Se burla de Andrés López y de Vicky Dávila: es el divo de Señal Colombia

Santiago Rivas detesta la farándula y se queda mejor con lo puro criollo como el Renault 4, el masato, el chorizo, la chiva y el aguardiente

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febrero 26, 2016
Se burla de Andrés López y de Vicky Dávila: es el divo de Señal Colombia

Hace 8 años Santiago Rivas creía que se iba a ganar la vida haciendo fiestas, creando crucigramas para El Tiempo y el Heraldo, y montando cada ocho días entradas en Pequeño tirano el videoblog, creado por su amigo Santiago Rocha  en el que se despachaban contra el gobierno de Uribe, contra el proselitismo que le hacía Andrés López en  su Pelota de letras a la cienciología, a Vicky Dávila por haber convertido su Cosa política en una sola arenga uribista y a los dos canales privados por ser inmensas vallas publicitarias que se vendían al mejor postor.

En febrero del 2008, cinco años antes de convertirse en el Divo de la televisión pública, sus contertulios del café Saint Moritz en el centro de Bogotá sabían que era hincha de Santa Fe, que había estudiado artes plásticas en la Universidad Nacional, que, aunque su familia era de Teusaquillo, había pasado parte de su niñez en Suba, que si llegaría algún día a ser presidente su primera medida sería abolir la figura del estado, que le gustaba comer tamales los domingos en La puerta falsa, que despreciaba a Andrés López por la demanda que le había metido “No es serio que un comediante no pueda reírse de sí mismo”, que estaba leyendo por segunda vez El maestro y la margarita la novela de Mijail Bulgakov y que necesitaba una entrada estable para poder pagar el aparta estudio que arrendaba en La Soledad.

Dos amigas suyas, que nunca se perdían ningún capítulo de Pequeño tirano, lo fueron a visitar a su apartamento a contarle que Néstor Oliveros, entonces un incipiente productor, se había ganado una licitación para hacer un programa en Señal Colombia y que estaban haciendo casting para escoger el presentador. Santiago, sabiendo de la dictadura que habían impuesto los bonitos en la televisión, creía que no tenía posibilidades de obtener el puesto.

La cita era en el barrio 20 de julio. La idea era hacer un programa que reflejara la colombianidad. Santiago se relajó, se le olvidó que no tenía el físico de Agmeth Escaf y recordó las largas charlas en el Saint Moritz y volvió a ser él ante una cámara. Había nacido, sin que lo supieran, Los puros criollos, el programa más popular de la televisión pública colombiana

El jurado, al ver la imagen de Santiago en el televisor, dictaminó que no era el indicado. Néstor Oliveros sabía que él era su hombre y por eso puso como condición la contratación de Rivas. Aceptaron. El proyecto se empantanó, por la burocracia estatal, cuatro años, tiempo en el que Santiago siguió dando clases y viviendo de las fiestas retro que organizaba.

La primera temporada de Los puros criollos se estrenó en el 2012. Aunque críticos como Ómar Rincón hablaron de la calidad del programa, estuvo lejos de ser un éxito. El problema, según Santiago, es que a él aún le costaba soltarse ante las cámaras. Un año después ocurriría la explosión. Néstor Oliveros y Rivas lograron formar un tándem en donde el primero escribía el 90 por ciento del guión, y el presentador improvisaba el porcentaje restante. Temas como el álbum de monas de Chocolatinas Jet, el aguardiente o el Renault 4 hicieron que el programa llegara a robarles puntos de rating a las multimillonarias producciones que a esa hora se emitían en RCN o Caracol. Santiago Rivas, a punta de inteligencia y creatividad, había conseguido el milagro.

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Tres premios India Catalina consecutivos lo terminaron de consagrar.

Su vida, después del éxito, no ha cambiado demasiado. Sigue viviendo en el barrio bohemio de La Soledad, escucha punk como cuando tenía 15 años, y este anarquista aún sueña con la abolición del Estado.  Los domingos se pierde en el cine no sin antes desayunar su tamalito en La puerta falsa. Hay viernes en los que se escapa al chorro de Quevedo y se encuentra con algún compañero con el que comparte una botella de chicha. Sigue desparpajado y está lejos de hacer dieta. Él es el gourmet de la lechona y del pastel de garbanzo, de la pepitoria y el cabrito asado, de la morcilla y el chorizo de Sutamarchán.

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