Se esfuma el sueño americano

Mientras unos viven presos de la pobreza, otros no encuentran qué hacer con los millones que acumulan. La desigualdad se arraiga cada vez más y su brecha se amplía

Por: libardo gomez sanchez
febrero 17, 2021
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Se esfuma el sueño americano
Foto: Flickr Robert Gourley - CC BY 2.0

“Nadie está preparado para la pobreza”. Con esta frase, en un tono que hace palpable su tristeza, Roxana describe la condición material y espiritual por la que atraviesa. La encontramos caminando por el hermoso Piedmont Park, en el centro de Atlanta, cerca del fabuloso acuario de la ciudad, bajo un luminoso sol de invierno. La blancura de su rostro y el azul profundo de sus enormes ojos sombreados por las arrugas del tiempo permiten percibir su origen ario, es una gringa sin lugar a duda. Pausada, sin los afanes propios de la vida americana, va relatando su existencia, en pequeñas porciones, como si el tiempo pudiera fraccionarse en trozos dulces y amargos. Su obesidad mórbida disimula las noches tumbada en un andén o una banca de parque y esconde las prolongadas jornadas sin probar bocado, sano o chatarra, cualquiera.

Mientras saborea un pedazo de pizza que le regalaron en uno de los miles de bancos de alimentos que operan a lo largo del país y que atienden a millones sin trabajo, añora el pasado. Del carrito de supermercado que aprovecha como un baúl móvil, en el que transporta sus exiguas pertenencias, sale un cuadernito; entre sus ajadas hojas conserva algunas láminas que le recuerdan un ayer ya lejano. Hace memoria de su ingreso a la universidad, el mismo año en que se fundaba Apple Computer Company, y el Viking 1 aterrizó en Marte. Con orgullo nos muestra fotos que registran las jornadas en que protestó contra la guerra de Vietnam y las pruebas subterráneas de bombas atómicas, era una niña, un ángel. Su memoria es un mar de confusiones, no logra precisar cuándo llegó a la calle, si primero fue la droga o antes los trabajos mal pagos que la llevaron a la desesperanza. Su salud es precaria y no la cubre el Medicare. Si no hay para el arriendo, menos alcanza para medicamentos y doctores.

En los downtown de las grandes capitales de los Estados ahora es inevitable encontrar Roxanas y Johnes, blancos y afroamericanos, deambulando por los callejones o las avenidas, ubicados bajo la protección de un puente e incluso en las áreas verdes, presos de la pobreza. Cada situación es particular, el origen al final de cuentas es el mismo. En contraste, de acuerdo con información de la revista Forbes, apellidos como Bezos, Musk, Zuckerberg, Gates y Buffet acumulan una fortuna equiparable a la de centenares de miles de norteamericanos, riqueza que creció vertiginosamente con ocasión de la pandemia de coronavirus. Así funciona el modelo de sociedad que otrora nos liberó de la hoguera de la inquisición y proyectó la luz de la ciencia para dar por terminado el oscurantismo medieval; una vez cumplido su papel, se tornó en un monstruo que arrasa con la naturaleza y destruye la vida sin misericordia de millones a los que retrotrae a asquerosos chiqueros, factorías en las que trabajan en prolongadas jornadas, con salarios miserables, ajenos a cualquier protección en salud, en oficios que expone su integridad y sin ningún tipo de prestación, incluida la negación de una pensión en el otoño de la vida.

Los setenta millones de votos por Trump no los explica fundamentalmente el racismo y el supremacismo blanco. Su vacua vocinglería contra los banqueros y el establecimiento de la clase política, los Bush, los Clinton, que ha gobernado para el beneficio, por una parte, de las grandes multinacionales, que arrinconaron a los pequeños negocios y a las granjas familiares y de otra, al sector financiero que ha expropiado los bienes y las viviendas de millones, es un discurso que cala en la mente de quienes fueron clase media y hoy se ven reducidos a un peldaño más bajo en la sociedad.

Mientras persista esta profunda desigualdad, tanto en EE. UU. como en cualquier rincón del planeta, los encantadores de serpientes tendrán espacio para engañar a todo aquel que se sienta afectado y las cosas empeorarán; por supuesto, también tendrán su oportunidad los que de manera responsable reflexionen sobre los cambios que se requieren, asestar un golpe a las vetustas estructuras sociales, para volver a encarrilar el vagón de la historia. Es un pulso que libran las fuerzas del progreso con quienes persisten en mantener la fase dañina del capitalismo de monopolio.

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