El segundo video de Amaranta Hank, la actriz porno colombiana

"El primer video de Amaranta en cambio me resultó aburridísimo. El cliché de la monja y la masturbación fue roto hace demasiados años"

Por: Daniel Bedoya
marzo 03, 2017
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El segundo video de Amaranta Hank, la actriz porno colombiana
Foto: Archivo terra.com

El porno colombiano siempre ha tenido una inevitable inclinación al patetismo. Puede que gran parte de su aura patética se deba a los bajos recursos de producción y al hecho de que sus actores siempre son personajes marginados que buscan algo de dinero. El aura de marginación en el porno puede percibirse con facilidad en las primeras producciones paisas de 17/26 (Que pueden ser al día de hoy la productora porno independiente más importante del país, si no la única; sus inicios fueron muy amateur pero hay que admitir que se han vuelto profesionales con el tiempo).

Supongo que el patetismo del porno se debe al poco erotismo que como sociedad conservadora somos capaces de transmitir. O en definitiva, al poco interés por trasmitirlo. Incluso en intelectuales, que en lo general rompimos con el cristianismo, omitimos por absoluto desinterés (y miedo a las enfermedades de transmisión sexual) el proceso de la liberación sexual.

El rolo como gentilicio —no sólo para los habitantes de Bogotá, si no para la mayoría de habitantes del centro del país— tiene como implícito el concepto de anti-erotismo. El chiste de la barriga pálida, las chanclas con medias en la playa e incluso las mismas medias como única prenda del hombre en el sexo son referencias a la ausencia del sentido estético de la desnudez. Ese fue el segundo aspecto que más me causó curiosidad en el segundo video de Amaranta Hank; el chico invitado tuvo todo el tiempo las medias puestas. Podría bien ser un detalle insignificante, pero al poseer una carga significativa tan grande en el humor colombiano me resulta muy probable que sea intencional.

La elección del actor fue lo que me resultó más interesante en este segundo video. En primer lugar, porque lo eligió ella misma, y en segundo lugar, porque la fisionomía del elegido no se parece para nada al arquetipo de actor porno. Sus rasgos boyacenses, su rostro más bien anodino, su físico enclenque, su pene pequeño que no habría tenido lugar en ninguna productora pornográfica; todos esos elementos me resultaron interesantísimos. Aquí hay una puesta estética, pensé, una intensión; se jugó un poco la belleza de la imagen para obtener puntos en la naturalidad.

Alguien juzgará esta sentencia arriesgada; pues en el porno no importa la belleza del hombre. En cierto sentido, esta sensación bien podría ser engañosa. En el porno el hombre requiere trasmitir rasgos de semental y de embestidor, y de esos rasgos depende la fantasía masculina de ser representado por el actor, pues todo consumidor de porno, en su mente, supone estar dentro de la escena. La magia del porno requiere de las neuronas espejo y su capacidad para sentir avatares donde sólo hay teatro. Por ello aunque la gran mayoría de hombres tengan un pene por debajo del promedio del pene en el porno estoy seguro de que se sentirán en la libertad de ridiculizar. Para los consumidores de porno la representación pornográfica de sí mismos no es realista, si no ficcional. Por ello el pene grande del actor indirectamente hace parte de las fantasías. (Con el plus de que cuando el consumidor de porno es una mujer heterosexual, su interés recae en el actor y no en la actriz. El semental masculino entonces cumple una doble función; representar y complacer a un trozo de la audiencia).

Bien por el chico. Creo que en ese sentido fue valiente.

El primer video de Amaranta en cambio me resultó aburridísimo. El cliché de la monja y la masturbación fue roto hace demasiados años, y supongo que ella lo sabe; así que es probable que ni siquiera tuviera una intención trasgresora real, pues en ese caso habría sido algo absolutamente infantil. Habrá funcionado a lo mejor como un bautizo de iniciación—eso sólo lo sabrá ella misma—pero como obra erótica, pese al entusiasmo que despertó entre mis congéneres, yo le daría una calificación media, tirando a baja.

Sasha Grey ya funcionó en la pornografía como la pequeña intelectual de provincia que quiso liberar su cuerpo en la pornografía. Su aporte fue la desmitificación de la actriz porno como víctima de la sociedad. Para Grey la pornografía fue una elección, una decisión personal que duró hasta que ella misma lo decidió. La idea aún es tema de confrontación en el feminismo, pues que una mujer tome por decisión propia lo que se considera una forma de esclavitud es para ellas irracional e incomprensible. En ese aspecto, me gusta de Amaranta su control de la situación, su capacidad de elegir dónde, cuándo y por qué. Las alas conservadoras del feminismo la criticarán, pero a mí me parece importante dentro del contexto de la liberación femenina que sea la mujer quien tome las decisiones, quien se apodere del placer que quiere vender. En cierto sentido, eso hace a la pornografía inmune a la censura del feminismo, pese a que estadísticamente (pues no todas las mujeres en el porno tienen esa libertad) estas tengan bastante razón.

Tengo la sensación de que Amaranta fue consciente de los clichés patéticos del porno colombiano y los utilizó en su video. Mi suposición es una esperanza optimista.

Eso es algo que sólo el tiempo resolverá.

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