsamado de Lenin, Mao y Ho Chi Minh, que descansan en sus mausoleos sin remordimientos. En América Latina, Fidel Castro y Hugo Chávez ya no ejercen el poder, y dudo mucho que en su condición de muertos puedan desestabilizar gobiernos, son más bien fantasmas que solo ustedes reviven con sus intenciones de generar miedo. Hay demonios que están más cerca de lo que se cree y pueden producir escenas dantescas como las que ha vivido Colombia por más de 60 años.

Referencias bibliográficas

Acosta, E. (2009): Imperialismo del siglo XXI: Las guerras culturales. La Habana: Casa de Abril.

Uribe Arcila, Juan Fernando (2008). De cómo los principios de propaganda de Goebbels infiltran la vida cotidiana. Revista Urología Colombiana, XVII(1), .[fecha de Consulta 8 de Octubre de 2020]. ISSN: 0120-789X. 

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