Se debate Cali Distrito, mientras se desborda el Cauca
Opinión

Se debate Cali Distrito, mientras se desborda el Cauca

Se buscan pequeñas soluciones administrativas para la ciudad del siglo pasado, mientras un fenómeno más grande implica hechos metropolitanos en el siglo XXI

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noviembre 11, 2022
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Por estos días se inicia el trámite en el Concejo de Santiago de Cali de un proyecto para avanzar en el proceso de Distritalización; en el marco de la ley 617 de 2013 y en desarrollo de la ley 1933 de 2018 se busca construir localidades para mejorar la gobernabilidad en los territorios, haciendo de la división por comunas, una nueva estructura administrativa, promoviendo la idea  de que la solución a los evidentes problemas de planeación, recursos y gestión en los territorios, se resolvería con alcaldías menores y ediles locales; ya habrá tiempo de ponderar cuál es la realidad y el riesgo fiscal de este tipo de propuestas y el alcance en términos de mejorar la problemática situación de planeación estratégica y participación ciudadana en el territorio rural y urbano de Santiago de Cali. En esta reflexión se plantea solo evaluar un aspecto de coyuntura, en relación con los hechos metropolitanos que se van configurando en el entorno del Sur del Valle, donde Cali como proceso urbano es una centralidad clave.

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El caso es el siguiente: mientras se plantea un debate alrededor de la iniciativa Cali Distrito, es noticia por estos días que el lado derecho del río Cauca se ha desbordado, afectando barrios muy concentrados de población que proviniendo y trabajando en Cali,  habitan en Candelaria o en Palmira, sin contar con el hecho de que también zonas urbanas y rurales de Jamundí que se han constituido en  zonas de habitación anexas a Cali, también viven situaciones de riesgo por inundación de las bermas del río Cauca. Es decir, mientras se buscan soluciones en lo pequeño del municipio de Santiago de Cali, proponiendo esquemas administrativos reducidos para la ciudad del siglo pasado, se expresa un fenómeno más grande que implica hechos metropolitanos incuestionables en el siglo XXI.

Para explicar el caso es bueno recordar que el Jarillón del río Cauca fue construido por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca – CVC en la segunda mitad de la década de 1950, con una extensión de 17 kilómetros. El objetivo de su construcción era habilitar áreas para la agricultura debido a que las zonas aledañas del río sufrían continuas inundaciones por el desbordamiento de la vertiente.

Es necesario recordar que antes de la construcción del dique ya había asentamientos humanos en este territorio; Navarro era un sitio de intercambio comercial a finales del siglo XIX e inicios del XX.  Durante toda la segunda mitad y especialmente a finales del siglo pasado se dio un proceso popular de poblamiento ligado a la migración por desastres naturales y desplazamiento forzado vinculado al conflicto armado, destacándose eventos como el maremoto del 79 en la Costa Pacífica, la avalancha de Armero, el temblor de Popayán y toda la saga de violencias y despojos que generaron presión migratoria sobre Cali, para poblar toda la banda Oriente paralela al río, en la margen izquierda del Jarillón de 17 kilómetros.

A partir de 1999 la Administración Municipal de Santiago de Cali inició estudios de la situación de vulneración del Jarillón y sus riesgos estratégicos, en convenio con centros de investigación regionales y a inicios de este siglo estos se fortalecieron a través de una Comisión Holandesa para conocer el estado del dique y las consecuencias de un posible desbordamiento del río Cauca. La conclusión inicial: un gran asentamiento de casi diez mil hogares caleños estaba viviendo en una zona de alto riesgo de inundación; esto implicaba una intervención integral dique que incluyera un proceso de recuperación ambiental, social y paisajístico.

Acogidas las recomendaciones de la Comisión Holandesa, desde el año 2012 se celebraron una serie de convenios con las entidades locales (Municipio de Cali – CVC – EMCALI) y en el año 2015 se definieron las líneas de acción e intervención sólo en la margen izquierda del río Cauca, del Canal Interceptor CVC SUR y del Río Cali a través un nuevo convenio en el que se comprometieron inversiones de aproximadamente $823.000 millones y se estableció un plazo de cinco (5) años. Mientras tanto en la margen derecha se fue dando un proceso de poblamiento urbano que transformaba el paisaje agroindustrial y reconfiguraba las relaciones de borde urbano entre los municipios conurbanos de Cali, Yumbo, Palmira, Candelaria, Jamundí.

Hoy después de diez años de millonarias inversiones, las tareas de reconstrucción del dique avanzan de manera fragmentaria, el Jarillón del lado del municipio de Cali se ha fortalecido a nivel físico; sin embargo, la ciudad formal sigue de espaldas a las posibles relaciones de sostenibilidad con el río Cauca y la indigencia y el malestar social crece en el Oriente caleño por efecto de la falta de alternativas de vivienda. Mientras tanto en la margen derecha, los municipios conurbanos están inundados; especialmente en zonas donde se han asentado pobladores vinculados con la vida de Santiago de Cali, se manifiesta un peligroso riesgo vital y no hay suficiente capacidad de respuesta institucional, ni de los municipios, ni del departamento del Valle.

En síntesis, se planifican macroproyectos de inversión millonaria, pero no hay planeación subregional y sí que menos de orden metropolitano. El río Cauca, su relación ecológica y de hábitat con Cali y el Sur del Valle es estratégica, sin embargo, la mayor inversión se ha reducido a levantar un dique y a trasladar familias a nuevas viviendas, sin mucho éxito y con poca cobertura. Hoy se requiere un cambio de la institucionalidad y de las ciudadanías que están de espaldas al río y a la existencia de un área metropolitana de facto. Por esa razón es fundamental dejar de pensar las ciudades como pequeñas porciones, se requiere dejar de fragmentar lo que se ha unido en la práctica; más que divisiones burocráticas, como es el caso del proyecto actual de distritalizar a Cali que cursa en el Concejo Municipal, necesitamos nuevos acuerdos para planear la vida de las ciudades que permitan afrontar el urbanismo disperso y caótico que hemos alimentado; por esa razón se requiere trabajar más en el ordenamiento territorial urbano regional, para que no terminemos todos en las ciudades, con el agua al cuello.

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