Opinión

Sembré esperanzas a son de gaita

El trabajo discográfico de la agrupación Nando Coba y su golpe seco, es una mezcla de legendarios tiempos de gaita mezclados con una apacible sensación de regocijo

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mayo 05, 2021
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Sembré esperanzas a son de gaita
Al escuchar el tema que da título al álbum, se siente el arrullo cariñoso de viejas abuelas bullerengueras que llegaban en diciembre a Calle Nueva en Ovejas

Lo primero que se siente al escuchar Sembré esperanzas, trabajo discográfico de la agrupación Nando Coba y su golpe seco, es una mezcla de legendarios tiempos de gaita mezclados con una apacible sensación de regocijo espeso.

Lograr esa factura de sonidos; alcanzar ese matiz cálido, ancestral, es posible cuando sus creadores llevan profundas tallas en su vida cultural, marcadas en sus cuerpos por experiencias inevitables.

Tanto Nando Coba con el sonido ronco de su gaita hembra, melodías y composiciones vibrantes; como Juan de Dios Narváez con su voz y canto fino, cargan la expresión de la tierra; el polvo amarillo que se adhiere a las pencas de las abarcas, el barro pisado de territorios gaiteros que se vierten hoy en 14 temas que hacen de Sembré esperanzas una obra infinita en sus posibilidades líricas, rítmicas y estéticas.

El liderazgo del compositor Nando Coba en la música de gaitas ha sido de una coherencia de más de 40 años. Hay un antes en la formación de sus sentidos que tuvo lugar en su natal San Juan de Nepomuceno. Allí aprendió a observar, a sentir, a percibir la vida en la roza, tal como la vivieron los gaiteros legendarios en la región de Montes de María.

Luego vinieron los años 80, cuando los llamados viejos maestros, como José Lara, Juacho Sierra y Catalino Parra llegaron a centros universitarios de Cartagena para enseñar aquello que habían aprendido en ruedas de cumbia, en noches de velaciones a los santos, en los tiempos en que la gaita era solo gusto y goce. En los tiempos en que no había concursos ni competencias ni lista de los mejores. Había, eso sí, intérpretes diversos, únicos, seres que no tenían igual en la manera de tocar sus sones.

Para esos mismos años 80, se gestó la organización de festivales de músicas, que en el caso de las gaitas, primero fue el Festival Francisco Llirene de Ovejas, Sucre, en 1985. Luego, el Autóctono de Gaitas de San Jacinto en 1988. Los festivales se convirtieron con rapidez en el espacio en que intérpretes anónimos de los más lejanos territorios subieron por primera vez al espacio de la tarima. Sucedió lo que he llamado proceso de tarimización de la cultura gaitera, porque lo que sucedía allí fue asumido como tradición de la gaita. Se dejó a un lado experiencias vitales, sentimientos, maneras, expresiones que solo se apreciaban en espacios sin jurados ni público ni medios de comunicación con sus miradas superficiales y reduccionistas.

Esos procesos de tarimización soslayaron rítmicas y cadencias que no encajaban en las nuevas formas creadas para juzgar a una expresión tan diversa como las músicas de gaitas. Esas rítmicas están en Sembré esperanzas.  Ese es el gran valor que se advierte al escuchar este trabajo de la agrupación Nando Coba y su golpe seco.

Juan de Dios Narváez nació en Ovejas. Su padre, Juan de Dios Narváez Rivera, fue gaitero y cantante. Su abuela, Eloisa Cárdenas, cantadora de bullerengue. Es el legado familiar que él recoge y pregona.

Juan de Dios Narváez es un intérprete que articula todo su torso para dejar correr por su garganta una voz aluvial. Recoge hombros, pecho y cuello, los eleva hacia su garganta, en movimientos serenos que retoma en cada estrofa. Es toda su humanidad la que atraviesa sus membranas sonaras.

Al escuchar el tema Sembré esperanzas, que da título al álbum, se siente el arrullo cariñoso de viejas abuelas bullerengueras, como aquellas que llegaban cada diciembre a Calle Nueva en Ovejas. Es un porro lleno de vibrantes diálogos entre gaitas y tambores en la que los coros acoplados muestran su mejor empeño.

Sembré esperanzas es un trabajo profundo, abarcante en homenajes, reconocimientos y reivindicaciones. La gaita corrida titulada El son de los Macayepos es de un goce cadencioso que exalta la tradición de malibúes, chimilas, farotos y macayepos. Es la gaita indígena bien matizada. La puya Tropicón es delirante. Gaita hembra, tambor, llamador, gaita macho y tambora, se alían en un éxtasis de principio a fin. Nando Coba asegura que allí está el sonido auténtico de la puya. Tropicón era la forma como el maestro José Lara se refería al acople grupal, una expresión que usaban los gaiteros de la zona afro de Maríalabaja, San Onofre, Pita y Tolú. En Tropicón vibran los pitos afros de Sixto Salgado Paito y Jesús María Sallas, homenaje a los gaiteros de la zona afro de los Montes de María.

Hay dos temas que requerirán un análisis amplio, tanto lírico como instrumental. Volvieron las garzas blancas, autoría de Nando Coba y, Marimoña, tema de la tradición que Juan de Dios Narváez guardó y ahora lo presenta orgulloso en este álbum.

Volvieron las garzas blancas es un porro que carga en su letra todas las esperanzas de un mejor ambiente para todos. La flora y la fauna que Nando Coba anuncia en este tema es la de un compositor que narra a la manera de los viejos juglares, de los cronistas que describen con sus escenas el relato preciso: Volvieron las garzas blancas y entró el verano,/ se empoza el agua entre el barro y la tierra prieta,/ hay cardúmenes de arenca y bagre pintao,/ la hicotea está desovando en la zarza seca,/ salieron moncholos, mojarras loras, las sardinitas,/ y el pisingo las divisa/ sobre el mangle y la altamisa//. Un tema que anuncia un futuro generoso para el planeta. Volvieron las garzas blancas es una pieza magistral hecha de recuerdos, de la memoria del año rural que Nando Coba pasó en cercanías de la ciénaga de Arache, en Chimá, Córdoba.

Marimoña es de esas rarezas que cargan historia y música singular. Es un tema que rescata Juan de Dios Narváez para enseñarnos el ritmo pelufero. La agrupación se llamaba Los hermanos Peluffo, pero el único Peluffo era Reyes Peluffo, los demás eran Angulo.

La esencia del llamado ritmo pelufero es la de un porro matizado, que puede variar su cadencia para hacerse guaracha, puya o pasebol. Los hermanos Peluffo acomodaban vallenatos, rock and roll, baladas a su singular forma de interpretar un tema. Ritmo pelufero era una especie de popurrí dirigido al goce del bailador entusiasta y frenético.

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El sonido que se logró en ´Sembré esperanzas´ es producto también de la interpretación de músicos curtidos que valoran la tradición como una búsqueda constante

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El sonido que se logró en Sembré esperanzas es producto también de la interpretación de músicos curtidos que valoran la tradición como una búsqueda constante. Kevin Acevedo en el tambor alegre; Mauricio Alcalá en la tambora; Gerardo Jiménez en el tambor llamador y Juan David Arroyo, gaita macho. Se suma uno coro limpio, justo, integrado por Katy Guzmán, Gerardo Jiménez, Romy Molina, William Castro y Nando Aragón.

Grabar Sembré esperanzas en tiempos de pandemia fue también un reto para los productores, ingenieros y técnicos. Sembré esperanzas tuvo a los mejores, Iván Benavides en la producción y dirección general. Un creador de amplia experiencia que se encargó de cada detalle, concepto y valoración sonora que revestía una grabación en bloque, que captara el goce y la alegría de la interpretación, que minimizara los azares del regocijo.

El ingeniero de sonido Álvaro Gallardo, de amplia trayectoria en la captura de músicas tradicionales, hizo lo propio para tener un trabajo robusto en sus acentos.

Sembré esperanzas es una obra plural, cada aporte está bien amalgamando o entreverado. Es la grandeza de un trabajo en equipo, la riqueza de una música cuyo repertorio, sonido y alcance espiritual se renueva desde el pasado para construir esta herencia diversa, múltiple, necesaria.

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