Señor presidente, esta es la Colombia que se quiere desconocer

Las marchas del 26 de septiembre pasarán a la historia del país como las más cívicas que se hayan visto en muchos años. Pero algunos dicen que fracasaron

Por: Octavio Toro Chica
septiembre 28, 2022
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Señor presidente, esta es la Colombia que se quiere desconocer

Qué pobreza mental tan bárbara demuestran algunos seguidores del Pacto Histórico y hasta algunos de los máximos jefes del mencionado movimiento político, al despreciar las multitudes que se hicieron notar en las marchas contra las reformas del presidente Petro en todo el país, llevadas a cabo el pasado 26 de septiembre.

Algunos han escrito que las marchas fracasaron y así se atrevieron a publicarlo, sin ningún tipo de vergüenza. Qué mentes tan obtusas. El presidente, con lo caradura que es y fiel a su arrogancia y prepotencia que le caracterizan y además, haciendo gala de las posturas que siempre asumen los de la izquierda, donde siempre tratan de desconocer los éxitos de los demás, apropiarse todos los éxitos para ellos y buscar en todo y para todos “chivos expiatorios”, se atrevió a decir sobre las marchas que  estábamos en plena libertad de hacerlo, pero que el problema es que se estaba marchando sobre problemas creados por los marchantes.

No seamos idiotas ni ilusos para creernos esos cuentos. Las marchas y esta claridad existió desde el principio, fueron en contra de las reformas que hasta ahora se han venido proponiendo por parte del gobierno, los repetidos desatinos de sus funcionarios en todos los órdenes y las marrullerías consuetudinarias en el Congreso.

Además dijo que el gobierno tenía derecho a informar, cuando se desinforme, sin caer en cuenta o asumir la responsabilidad, como siempre lo hacen, que es desde el mismo gobierno que viene la desinformación. Ellos siempre buscan a quien colgarle los “San Benitos” con los que nos son capaces.

De la misma manera el alcalde de Medellín expresó que a esas marchas sólo irían unos cuantos pelagatos. Pues como se ha podido constatar a través de los medios de comunicación abierta y en transmisiones privadas, los pelagatos se les multiplicaron a la n potencia. Y esos pelagatos tan poquitos que vio este señor, si es que se le puede decir así, corearon a una sola voz, lo que sentimos los antioqueños, no solo los medellinenses en todas las latitudes agobiados por una alcaldía perversa en todos los sentidos: fuera Quintero, o es que tampoco escuchó ni entendió el clamor de estos pelagatos, que puede ser posible, pues usted poco entiende de nada.

Cómo no reconocer que las marchas del 26 de septiembre, quedarán en la historia del país, como las más cívicas que se hayan visto en muchos años, en todas y cada una de las ciudades de Colombia, por muchas razones.

Quienes de verdad amamos a nuestro país, no podemos más que sobrecogernos, frente al significado claro y contundente que se ha logrado en las mismas, sobre nuestro lema nacional en el escudo patrio: libertad y orden y el escuchar, en más de una ocasión las notas marciales de nuestro himno nacional, entonado a viva voz por los colombianos que realmente lo sentimos, lo vivimos y lo respetamos.

Por lo sucedido en las marchas anteriores y creo que me atrevería a decir que en todas, donde convocadas y dirigidas por incendiarios, todos nos prevenimos sobre los desmanes que en ellas ocurrirían y, lastimosamente, se hacían corrientes preguntas tales como, después de las mismas: ¿cuántos heridos y muertos hubo?, ¿destruyeron mucho el metro?, ¿y en Transmilenio qué pasó?, ¿cuántos negocios asaltaron?, ¿vandalizaron la ciudad?, ¿hay detenidos?, ¿mataron policías?, ¿cuántos carros quemaron?, y otras muchas más que obedecían a la calidad de dichas marchas y a los resultados de las mismas y a la zozobra que generaban.

Pero no. Es que si hay diferencias sustanciales, así nos digan a cada rato y en distintos tonos, que todos somos iguales con el manido y hasta cuento cansón, por lo de la superficialidad con que se trata, de la equidad e igualdad. No. Los seres humanos y los respectivos grupos que conformamos, tenemos unos patrones de comportamiento y de conductas diferentes que se ven reflejados en estos y muchos otros hechos. Y qué lástima que sea así; que no todos tengamos la misma cultura y el civismo que debe primar, especialmente, en todos los casos que tienen que ver con bien tratar o mal tratar a nuestra patria.

Parafraseando al exsenador Carlos Felipe Mejía, mientras las marchas se desarrollaban en completa paz y armonía, el presidente de Colombia abrazaba, al narcodictador de Venezuela, porque ambos, lo habrán expresado de alguna manera no le comen cuento al pueblo, pueblo.  Lastimosamente, parece que este abrazo no se dio y ha quedado suspendido en el tiempo, quién sabe hasta cuando, pero que llegará, llegará.

Los bailes en las calles, las arengas, el desplazamiento, las oraciones, las imágenes, los carteles y en general la fiesta, no pueden compararse con nada de lo que nos hayan hecho vivir las marchas anteriores. Independiente de que algunas infiltraciones de los criminales de la primera línea quisieron hacer agrediendo a algunos participantes y dos periodistas específicamente, pero como ya están claramente identificados, tenemos que hablar del rotundo éxito de las multitudinarias marchas, en contra de las medidas atropelladas, en busca de resultados urgentes que necesita este gobierno, por encima de la necesidad, eficiencia y eficacia de lo que quiere imponer. Simplemente, se buscan golpes de opinión. Total desespero gubernamental, porque va corriendo el tiempo de este gobierno y las urgencias de aceptación popular son cada vez más grandes, frente a los desafueros que se han venido dando desde el propio momento de su posesión.

Cómo no entender que como pueblo, queremos a nuestra policía y a nuestro ejercito nacional y así se les quiso demostrar. Vimos como ciudadanos y  miembros de las fuerzas armadas se estrechaban en un fuerte abrazo de reconocimiento mutuo; vimos a miembros del ESMAD ser saludados con respeto por los marchantes. y en alguna de las marchas se escuchó con claridad, a nuestra policía reconocimiento, respeto y abrazos, no piedras. ¡Vaya diferencia!

Solo falta que el ministro de Defensa, haya tomado atenta nota de quiénes y cómo quieren, respetan y necesitan a nuestras fuerzas armadas y a nuestra policía nacional y quienes no, pues por nada del mundo pueden estar en el mismo saco de criminalidad y bandidaje en el que se les quiere enlodar.

Se pudo demostrar a toda Colombia y al mundo  en general, que podemos hacer marchas sin el apoyo de los vándalos de las primeras líneas; que se ha podido marchar y protestar sin la infiltración de criminales; podemos alzar nuestras voces de protesta, sin necesidad de atracar negocios o quemar vehículos; una verdadera marcha cívica, que puso en alto el respeto y el decoro que si sabemos expresar, los que lo sabemos hacer.

Me parece muy atrevido y deleznable ignorar la multitudinaria presencia de colombianos en las calles de las grandes ciudades del país, donde además, los mejores golpes de vista ha sido apreciar los colores de nuestra bandera nacional portada en las manos por la gran mayoría en camisetas, gorras, sombreros, sombrillas, paraguas y hasta en los zapatos de muchos. Vimos en ellas niños, jóvenes, adultos y ancianos, todos mezclados en esas cintas multicolores que llenaron las principales calles de Colombia.

Señores del pacto histórico, esta es la Colombia que ustedes quieren desconocer y por ese desconocimiento es que marchamos.

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